Durante estas fiestas navideñas se ha escrito bastante sobre el CES 2015 que estaba a punto de comenzar. Muchas veces apuntando a las teóricas burbujas y modas creadas en torno a ciertos productos. A eso le he estado dando vueltas, langostino viene (de los baratos, cosas de tener una profesión liberal), mazapán va (sin azúcar, cosas de tener familiares con diabetes). Como a veces se tiende a exagerar un poco, he preferido tomármelo con calma: no todo es una simple moda o una burbuja, igual que lo de crear teléfonos inteligentes conectados a Internet para las masas no fue una burbuja.

Hablemos de wearables

Como ocurre con todos los productos que son un éxito de la noche a la mañana o que en torno a ellos giran altas expectativas, muchos fabricantes se lanzan a crear modelos aunque ni siquiera tengan claro qué debe tener un buen wearable. Y por supuesto, llegan propuestas mediocres. Una vez el mercado va madurando, quienes se limitaron a presentar esos productos mediocres y no supieron ir corrigiéndolos, se quedan atrás. A Siemens le ocurrió algo más o menos así, pasó de ser el tercer fabricante tras Nokia y Motorola a acabar vendido primero y quebrado después.

Con los smartphones pasará algo similar. La mayoría de fabricantes no están sacando beneficios de este negocio, llegará un momento en que varios se retirarán de la carrera y otros optarán por quedarse pero únicamente por construir imagen de marca con la que explotar otros negocios satélite.

Con los wearables estamos viendo exactamente lo mismo: marcas que se lanzan a crear dispositivos para subirse al carro, para capturar la moda y tratar de hacer caja. Pocas están planteándose lo que verdaderamente convierte a un wearable en un producto valioso, más allá de miniaturizar un smartphone en una esfera con una correa, eliminar algunos componentes... y poco más.

Withings Activité Pop 02

Curiosamente, quien mejor lo está dominando es Withings, y no una marca consolidada en smartphones, que lleva dos relojes lanzados al mercado que comprenden perfectamente la premisa de la tecnología invisible. El más reciente es el Withings Activité Pop. No tiene pantalla, así que no puede ser usado como un espejo de notificaciones, que es para lo que se usan la mayoría de wearables actuales. Es un hermoso reloj que monitoriza la actividad física, natación incluida, y el sueño.

Hacia algo así apuntarán muchos wearables este año y los siguientes. Los que opten por algo más sencillo que los caminos de los Android Wear o el Apple Watch. ¿Burbuja de los wearables? Más bien burbuja de los wearables mediocres. Como los de cualquier mercado que no ha madurado. Las propuestas realmente buenas perdurarán, y antes o después serán dispositivos tan normales como smartphones o tablets.

El coche conectado es el futuro que empieza hoy, no una moda

Parecido a lo que ocurre con los wearables, pero con una diferencia: la tecnología más allá del motor lleva tiempo desarrollándose dentro de los coches, pero ahora está llevándose a campos muy amigables para el usuario: la conectividad con su smartphone y la integración con servicios de los que dicho usuario ya era cliente desde antes de tener ese coche, o al menos lo es de forma independiente. Spotify es un buen ejemplo. ¿Más casos de la tecnología de consumo y las innovaciones aplicadas al motor? Nuestra reseña del Ford Mondeo recoge unos cuantos botones:

Ordenadores, televisores, videoconsolas, teléfonos, tablets... ¿por qué no incluir de forma definitiva a los coches en estos campos? Están hechos de tecnología. Antes se limitaba a escalas superiores de precio pero cada vez está democratizándose más y llevándose a modelos más asequibles. Aparte de Ford, otros fabricantes como Volkswagen, Toyota, o Audi tienen claro que el CES también tiene un espacio para ellos.

El 4K es una moda hoy, será lo normal mañana

Porque ya son demasiadas ferias tecnológicas viendo cómo se intenta estandarizar la resolución HD en los televisores, más tarde la Full HD, después los paneles 1440p... Y antes o después tiene que llegar el siguiente salto, que sigue siendo bastante lógico y todavía no da la sensación de ser "innecesario" otro aumento en la resolución. El problema es el de siempre: la falta de contenidos. Primero ha de llegar la tecnología, y luego se hace un uso masivo de ella.

samsung tv

Ahora estamos en ese hueco incómodo entre uno y otro, y es completamente normal. Nos sigue costando encontrar muchos contenidos en 1080p y únicamente los vemos en 1080i (recordatorio: diferencia entre 1080p y 1080i) o en 720p, con suerte. Pero ya asumimos que el Full HD es "la" resolución. Bienvenido a lo que te ocurrirá con el 4K dentro de unos años. Es más: muchos smartphones high-end o las últimas GoPro traen grabación de vídeo en 4K.

¿Alguien ha dicho 3D? No tan deprisa... Hablamos de aportar valor real, natural, no de algo de dudoso valor añadido y para el cual tenemos que usar unas gafas específicas, con la fricción que ello supone.

Stop, selfies

Maldita la hora en la que se comenzó a hablar de selfies a todas horas y los fabricantes vieron un filón: invertir en mejorar las cámaras frontales, en meter un segundo flash en la carcasa delantera o en aplicaciones ridículas para capturar mejores selfies es relativamente barato. Mucho más barato que invertir en la investigación de baterías que proporcionen autonomías mucho mayores, en GPUs con un consumo mucho menor o en paneles que logren calidad HD y buen contraste a precios bajos para llevarlos a las gamas bajas.

Antes o después pasará la moda de los selfies que ha logrado vender palos con un disparador Bluetooth por 30 euros en las tiendas. Y con algo de suerte, los fabricantes tendrán que volver a preocuparse por mejoras realmente importantes en un smartphone. La cámara frontal volverá a tener un uso normal, disparará fotos y no egos.

Internet de las Cosas vs ¡Conectemos cosas!

Aspecto promedio de quien  cree que es buena idea "conectar" cualquier dispositivo, de cualquier forma, sin un sentido.
Aspecto promedio de quien cree que es buena idea "conectar" cualquier dispositivo, de cualquier forma, sin un sentido.

Un buen ejemplo de Internet de las Cosas, A.K.A. IoT es Nest, la demostración de que es posible llevar la tecnología conectada a elementos cotidianos del hogar, incluso con un buen diseño, y que de ahí salga algo útil que nos gusta usar.

¿Malos ejemplos? Un "anillo inteligente" y un "cinturón inteligente" recién presentados que son feos y poco útiles, y que de ninguna forma justifican el precio a pagar por ellos ni el coraje de llevarlos puestos. En el caso del anillo, además es enorme. Al hilo de la mezcla entre IoT y wearables, en el CES 2014 ya vimos un colgante enorme y feo con un LED que se iluminaba para avisar de notificaciones en nuestro smartphone. Por favor, sepamos ver la diferencia entre casos como el primero y los posteriores.