He de reconocer que la cantidad de gadgets que vi relacionados con el Internet of Things me resultó bastante ridículo y me llegó a cansar. Tras los focos y las grandes firmas, encontramos lo más interesante: una nueva gama de dispositivos conectados basados en una tecnología de bajo consumo fascinantes. Autonomías medidas en décadas, no en días.

Atmel ha presentado prototipos de sus nuevos microcontroladores de arquitectura ARM con un consumo increíblemente bajo. La nueva familia SAM L21 32-bit ARM (MCU) de Atmel consume menos de 35 microamperios por mergahertzios de velocidad mientras está trabajando, y menos de 200 nanoamperios (sí, nano) cuando entra en el modo deep-sleep.

El chip tiene un consumo tan bajo que podría ser cargado con la energía transmitida por nuestro cuerpo. Así lo aseguró Andreas Eieland en el CES:

La mayoría de los MCU de bajo consumo disponibles operan en torno a los 120-160 microamperios por Mhz de velocidad en su procesador según las palabras de Eieland para Arstechnica. El nuevo microcontrolador opera con un consumo mucho más bajo que la competición.

Para asegurar una autonomía excelente y un correcto desempeño se usan varios modos de actividad. En los modos de reposo tradicionales se deja el procesador a una frecuencia mínima, pero operativa, para tener la capacidad de sincronizarse con el resto de elementos cuando sea necesario. Lo que han hecho con el L21 es desarrollar 5 modos de actividad y consumo, no reducen sólo la velocidad, pueden disminuir el consumo de los módulos. Es decir, los periféricos podrán comunicarse los unos con los otros mientras la CPU está "dormida".

El MCU L21 usa una arquitectura ARM de CPU M0+ a 42 Mghz, siendo el más pequeños de los ARM de 32 bit. Incluye 256 KB de memoria Flash, 32 KB de memoria RAM estática y 8KB de memoria estática de bajo consumo que está alimentada incluso en el modo más bajo de consumo. Incluye hasta una pequeña batería de reemplazo temporal para cuando se agota la batería principal.

El procesador no podrá ejecutar una distribución de Linux de escritorio o un Android, está claro. Pero tiene la capacidad suficiente de ejecutar tareas en tiempo real y ejecutar varios procesos, así como leer y escribir en interfaces físicas o unidades de almacenamiento externo.

Imaginad un sensor en las puertas de una finca, sin tener que realizar ningún tipo de instalación y con una autonomía de años. Puede detectar mediante una interrupción el acceso y enviar una señal por internet a cualquier parte del mundo. Puede usarse en estaciones meteorológicas, en weareables, en electrodomésticos, como sensores conectados en la industria... un consumo tan bajo abre un abanico de posibilidades enorme a los desarrolladores.

La clave del Internet de las Cosas es llevar a cabo lo que antes quedaba en el ámbito de la imaginación. Resolver problemas con dispositivos que no nos causen otros.