Ready at Dawn nos regala uno de los videojuegos más ambiciosos que se recuerdan. Además de ser un referente en lo técnico, The Order desarrolla un universo rico en detalles, en el que viajaremos a la Londres victoriana para combatir contra los hombres lobo en plena Revolución Industrial.En Ready at Dawn han sabido adoptar el papel de actor secundario sin rechistar. Suyos son Daxter (PSP, 2006) o algunos God of War para portátil (PSP, 2008 y 2010), y solo han abandonado el cobijo de Sony para completar una meritoria adaptación de Okami (Wii, 2008). La estrecha relación que mantienen con equipos como SCE Santa Monica Studio o Naughty Dog no solo se evidencia por la confianza ciega que ha habido a la hora de ceder licencias, sino por haber compartido todas esas herramientas de desarrollo pensadas para seguir en la vanguardia tecnológica.

Con The Order: 1886 se marca un punto de inflexión. Supone, literalmente, la emancipación del estudio; un reto complicado si repasamos de nuevo el currículum de los californianos, pero un paso necesario que en algún momento debía darse. De esta manera, nace una obra que sobre todo destaca por su ambición. Establece una fecha clave (auge de la Revolución Industrial), y elige como escenario la ciudad de Londres, un lugar ideal para dar rienda suelta a cuentos y leyendas populares, entre las que se encuentra la aparición de los licántropos, uno de los protagonistas de la aventura.

No tardaremos en descubrir “La Orden”, el equipo de caballeros encargado de mantener la seguridad del ciudadano. La inspiración en la leyenda de los Caballeros de la Mesa Redonda es más que evidente, tanto que recoge nombres como Perceval o Sir Galahad, que es como precisamente se ha bautizado al personaje principal. La historia que nos presentan no es nada compleja. Apuesta más bien por una narrativa cinematográfica con un montaje manido, en la que los eventos confusos del primer acto se van desarrollando hasta el clímax final. De hecho, el peso argumental recae principalmente sobre los secundarios y sus férreas convicciones, y aunque sea fácil intuir qué va a ocurrir a medida que avancemos, caeremos rendidos ante la impecable puesta en escena.
Pero The Order no solo vive del rico universo que se ha creado para la ocasión, cogiendo de aquí y de allá hasta conseguir una identidad propia. Ready at Dawn ha sabido crear una aventura de acción realmente sólida, en la que no desentonan sus mecánicas, algo limitadas pero muy bien trabajadas. Obviamente, es un juego que entra por los ojos. Me atrevo a decir con firmeza que gráficamente es un nuevo referente. Se trata de un hito tecnológico por muchos motivos, desde los sutiles desenfoques hasta el detalle enfermizo de algunas escenas. Por ejemplo, una de las opciones más recurrentes del juego es la de examinar un objeto manualmente para leer información importante o simplemente para recrearnos admirándolo. Pues bien, si nos fijamos, la propia piel del guante de Galahad tiene pequeños defectos. No se ha repetido la textura hasta el infinito, sino que se ha puesto atención al detalle más nimio. Lo mismo pasa con el mobiliario, con una taza de café humeante o con la llama de un candil reflejada en el rostro del personaje. Es un nivel de cuidado que pocas veces se ha visto en un videojuego, y que justifica una generación de consolas cuestionada por algunos.

The Order tiene un nivel de cuidado pocas veces visto en un videojuegoAunque no debemos conformarnos con su increíble puesta en escena. En The Order tenemos, además, un juego de acción en tercera persona muy correcto. Para que os hagáis una idea, se acerca más a The Last of Us que a Gears of War, debido sobre todo a la imprecisión del apuntado, como también a la torpeza intencionada de un personaje que no se siente especialmente ágil. Las coberturas funcionan como deben, el apuntado no se sale de los patrones establecidos y la detección de impactos es realmente contundente –con resultados viscerales-. Por otra parte, no se arriesga demasiado con las mecánicas de juego. Más allá de los tiroteos, contamos con los siempre recurrentes Quick Time Events, además de dos artilugios, uno para abrir cerraduras y otro para fundir plomos.

También hace acto de presencia el sigilo, con una fase dedicada íntegramente a las ejecuciones silenciosas, que se adaptan perfectamente al entorno y a nuestra posición. El único “pero” es la falta de exploración y puzles, lo que seguramente se convierta en el argumento ideal para los detractores. Al contar con un desarrollo encorsetado por decisión propia no hay cabida para muchas salidas de guión, y más que un hándicap, se trata de una limitación autoimpuesta que no gustará a todos.

