Sledgehammer coge las riendas de la nueva entrega de Call of Duty para darle una vuelta de tuerca necesaria. La implementación de los exoesqueletos y el renovado motor gráfico consiguen aportar la frescura necesaria para que por fin se dé un paso en la dirección correcta.Ya es toda una tradición anual. Call of Duty vuelve a casa por Navidad -o casi-, y aunque levanta odio y pasiones a partes iguales, es innegable que llama la atención como pocos. Esta vez el guión se ha repetido, aunque a menor escala. El lanzamiento de Ghosts supuso una decepción para muchos usuarios, que vieron como su saga favorita sufría un estancamiento preocupante.

Pocas novedades, tanto técnicas como jugables, y en algunos apartados incluso llegó a empeorar respecto a Black Ops y Modern Warfare. Para evitar otro mal trago, Activision tomó cartas en el asunto, y dejó que Sledgehammer, compañía que se encarga de esta nueva entrega, dedicara 3 años de desarrollo para asegurarse de que por lo menos no quedaran cabos por atar.

El resultado lo tenemos aquí, y a botepronto podemos afirmar que **ahora sí: la decisión ha dado sus frutos. Advanced Warfare se siente fresco y natural, aportando novedades en el desplazamiento como son los exoesqueletos y sus características. También volvemos al génesis del primer Modern Warfare, recordándonos que aquí manda nuestro fusil y la habilidad con la que lo manejemos.

No se ha perdido identidad, pero sí se ha evolucionado de manera que los duelos ganan en verticalidad y dinamismo**. Pero antes de emitir un veredicto, debemos recordar que de nuevo estamos ante un juego dividido en tres secciones: campaña, multijugador y cooperativo.

Todas se han cuidado a un buen nivel, destacando especialmente la segunda, pero como Call of Duty es afrontado por cada jugador de una manera diferente, vamos a empezar hablando de la campaña, donde tenemos un protagonista de lujo: Kevin Spacey.

El poder lo cambia todo

A partir de este eslogan orbita un modo campaña que por fin -y recalcamos esto- tiene una base argumental sólida, además de desarrollarse de una manera lógica y coherente. No nos vamos a encontrar con una historia compleja, pero sí lo suficientemente interesante para mantenernos en tensión hasta el final. Una vez más abandonamos un período como la Segunda Guerra Mundial para trasladarnos al futuro, concretamente al año 2054. La guerra ya no es como antes, y los drones, trajes especiales y demás artilugios hacen que la destrucción sea más fácil y silenciosa. Aquí entra Atlas, una corporación militar privada dirigida por Jonathan Irons (Kevin Spacey), encargada de salvar al mundo gracias a su aportación tecnológica.

Nosotros encarnamos a Mitchell, un soldado que por suerte o por desgracia acaba trabajando para Atlas después de un desagradable suceso. A partir de ahí nos tocará obedecer a nuestros mandos en una serie de misiones, donde iremos descubriendo una cara diferente de la guerra, en la que se coquetea con temas como el totalitarismo y la megalomanía, siendo nosotros una cabeza de turco más, que no sabe en ningún momento si está en el bando correcto.

Las mecánicas de la campaña son las ya conocidas por todos, aunque debemos destacar la gran variedad de las misiones en sus aproximadamente 6 horas de duración. Seguimos siendo blanco de todos los disparos, aunque de vez en cuando nos dejarán probar armas y vehículos imposibles, que le dan un aire fresco a unos tiroteos que vuelven a reciclar inteligencia artificial y animaciones. Por ejemplo, el exoesqueleto, un armazón que llevamos colgado de los hombros, nos irá racionando poco a poco habilidades como saltar más alto, desplazarnos hacia los lados, volvernos invisibles o disparar un gancho que nos permite acceder a sitios elevados. También, y después de cada misión, podremos aplicar puntos de mejora a nuestro soldado, que nos ayudarán a tener una sensación de progreso muy agradecida.

Viajaremos por medio mundo, como siempre, y la excusa de pertenecer a una empresa privada de gran poder hará que intervengamos en todo tipo de situaciones. Asaltaremos una autopista, cruzaremos el Golden Gate, haremos lo propio por escenarios nevados, probaremos todo tipo de vehículos y en general nos hartaremos de disparar. No hay grandes cambios respecto a otras entregas, pero gracias a una historia fácil de seguir y a una gran puesta en escena, acabaremos la campaña con una buena sensación.

