Cuando William Golding publicó Lord of the Flies en 1954, la novela se convirtió en una auténtica metáfora sobre la maldad humana. Un avión con un grupo de niños británicos se estrella contra una isla en medio del Pacífico. No sobrevive ninguna persona adulta, por lo que los jóvenes deben apañarse como pueden para sobrevivir en un entorno hostil. La historia gira sobre la existencia de una supuesta bestia en la isla, de la que sólo duda Simon.

El niño es el que magistralmente apunta que tal vez no exista una pérfida criatura. Quizás la malvada bestia, a la que tanto temen, habita en el interior de cada uno de los jóvenes. Acechando. Y es que en ocasiones la maldad no necesita de complejas tramas para desarrollarse. Basta con que miremos para otro lado.

El 28 de febrero se celebra el Día Mundial de las Enfermedades Raras. Una fecha única para millones de personas únicas, olvidadas durante décadas por administraciones, empresas farmacéuticas e investigadores. Sólo cuando las asociaciones de pacientes han alzado de manera conjunta su voz han logrado crear conciencia social y despertar así el interés de la comunidad científica, académica, política y empresarial. Haciendo que el mal de la indiferencia, como la criatura de Golding, se fuera haciendo cada vez más y más pequeño.

Tan raros como únicos

El olvido al que se vieron sometidas las personas que padecen enfermedades raras tiene múltiples causas. Irene Tato, consultora de comunicación sociosanitaria, atribuye al desconocimiento general la dejadez que había sobre estas patologías. "Uno se preocupa de aquello que conoce", explica. Hasta la fecha se han descrito siete mil enfermedades raras, trastornos que se caracterizan por afectar a menos de 5 personas cada 10.000 habitantes.Las enfermedades raras afectan a tres millones de personas en España

En la actualidad, más de tres millones de personas en España padecen enfermedades poco frecuentes. Las estimaciones hablan de que el 7% de la población mundial sufre un trastorno de este tipo. La condición individualizada de estas patologías -tan diferentes y desconocidas- las condenó al olvido durante décadas. En palabras de Tato, sin embargo, "el manejo de estas enfermedades sigue siendo un desafío para la salud pública".

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En los últimos años, por fortuna, la investigación ha realizado grandes avances en el campo de las enfermedades raras. Por ejemplo, las técnicas de secuenciación del genoma han logrado mejorar la detección y el diagnóstico de estos trastornos. El 65% de las enfermedades poco frecuentes tiene un origen genético. Los hallazgos, a pesar de su fundamental importancia, no han derivado en el desarrollo de tratamientos curativos para la mayor parte de estos trastornos.

De la investigación al fármaco

Una de esas raras excepciones las representa Manuel Pérez-Alonso, científico de la Universitat de València y cofundador de la spin-off Valentia Biopharma. Su grupo de investigación comenzó hace más de veinte años a estudiar los mecanismos biológicos que regulaban el desarrollo muscular. Casi una década después, lograron hallar una conexión con la distrofia miotónica, una enfermedad rara de tipo neuromuscular.El 65% de las enfermedades raras tienen un origen genético

"Dentro de las enfermedades raras, la distrofia miotónica es una de las más habituales", explica Pérez-Alonso a Hipertextual. Se caracteriza por la afección neurológica, que poco a poco va provocando la debilidad progresiva de los pacientes, atrofia de los músculos (pérdida de peso y volumen) y miotonía (exageración del tono muscular). Este trastorno provoca que la relajación muscular que debe ocurrir tras una contracción no suceda fácilmente, y a la larga conlleva la degeneración total del músculo.

Se han descrito dos tipos de esta enfermedad neuromuscular. Por un lado está la distrofía de Steinert o subtipo 1, en la que la debilidad muscular afecta más a los músculos de las piernas, manos, cuello y cara, y se ha relacionado con mutaciones en el gen DMPK (Dystrophia Myotonic Protein Kinase). Por otro, también existe la distrofia de tipo 2, en la que la degeneración y pérdida de tono afecta más a los músculos del cuello, los hombros, los codos y las caderas. En este segundo caso, las mutaciones en el ADN se han asociado con cambios en el gen CNBP (CCHC-type zinc finger, nucleic acid binding protein).

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Imagen cedida por Manuel Pérez-Alonso (Valentia Biopharma)

A día de hoy, la distrofia miotónica es una enfermedad incurable. Las terapias administradas a los pacientes sirven para paliar los síntomas de este trastorno, pero no detienen su progreso. El grupo de investigación de Pérez-Alonso ha conseguido abrir nuevas esperanzas a los pacientes afectados por esta patología. En los laboratorios de la Universitat de València, los científicos comenzaron a utilizar un minúsculo organismo, conocido como Drosophila melanogaster, que a la larga cambiaría la investigación sobre la distrofia miotónica.

La mosca de la fruta podía servir como modelo de la enfermedadLa mosca de la fruta se convirtió en una auténtica estrella del laboratorio. En estudios de biología molecular y genética, el uso de Drosophila melanogaster era bastante habitual, ya que se trata de un organismo modelo que por características como su pequeño tamaño o su ciclo de vida corto facilita el trabajo de los investigadores. Lo novedoso, sin embargo, era usar este ser vivo para desarrollar nuevos medicamentos.

"El uso de Drosophila fue un acierto fortuito", explica Pérez-Alonso. A la hora de descubrir fármacos innovadores, se necesitan estudios masivos en paralelo. Normalmente, las primeras investigaciones se realizan utilizando cultivos celulares o ensayos bioquímicos. ¿Qué ocurriría si aplicaban estas aproximaciones a un organismo completo como la mosca de la fruta? "Nos dimos cuenta de que era posible buscar candidatos a medicamentos usando el ser vivo completo, que dispone de cabeza, patas, sistema nervioso y músculos", relata el científico valenciano.

De este modo fueron desarrollando moscas fluorescentes para ir modelizando el desarrollado de la distrofia miotónica. Una vez que consiguieron imitar el progreso de la enfermedad en Drosophila, comenzaron a probar nuevas moléculas que sirvieran como terapia de la patología. "Aunque ahora la mosca está siendo muy utilizada en la investigación del cáncer, nuestro grupo fue de los primeros en el mundo en emplear este insecto para buscar fármacos", explica Pérez-Alonso. Una aproximación nueva que podría cambiar la vida de miles de personas en el mundo.

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Hace unos meses, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) concedió al compuesto VLT015 la designación de medicamento huérfano. "Es un reconocimiento muy importante, ya que podremos acelerar la investigación de este fármaco para probar su eficacia, seguridad y toxicidad", cuenta Pérez-Alonso. El científico valenciano es cauteloso con los resultados, ya que no pretenden generar falsas esperanzas en los pacientes.

"No se trata de terapia genética, sino de un compuesto obtenido por síntesis química que consigue que las células reestablezcan su fisiología a una situación parecida a la normal". La decisión de la EMA es, sin duda, un sólido apoyo al fundamento científico de esta aproximación en el tratamiento de la distrofia miotónica. Ejemplos como el de Pérez-Alonso en la investigación de moscas fluorescentes ofrecen nuevas esperanzas a los pacientes afectados por enfermedades raras. Personas que, como concluye Irene Tato, "son un ejemplo por sus inmensas ganas de luchar".