La dinámica en los aeropuertos es la misma en todo en mundo: llegada a la terminal, superar el proceloso control de seguridad y hecho esto a pegar la vista en las pantallas esperando el anuncio de la puerta de embarque. Hecho esto, a esperar pacientemente. Es curioso, porque aun teniendo el asiento asignado previamente, uno nota cierto nerviosismo entre los pasajeros cuando el personal de tierra de la aerolínea prepara el micrófono y se dispone a anunciar el embarque. Nos preparamos para la cola y sobre todo, a no perder posiciones aunque en realidad dé lo mismo llegar pronto o tarde.

Y se lía parda. Han sido poquísimos los vuelos en los que no me haya tocado esperar, ya sea en el finger o bien en el pasillo del propio avión. Que si no encontramos el sitio, que si uno llega con el equipaje de mano, la bolsa de lo comprado en el duty free, el abrigo... Cualquier circunstancia provoca el atasco, aunque posiblemente la principal de ellas sea la propia dinámica del embarque, o siendo más precisos, la impredecible naturaleza humana. El asunto de los embarques en los aviones se ha tomado muy en serio y de hecho, hay modelos matemáticos que proponen alternativas más eficientes.

Sin duda, el más trabajado y el que se ha demostrado empíricamente como más rápido que los métodos tradicionales es el del matemático Jason Steffen, que incluso llegó a visitar un plató televisivo para mostrar con hechos la ciencia de sus cálculos. Pero antes de adentrarnos en las curiosas averiguaciones del científico, vamos a refrescar la realidad actual del grueso de las aerolíneas. ¿Qué sucede cuando escuchamos el esperado embarque en el avión? Nos disponemos a hacer cola, y una vez dentro de la nave, localizamos con la mirada nuestro asiento. Este proceso puede provocar retrasos dependiendo de la habilidad, edad o incluso vista del pasajero, pero no es aquí realmente donde está el problema.

El equipaje de mano, el gran culpable

Como sabes, los aviones, por muy grandes que sean, cuentan con pasillos en los que sólo cabe una persona en línea. Es algo evidente: los fabricantes buscan la optimización de peso, consumo y comodidad, y habilitar un pasillo doble sería un auténtico despilfarro. Así las cosas, entra el primer pasajero, y llega a su asiento. Supongamos que otro se sitúa inmediatamente detrás porque su asiento se encuentra más adelante. Pues bien, como conoces por experiencia, el que viene detrás tendrá que esperar a que el primero coloque el equipaje de mano en el compartimento superior, algo que no siempre suele ser rápido. Multiplica este hecho por el número de pasajeros y comprenderás por qué, mientras el primer pasajero se encuentra colocando su maleta, un grupo restante se desespera en el finger.

Visto así, lo habrás pensado: el modelo más lógico pasaría por embarcar la nave en primer lugar en las posiciones traseras y después las delanteras ¿verdad? Error. Esta fue la primera averiguación sorprendente de Steffen. De hecho, el matemático demostró que esta aproximación es la más ineficiente de todas. Y por un motivo lógico: la limitación de capacidad de los pasillos que antes hemos mencionado, impide que en este modelo, dos personas puedan simultáneamente guardar el equipaje, con lo que toda la cola deberá esperar a que la que va por delante termine el proceso. Esta paradoja explicaría en gran parte el porqué de las interminables esperar para llegar a completar la carga de la aeronave.

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El modelo imposible

Ahora bien, ¿existe realmente un sistema más eficiente de embarque? El matemático recurrió a la informática creando un software basado en la acumulación de errores para ir dando con la combinación más eficiente de carga, y atentos porque existe. Steffen dio con un sistema que dejaba una fila de espacio entre el primer pasajero y el siguiente, alimentando además los pasillos en paralelo, y consiguiendo de esta manera una embarque al menos cinco veces más rápido que los modelos tradicionales. Este sistema, como podrás suponer, obliga a que la aerolínea llame a cada viajero de forma individual y no por grupos, y aquí vamos apreciando las primeras dificultades.

Efectivamente, el matemático dio con un modelo perfecto que reducía al mínimo los tiempos de carga, y sin embargo ni una sola línea aérea lo ha puesto en marcha, y de hecho, sólo una se ha interesado levemente por él. ¿Por qué? básicamente porque se trata de un modelo imposible a efectos prácticos que el propio Steffen reconoció. ¿Qué hacer con las familias? ¿Y los niños? ¿Y qué hay de los extranjeros y las barreras idiomáticas? El modelo perfecto se transformó pronto en una quimera, aunque eso sí, nos ha servido para demostrar que el sistema más eficiente y factible sigue siendo la carga libre: que cada uno vaya entrando en orden de fila y que sea el azar quien dicte la velocidad.