Llegó el esperado Black Friday y seguro que caíste en la tentación de hacerte con una ganga que luego comunicaste a voz en grito a tus allegados. Porque sí, uno de los mayores placeres de comprar por debajo del precio de mercado **consiste en alardear de ello** y, para qué negarlo, hacerse con una primera marca a un precio de derribo supone un aliciente casi irresistible para quienes sean de cartera floja. Sin embargo, no es oro todo lo que reduce en torno a este día en el que las grandes superficies y las primeras marcas hacen la mayor caja con muchísima diferencia de todo el año, y toma nota como referencia dos elementos a tener en cuenta: la busca de la ganga nos hace adquirir productos que posiblemente no necesitemos, y por otro, muchas de las ofertas que nos presentan en realidad no lo son tanto.

Psicología primero y realidad después, pero conviene que reflexionemos con calma lo que sucede este día. Como sabes, el nombre de este día se acuñó por primera vez en los sesenta en Filadelfia, cuando la policía de Filadelfia lo calificó así al describir las hordas de gente caminando por las calles para ir de compras tras el día de Acción de Gracias. Aunque en esto de los orígenes como suele ser habitual, no hay consenso: otras fuentes aseguran que lo de Black (negro) se refiere al día en que las cuentas de resultados de los comercios **adoptan ese color debido a las fuertes ventas** en contraposición al rojo de las pérdidas.

##Compras irracionales

Vivimos en una sociedad muy mediatizada y es difícil escapar a la presión de determinados elementos, y uno de ellos, evidentemente, está muy vinculado con las compras. ¿Por qué nos resulta tan difícil escapar del impulso de comprar? Si somos puramente racionales, la única compra inteligente el Black Friday sería la de **aquel producto que realmente necesitamos y que hemos sabido esperar pacientemente a que baje de precio**. Y no un producto similar o de otra marca: el mismo que queríamos comprar. El matiz es importante porque este día y en el mejor de los escenarios, es fácil que un comprador de un televisor que había echado el ojo a un modelo en concreto, salga de la tienda despeinado con otro incluso de un tamaño de pantalla diferente. Todo sea por la ganga.

O peor aún, que yendo a comprar una tele, salgas con un aspirador que realmente no necesitas ¿Suena absurdo? No tanto, y de hecho, aunque no hay datos reales sobre este fenómeno, nos tememos que **comprar algo que no necesitamos** por el hecho de hacerlo a precio más bajo es muy frecuente. ¿Dónde está el chollo de comprar algo que realmente no vamos a usar? Es más barato, de acuerdo, pero hacerse con algo que no vamos a usar realmente sale carísimo. Bien pensado, esta compra es un gran despropósito en la que curiosamente, recibimos una gran recompensa de orden psicológico: el comprador de un chollo se siente feliz al considerar que ha sido tratado con justicia y esto hace que aumente su autoestima.

##Chollos que no lo son tanto

Pero este brindis al absurdo de nuestra psique quedó patente en un curioso experimento en el que se entregó la misma cantidad de dinero para que lo gastaran dos grupos de personas: unos que tenían que devolver el cambio y otros que se lo podían quedar. Lógicamente, los segundos estaban mucho más satisfechos cuando el descuento era elevado, pero ¿adivinas qué? Los que tenían que devolver los cambios tenían el mismo nivel de satisfacción cuando el descuento era elevado, lo que confirma que el componente psicológico tiene un protagonismo mucho más elevado que el puramente económico. Pero es que además **algunas de las gangas de este día no lo son realmente**, sino que aprovechando el tirón de la jornada, se promocionan levemente algunas referencias, pero luego la marca se asegura que se cobra el descuento en servicios o accesorios.

Otro de los trucos que emplean los comercios, cada vez menos frecuente, por suerte, es el de ofrecer el reclamo en una serie de referencias estrella rebajadas, pero con muy pocas unidades disponibles, con lo que sólo los primeros se hacen con ellas. Aunque en este sentido, cada vez son más las marcas que se comprometen a vender el producto en las mismas condiciones cuando el stock se acaba. Por otro lado, no hay que cegarse por el bombardeo mediático: **el Black Friday no ofrece siempre el mejor precio** en algunos productos. En este sentido, conviene estar atento a las promociones a lo largo del año y descuentos en días puntuales en los que los descuentos son todavía mayores. Otro truco mediante el cual se puede obtener un precio todavía mejor, aunque requiere más tiempo, consiste en ejercer los derechos derivados del precio mínimo garantizado, mediante el cual el comercio debe devolverte la diferencia si encuentras el producto más barato en otro sitio. Y ya sabes que internet es muy grande...