[ACTUALIZACIÓN, 23 de julio de 2015: El jurado de la IV Edición del Premio ASEBIO de Comunicación y Divulgación de la Biotecnología ha elegido este reportaje de Ángela Bernardo como ganador en la categoría prensa digital y nuevos medios. ¡Gracias!]

Hace ahora treinta años, Luis Blanco descubría en el laboratorio de Margarita Salas una pequeña proteína de un virus que iba a cambiar para siempre la historia de la ciencia española. Perteneciente a la escuela del Premio Nobel Severo Ochoa, el científico gallego, trabajando con su doctorando Antonio Bernard, no era consciente de la importancia que tendría años después aquella pequeña molécula biológica.

Su investigación en el laboratorio de Margarita Salas comenzó con la realización de la tesis doctoral, tras dejar su tierra natal y su familia. "Aquella decisión me sirvió para centrarme en el trabajo", explica a Hipertextual. Lo que Blanco no imaginaba era que su estudio sobre la replicación del virus phi29 iba a darle tantas alegrías. "Descubrí entonces que con investigación básica también podía generarse dinero y devolver algo del esfuerzo que nos brinda la sociedad".

Una máquina de hacer dinero llamada phi29

El virus phi29 es una versión miniaturizada de otros bacteriófagos, una clase de virus que tienen como objetivo atacar a las bacterias. "Ya conocíamos ejemplos de bacteriófagos de la serie T, pero al comenzar a estudiar a phi29, que es una especie de bonsai de estos virus, nos dimos cuenta de lo peculiar que era".

"Descubrí que con investigación básica también podía generarse dinero" El material genético de phi29 consiste en una doble cadena de ADN lineal. Luis Blanco se encargó de investigar cómo sucedía la replicación, es decir, las etapas por las que el ADN del virus se 'fotocopiaba'. Descubrió entonces que este copiado del material genético comenzaba de extremo a extremo en cada una de las cadenas. ¿Pero quién se encargaba de poner en marcha la fotocopiadora?

Al contrario que otros organismos, phi29 necesitaba una única proteína, la polimerasa. Esta molécula biológica era capaz de cruzar de lado a lado del ADN sin utilizar otras enzimas. La explicación, en palabras de Luis Blanco, era sencilla: "los virus al ser estructuras tan pequeñas deben economizar al máximo su información genética, y los genes que poseen están bien elegidos, como si fuera una suerte de boutique".

Luis Blanco
Hood (Flickr)

"Investigar estos microgenomas, por tanto, era como adentrarse en una mina de oro", explica el científico. La polimerasa de phi29 no tenía parangón, pues su capacidad de desplazamiento hacía que se mantuviera fotocopiando el ADN de manera indefinida. No en vano esta proteína es la más rentable de la ciencia española, al generar el 50% de los royalties obtenidos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en las últimas décadas.

Una única molécula biológica fue capaz de producir más de 4 millones de euros de ingresos para el CSIC del 2003 al 2009 (fecha en la que la patente expiró). Un tercio de ese dinero se destinó a becas para que jóvenes investigadores pudieran dedicar su vida a la carrera científica. ¿Cómo sucedió el milagro de la ciencia española?

La proteína más rentable de la ciencia española

La vida en el laboratorio continuaba tras aquel descubrimiento. Era la época en la que una desconocida Cristina Garmendia, posteriormente Ministra de Ciencia e Innovación en España, compartía experimentos y poyata con Luis Blanco. Uno de los últimos proyectos del grupo de Margarita Salas había consistido en ayudar a una biotecnológica norteamericana, USB Corporation a mejorar la Sequenasa, una proteína de gran interés en investigación.El CSIC obtuvo cerca de 4 millones de euros gracias a esa patente

Los caminos del laboratorio y de esta compañía se volvieron a cruzar tiempo después en Salamanca. Luis Blanco presentaba en un congreso los resultados de la polimerasa de phi29. "Las conclusiones llamaron la atención de USB, que inmediatamente nos ofreció escribir y tramitar la patente", cuenta. Aquel encuentro casual fue clave para el éxito de la invención, forjada en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, puesto que en aquella época en España no había tradición de patentar.

Blanco recuerda con emoción aquellos momentos. "Dice el proverbio que acertar demasiado pronto es igual a equivocarse, y creo que algo así nos sucedió a nosotros". Aunque la polimerasa de phi29 sería patentada en 1989, no sería hasta el año 2003 cuando comenzó a dar dinero. Catorce años de espera, lo que también se conoce en innovación como valle de la muerte, que resultaron en un éxito inesperado.

"Realmente nuestra situación fue atípica, puesto que patentamos con el acuerdo de licencia ya previsto, y además la compañía continuó renovando los derechos de patente durante esos catorce años". Algo inédito en ciencia. Pero finalmente el tiempo de espera dio sus frutos. Con el boom del Proyecto Genoma Humano, el interés por la polimerasa se disparó.