Un multijugador “avanzado”

Pero como todo el mundo sabe, gran parte del éxito de Call of Duty recae sobre su multijugador competitivo. Las mismas armas, los mismos escenarios y esa gente por la que blasfemas cada día. Da igual que repitamos escenario, porque la clave está en que cada partida es diferente. Ganaremos, arrasaremos, perderemos o seremos humillados, y seguramente no lo recordemos al día siguiente, pero volveremos a coger el mando para “jugar una partida más”.

Advanced Warfare se aferra a este dogma, y retuerce el concepto arcade que ha tenido la saga para proporcionarle una nueva dimensión. Gracias al exoesqueleto podremos desplazarnos más rápido hacia los lados, y tendremos un doble salto que nos descubre una verticalidad inédita en la saga. Ojo, porque no estamos ante un clon de Titanfall. El ritmo sigue siendo rápido, pero no podremos correr por las paredes, por ejemplo, lo que simplifica su concepto.

Han cambiado algunos detalles y sorprendentemente se han equilibrado con mucho acierto. Las granadas de toda la vida se lanzan desde el brazo, y no son tan mortíferas como antaño. En cuanto a la “otra” granada, la táctica, ha dejado de funcionar como tal para convertirse en la conocida como “aptitud exo”. Si la accionamos (L1 o LB, dependiendo de la consola donde juguéis), activaremos una habilidad temporal de nuestro traje. Podemos recibir un subidón de salud temporal, activar un escudo ideal para defender banderas, volvernos invisibles o planear ligeramente, por ejemplo. Su efecto se agota a los pocos segundos, y aunque parezca mentira no hay ninguna habilidad claramente superior. Todas son necesarias en algún momento, y de nuestra perspicacia depende su buen uso.

También se han nivelado las rachas de bajas para que no hagan el trabajo sucio por nosotros. Son más complicadas de desbloquear, y además su efecto no es tan letal. Lo que sí podemos hacer es potenciarlas. A un UAV, por ejemplo, podremos añadirle efectos secundarios, como un refresco más rápido, lo que complicará un poco más su desbloqueo además de costarnos un punto más de equipamiento. Por lo tanto, debemos aprovechar el sistema Pick 13 (heredado de Black Ops II) para configurar nuestra clase de manera que le demos prioridad con inteligencia a lo que se nos dé bien.

De todas maneras, dentro del combate lo que importa es nuestra habilidad con el mando. La mayoría de duelos se deciden disparando, olvidando definitivamente las desproporcionadas rachas de Modern Warfare 2. Los soldados aquí tienen más vida, y tanto los rivales como nosotros aguantaremos más disparos, por lo que de nuevo podremos salir victoriosos de una emboscada si somos lo suficientemente hábiles para girar, saltar o tumbarnos en el momento justo.

En cuanto a mapas y modos de juego vamos realmente bien servidos. Los primeros se cuentan hasta 13, y aunque su diseño artístico no es memorable, sí cuentan con un tamaño correcto para el tipo de duelos que se dan. La nostalgia nos sigue llevando a añorar mapas como el de Matojos, del primer Modern Warfare, pero por contexto nos debemos conformar con bases bastante anodinas, aunque eso sí, llenas de tejados a los que accederemos gracias al impulso de nuestro traje.

Contamos con modos clásicos, como Dominio, Duelo por equipos o Contra todos, Capturar la bandera o Baja confirmada, que nos obliga a salir de nuestro escondite para recoger la chapa del enemigo caído. Vuelve Punto caliente, un interesante modo que nos invita a dominar una porción de terreno durante un tiempo limitado. Pero como novedades más interesantes contamos con Iniciativa, que retuerce el concepto de dominar banderas para hacerlo algo más complejo y dinámico. El otro modo que debuta se llama Enlace, y es una especie de partido de balonmano futurista, que nos recuerda a modos ya vistos en Halo o Unreal Tournament.

Advanced Warfare se comporta muy bien en su multijugador. La cantidad de opciones disponibles no presentan ningún tipo de complejidad para el jugador, que se sentirá como en casa una vez coja el mando. Se ha trabajado para potenciar la personalización al máximo, tanto en el soldado como en su equipo, aunque una vez cojamos el ritmo olvidaremos todo el artificio para centrarnos en lo que importa: matar muchas veces y morir pocas. El giro conceptual que se ha dado gracias a esta entrega le ha venido genial a la saga. Su multijugador se siente fresco y a la vez familiar. No ha perdido personalidad, y durante este año será sin duda el cobijo favorito para todos los usuarios que esperaban ansiosos un online competitivo en el que pasar las horas muertas.

