Decisiones erráticas, cambios de humor, el criterio varía según el día... Los que hayan vivido la experiencia de trabajar con un jefe con un carácter voluble, saben lo realmente difícil que resulta sacar el proyecto adelante. Donde antes era blanco, ahora es negro, pero peor aún que todo eso, resulta trabajar con un jefe que no guarda las formas, ni dentro ni fuera de la empresa. En este sentido, estos días hemos sido testigos de dos grandes fails en el comportamiento de altos cargos de célebres marcas que no han perdido la ocasión para liarla parda, y de paso que nos hagan reflexionar sobre una cuestión: ¿puede el mal carácter de un jefe arruinar todo un proyecto de empresa?

Los casos que te hemos citado eran el inadecuado comportamiento de directivos de Uber y las inoportunas declaraciones de Saya Nadella, por las que pidió rápidamente disculpas. Prepotencia a raudales en unos y falta de sensibilidad, o si nos apuras, de mano izquierda, en otros. Lo cierto es que en ambos casos, estas caras visibles pusieron en el disparadero de una manera involuntaria a la marca que representaban. Y contestando la pregunta anterior, sí, sería posible que un jefe brillante en su trabajo echara por tierra todo por un mal comportamiento.

Mala imagen... peor ambiente

Te lo puedes imaginar: los departamentos de marketing y comunicación se gastan cantidades ingentes en trasmitir un mensaje positivo de la marca, y luego llega uno de los jefes, y en un momento de rabia, arruina todo el trabajo de meses. Y el asunto supone un serio problema para la gestión de la empresa, que se ve obligada a invertir todavía más en limpiar la imagen de la firma. Que se lo cuenten si no a Centerplate, una empresa que ofrece servicios de catering en Estados Unidos, y que ofreció una pésima imagen de manos de su CEO. En esta ocasión, no fue un exceso de verborrea, sino que fue pillado por la cámara de seguridad pegando una patada a su perro sin miramientos. Si hace eso con su más fiel amigo, qué hará con gente a su cargo...

Pues bien, ahora que estamos descubriendo el lado más amargo de un mal jefe, que... ojo, puede ser un excelente gestor, pero con un pésimo comportamiento que arruina su virtud, tenemos que ser conscientes de otro daño colateral de estos gestores: el mal ambiente en el trabajo. Es fácil que estos complejos caracteres sean dados a tratar a puntapiés a sus empleados, y este comportamiento genere una tensión que al final, incida en el rendimiento. Lo peor del asunto es que los expertos advierten que los efectos perniciosos de un mal jefe no terminan en la oficina, sino que llegan también a casa, pagando los más cercanos los platos rotos.

Un buen jefe se respeta mucho más

Detrás de este comportamiento despótico y arrogante reside en la mayoría de las ocasiones la creencia de que los empleados respetarán más al jefe duro, y esta dureza es muchas veces confundida con un trato injusto al trabajador. Sin embargo, los estudios llevados a cabo por diversos expertos en la gestión de recursos humanos han demostrado justo lo contrario: el estrés provocado por un mal jefe al final sale caro a la empresa ¿Por qué motivo? Porque el empleado pierde motivación, y es fácil que a la mínima ocasión decida buscar un nuevo empleador que reconozca mejor sus aptitudes. En el cómputo final de la relación, la empresa pierde.

Pero hay más. Un minucioso estudio llevado a cabo por la Hardvard Business School demostró un dato que sorprenderá a muchos: los jefes amables cuentan con un grado de respeto muy superior por parte de sus subordinados al de los jefes malencarados. Dicho de otra manera, ser amable, respetuoso y comprometido con la gente a su cargo, reportará numéricamente mejores resultados en el rendimiento de la empresa. Sin embargo, no cantes victoria ante la perspectiva de mejoras si te ha tocado un mal jefe: los cambios sólo llegarán si la empresa ve peligrar sus resultados de una u otra manera como consecuencia de este comportamiento, tal y como sostiene Maclyn Close, de la escuela de negocios de la universidad de Denver.