La polémica sobre su duración se disipa enseguidaLa polémica sobre su duración se disipa enseguida. Vale que no es un juego especialmente largo (de hecho, hay capítulos donde apenas interactuamos), pero, si medimos con cronómetro, se consiguen tiempos similares al de otras aventuras para un solo jugador. Ready at Dawn ha jugado la carta de integrar las cinemáticas como un apartado más, y prueba de ello es la imposibilidad de saltarlas. Como decimos, algunos capítulos se suceden con un simple QTE y una conversación larga, mientras que en otros somos los principales encargados de acabar con hordas de enemigos. Para hacer esto último, se ha recurrido a personajes históricos como Nikola Tesla, al cual visitaremos en su propio laboratorio para que nos proporcione armas de lo más extravagante. Algunas de ellas cuentan incluso con funciones secundarias, y destaca, por encima del resto, el rifle de termita, que expulsa una sustancia inflamable que debemos detonar con un segundo disparo.

No faltan guiños de todo tipo. Algunos nos trasladan a nuestra época como claro homenaje a los colegas del sector (un muñeco de Sackboy de Little Big Planet), mientras que otros tienen historia, como un cuadro de Lady Godiva (que da origen a la expresión Peeping Tom, al que imitamos) o un cartel donde se evidencia la rivalidad casi infantil entre Thomas Edison y Nikola Tesla. El trabajo técnico es tan abrumador que, aun en los capítulos finales, todavía nos hemos parado para girar la cámara buscando un plano que compartir con nuestros amigos. El pelo de los licántropos y sus transformaciones son increíbles, y un efecto como el fuego y la manera que tiene de extenderse nos va a dejar con la boca abierta. Agradecemos también la falta de escrúpulos. Es muy normal ver cómo la sangre de un enemigo salpica a la pared, así como brutales amputaciones tras un disparo a bocajarro. The Order es un juego crudo, lleno de detalles y muy pendiente de asombrar al jugador.

Otro gran apartado es el sonoro. Álex de la Iglesia ha sido el encargado de dirigir a un equipo de dobladores que completan un trabajo excelente. Las interpretaciones son sobresalientes, y la mezcla de sonido, a veces olvidada, raya al mismo nivel. Mención aparte para la banda sonora, compuesta por Jason Graves, músico de gran experiencia en videojuegos (saga Dead Space o el último Tomb Raider). Su trabajo ya se puede escuchar en Spotify, y nos traslada a la decadencia de una Londres oscura, que mezcla la estética steampunk con criaturas mitológicas. Todo el conjunto audiovisual está preparado para que nos sintamos en una película, donde ayudan decisiones como la relación de aspecto 2.40:1 y el ligero grano aplicado sobre la imagen. Con todo, se han alcanzado valores de producción altísimos, consiguiendo de esta manera eliminar casi por completo la transición entre cinemáticas y partes jugables.

Conclusión

Seguramente The Order: 1886 no es el videojuego ideal para aquellos que disfrutan con mecánicas exigentes y retos imposibles. Es un producto que quiere y consigue estar a la vanguardia tecnológica, apoyándose en una narrativa cinematográfica y un apartado jugable funcional, sin alardes.

No pretende ni necesita reinventar la rueda, pero sí se echa de menos una mayor libertad de acción y algún desafío exigente para el jugador. No te lleva sobre raíles, pero casi, y aunque prácticamente todo en él es sobresaliente, sufre algunos problemas de ritmo, sobre todo por las tediosas indicaciones durante los primeros compases.

Aun con esos altibajos, The Order es un imprescindible para todo amante de los videojuegos. Se trata de un producto impecable en lo técnico, que sirve como muestra de la categoría a la que ha llegado un medio que hace apenas unos años era considerado un simple juguete.

Pros

  • Apartado audiovisual de lujo, un auténtico referente.
  • Armas originales y sobre todo contundentes.
  • Historia simple pero bien desarrollada.
  • Se ha creado un universo tan sólido que no podemos esperar a su secuela.

Contras

  • Se echa en falta mayor exploración y puzles.
  • Pocos motivos para rejugarlo.

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