Luis Blanco
La carrera por la secuenciación del genoma humano incluyó el uso de técnicas como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Esta tecnología se basa en el fotocopiado masivo de secuencias genéticas, y normalmente usaba proteínas que requerían una serie de 'ladrillos' o iniciadores (primers), a los que anclarse para copiar el ADN.

Una pequeña empresa de Estados Unidos descubrió el siguiente truco: podrían utilizarse iniciadores al azar, lo que se llamó random primers, para llevar a cabo el fotocopiado o amplificación de los genes a secuenciar. Es aquí donde entra en juego la polimerasa de phi29, ya que la mezcla mágica de ladrillos funcionaba a la perfección con la proteína de Blanco. "Copiaba de manera indefinida, como si fuera una galaxia en espiral de la que van saliendo brazos y brazos de ADN", explica el científico gallego.

Gracias a la polimerasa de este virus, los investigadores vieron que se podía fotocopiar el ADN de forma mucho más rápida. "Con ese descubrimiento, científicos que trabajaban en el Proyecto Genoma Humano comenzaron a fijarse en nuestra proteína, que fue usada por el Departamento de Energía de Estados Unidos", explica Blanco. Al poco tiempo, se resolvió la estructura tridimensional de la enzima, que cuenta con "una arquitectura elegante a pesar de su pequeño tamaño", según describe el investigador.

"La ciencia es una planta, si no la riegas se muere"

Los extraordinarios descubrimientos realizados por Luis Blanco en el grupo de Margarita Salas no terminaron ahí. A partir del año 2000, fecha en la que creó su propio grupo en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, el científico ha seguido trabajando en el estudio de otras polimerasas.

"El CSIC estuvo a punto de cerrar cuando la ciencia en España era excelente"Uno de sus últimos descubrimientos ha sido la descripción de las proteínas Polλ y Polμ, que actúan como 'grapadoras' para reparar la rotura en doble cadena de nuestro ADN. Su importancia es clave, ya que de no actuar correctamente pueden llegar a ocasionar translocaciones cromosómicas y originar tumores.

Las células defensivas, según explica Blanco, utilizan estas herramientas para frenar las múltiples amenazas que nos rodean. "Para adaptarse a la gran variabilidad de antígenos, deben pervertir este sistema de reparación y así multiplicar las cartas de la baraja con las que juegan", comenta. Ésta es la razón por la que suelen aparecer tumores en el sistema inmune como los linfomas. Por ello, el estudio de estas proteínas podría permitir avances biomédicos en el futuro.

Luis Blanco
Ann Harbor (Wikimedia)

¿Toda la investigación básica ha de aplicarse? Preguntado por las políticas en I+D de los últimos años, Luis Blanco responde con firmeza: "los recortes han afectado muchísimo a nuestro trabajo, estuvimos a punto de cerrar el CSIC cuando el nivel de la ciencia en España era excelente". Blanco califica de "vergonzoso" que el CSIC tuviera que llegar a una situación en la que necesitara ser rescatado para poder pagar al personal investigador.

"Debemos apostar por los jóvenes científicos y sembrar nuestro futuro" "El Consejo ha usado todos los recursos, e incluso roto todas sus huchas, para garantizar su supervivencia", afirma Blanco. El problema, según el investigador, es la falta de compromiso por la ciencia española. "Aquí se han reducido grupos de investigación, hemos perdido el tren de grandes proyectos, y lo que es peor, la carrera de muchos jóvenes se ha visto truncada", lamenta.

En palabras de este científico, "al Gobierno parece haberle importado más el rescate de los bancos que el hecho de que los investigadores pudiéramos seguir trabajando". Para explicar la dureza de los recortes en I+D, Blanco recurre a una metáfora: "la ciencia es como una planta, si no la riegas se muere". ¿Qué hacer entonces? El investigador pide a las administraciones que "se invierta en los jóvenes, ya que es dinero que no vamos a perder".

"No deberíamos caer en el error de que el poco dinero en ciencia se destine a nombres famosos aunque protesten y les oigamos más". Sembrar el futuro, según Blanco, será fundamental para salir de la crisis. Una apuesta que él mismo ha realizado, ya que tras crear su propia spin-off, X-Pol Biotech, luego adquirida por la alemana Sygnis, logró que jóvenes científicos pudieran seguir trabajando en los departamentos de I+D de esta aventura empresarial.

Su doble faceta de investigador y emprendedor ha marcado, sin duda, su trayectoria profesional. Tras estas experiencias, Blanco critica que "se confunda la I+D básica con la aplicación de la ciencia". La investigación parte de la base, de lo que no está descubierto, "y jamás seremos capaces de anticipar los resultados de un proyecto científico".

Por estos motivos, Luis Blanco es claro al criticar con dureza las políticas en I+D tras la crisis. "No nos pueden pedir que hagamos ciencia aplicada", comenta. "Quieren que copiemos como en China y mejoremos un poquito otros descubrimientos". Eso en investigación es imposible, zanja de forma rotunda.