A 73 segundos desde su lanzamiento, el cohete literalmente se desintegró con todo lo que llevaba. Esto incluye a sus siete valientes tripulantes. 29 años después, el accidente del Challenger todavía nos recuerda los peligros de la exploración espacial.

Desintegración del Challenger. La nube que se aprecia es principalmente vapor de agua.

Pero también las esperanzas. La muerte de los astronautas se cuenta como el accidente más grave de la carrera cosmonáutica. Casi tres décadas después, el caso ha sido investigado desde numerosos puntos de vista y ya se da más que por cerrado. Sin embargo, el recuerdo todavía está ahí. Siete tripulantes cuyos nombres eran Francis Scobee, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis, Judith Resnik y Christa McAuliffe perdieron la vida ese día por algo tan pequeño como una junta tórica. O por no tener un plan de emergencias adecuado. O por sobrepresionar los sistemas. En realidad ya no importa. Lo que sí es importante ahora es que debido a la tragedia, hoy día contamos con cada vez más y mejores medidas para asegurar el bienestar de nuestros astronautas.

Héroes

Héroes. Fuente: NASA

Cada mujer y hombre que pisa los centros de entrenamiento de las agencias espaciales; cada persona que tiene a bien subirse alguna vez en una nave espacial; cada uno de los seres humanos que se atreve a desafiar las leyes de la física para tocar el espacio, es un héroe (o heroína). Hace 29 años, estos siete héroes perdieron la vida en un horrible accidente. Pero su ejemplo ha de ir mucho más allá de la desgracia. El accidente del Challenger y las comisiones posteriores permitieron una mejora sustancial en la carrera espacial. Su sacrificio salvará la vida de muchos otros seres humanos en la búsqueda de las estrellas.

El accidente del Challenger

Todavía hoy día, a pesar de los informes, las investigaciones y las noches sin dormir, muchos se preguntan. ¿Cómo pudo ocurrir? Ciertamente, el accidente del Challenger cambió a la NASA por completo. Volviendo a lo ocurrido, en la mañana del 28 de enero de 1986, poco después del lanzamiento del cohete se detectó una anomalía en forma de nube oscura, producida por el escape de varios gases durante el proceso conocido como extrusión, debido a la sobrepresión de la ignición. Aunque la explicación no es ni mucho menos sencilla, esto es, grosso modo, lo que ocurrió. El proceso era conocido y podía corregirse gracias a la deformación de una pequeña pieza, la junta tórica, de plástico, la cual por el calor sellaba el escape. Los informes posteriores explican cómo el frío endureció dicha junta, la cual no pudo sellar el escape. Esta sería la principal razón que provocó la amalgama de sucesos que llevaron al cohete a desintegrarse.

El cohete, realmente, no explotó. Se desintegró ante las monstruosas fuerzas aerodinámicas a las que estaba sometido. La nube que se aprecia en las imágenes sería, en realidad, vapor de agua procedente de la reacción del oxígeno y el hidrógeno. Según las evidencias posteriores, al menos algunos de los tripulantes habría sobrevivido al momento de la desintegración, pero no pudieron hacerlo al terrible impacto del transbordador contra el mar a 333km/h. El informe posterior señaló muchos otros problemas. Un brazo que no se desacopló correctamente, una junta tórica secundaria deformada por la sobrepresión, un empuje del 104% con respecto a su máximo nominal... eso sin contar con algunos aspectos meteorológicos que convergieron en la catástrofe.

Un futuro mejor

El accidente del Challenger puso de manifiesto varias cosas. Una de las más importantes fue el exceso de confianza en las capacidades técnicas de la agencia. Otra, la importancia de la dejadez. Por último, y muy importante, el situar apropiadamente el estado de conocimiento en el que se encontraba la NASA y sus asociados sobre la técnica. Hay quién afirma que este accidente fue un antes y un después en la madurez de la carrera espacial. Con la tragedia llegó una crisis de responsabilidad en la agencia. Pero también Hoy día, la NASA todavía recuerda la memoria de los tripulantes con un minuto de silenciola apertura de algunos debates ya viejos, como sí el transbordador debería llevar un módulo de escape, y de otros nuevos.

Actualmente, los conocimientos obtenidos a partir del accidente del Challenger han sido empleados para mejorar tanto los elementos técnicos como los protocolos y directrices utilizados. Cada día que pasa, nuestros astronautas viajan de manera más segura al espacio. Ahora somos más conscientes de que salir de nuestro planeta, este hogar que llamamos tierra, es difícil y muy peligroso. Pero estos héroes nos ayudan a pavimentar un camino que será cada vez más sencillo y común. Hoy día, la NASA todavía ofrece unos minutos de silencio en memoria de los tripulantes fallecidos de la Challenger. Y nosotros también.