Uno de los mayores problemas de las baterías en los coches eléctricos, y por definición todas las que sean de iones de litio, es la separación entre los electrodos. Si estos llegan a tener contacto se produce un cortocircuito que deja la batería completamente inservible. Los desarrollos que se están realizando en materia de baterías no solo afectan a la capacidad, sino que un componente fundamental es el de la seguridad, y este descubrimiento, en el que ha participado Ford, va en este camino.

Hasta ahora, el material que se usaba para separar los electrodos tenía unos poros con una anchura de varios cientos de nanómetros, en el desarrollado en nanocompuestos de kevlar, los poros tan solo tienen un diámetro de 15 a 20 nanómetros. Esta diferencia es tan insignificante como importante en el desarrollo de baterías para coches eléctricos. ¿Por qué?

Reducir el tamaño de la celda de una batería es básico para el futuro del coche eléctrico.

Porque no solo estamos hablando de un diámetro para los poros mucho menor sino que es un material mucho más fino, por lo que el grosor necesario para separar los electrodos es menor, de esta manera, entran más en el mismo espacio, por lo que la capacidad aumentaría y por tanto, la autonomía para el coche.

Entre las ventajas de usar kevlar también está la mejor resistencia al calor, de forma que la disipación será más efectiva y además mejora la resistencia de la batería ante un incendio del vehículo. Y como extra, los investigadores aseguran que la velocidad de carga de la batería será mayor, por lo que se podría reducir el tiempo de carga de la misma.

El único problema, por el momento, es el coste, que al igual que sus prestaciones son mejores que las actuales baterías, será probablemente mayor. No obstante, hasta 30 compañías especializas se habrían mostrado interesadas en esta tecnología y ya habrían solicitado muestras del material para analizarlo y comprobar estos avances.