Cooperativo descafeinado

Para terminar con los tres grandes bloques de este nuevo Call of Duty, no podemos olvidarnos de Supervivencia Exo. No estamos ante los zombis de Treyarch, pero sí ante algo muy similar. De nuevo jugaremos tanto de manera local como en línea a un modo horda dividido por rondas. La mayor novedad es que no siempre tendremos que acabar con una serie de enemigos que cada vez se hacen más fuertes, sino que nos tocará cumplir retos como recoger todas las chapas desperdigadas por el escenario, desactivar cargas o destruir drones, con un castigo conveniente si no terminamos el objetivo a tiempo. Es un modo agradecido para los que quieren jugar con amigos y no se les dé muy bien el competitivo, pero su vida es muy corta.

Está dividido por bloques de cuatro escenarios a lo largo de otros tantos niveles. Nos pedirán un número concreto de rondas superadas para avanzar al siguiente nivel, y una vez terminemos todos desbloquearemos Riot, un mapa ambientado en una cárcel. En él, presumiblemente, nos toparemos con un anticipo del modo Zombis, que vendrá próximamente a través de un DLC.

Técnicamente renovado, aunque con matices

La nueva generación no le sentó muy bien a Ghosts. Nos encontramos con un juego claramente intergeneracional, y fue uno de los principales motivos del descontento del jugador de Call of Duty. Con Advanced Warfare seguimos descubriendo elementos reciclados, como texturas totalmente planas y las mismas animaciones de muerte de siempre. Pero no todo son malas noticias. La iluminación por ejemplo ha experimentado cambios importantes, así como el aumento de partículas y objetos en pantalla. Durante el juego descubriremos momentos espectaculares, que corren a 1080p y 60 fotogramas por segundo sólidos como una roca, demostrando algo de músculo, aunque sin florituras.

No estamos ante ninguna revolución, pero para sintetizar, sí se trata por fin de un juego digno de las nuevas consolas. Hay momentos preciosistas y otros de gran factura técnica, aunque como siempre, llenos de trampas, como la linealidad absoluta de las misiones, donde apenas nos permiten improvisar. De todas maneras, el lavado de cara ha sido notable, y tanto las espectaculares escenas CG (de un nivel pocas veces visto) como las realizadas con el motor del juego lucen muy bien.

Sin embargo, no estamos tan contentos con el apartado sonoro. La banda sonora vuelve a estar compuesta por Harry Gregson-Williams, pero no cuenta con la intensidad de otras ocasiones y pasará desapercibida para la mayoría. Con el doblaje tenemos una de cal y otra de arena. Jonathan Irons, el personaje interpretado por Kevin Spacey, cuenta con su doblador habitual y hace un buen trabajo, de igual manera que el resto de personajes, pero debemos destacar para mal a Ilona, una soldado a la que le han puesto una voz estridente e insoportable, que nos va a dar dolor de cabeza.

Conclusión

Aunque no estemos ante un Call of Duty revolucionario, como remarcamos a lo largo del análisis, sí se ha seguido la senda correcta. Ghosts supuso una decepción para muchos jugadores, que vieron cómo su saga favorita no conseguía adaptarse a la nueva generación, pero Sledgehammer ha sabido coger las riendas del proyecto con seguridad, aportando decisiones inteligentes que ayudan a recuperar el rumbo.

El modo campaña sigue siendo una película de Michael Bay jugable, ahora por fin con un argumento interesante y fácil de seguir, y el multijugador recurre a las bases de un referente como es Modern Warfare para coronarse como uno de los más divertidos que hemos probado en años.

Ahora suponemos que es el turno de Treyarch, con sus zombis como abanderados y Black Ops con mucho que ofrecer. Pero de momento, este Advanced Warfare nos ha convencido. Borra el mal sabor de boca de Ghosts de un plumazo, y sabe desmarcarse con estilo gracias a sus buenas decisiones. Así que sin más, concluyo este texto encendiendo el televisor, que dispongo de un rato libre para echarme una partida.

Pros

  • Buen modo campaña, lleno de momentos espectaculares y con una historia fácil de seguir
  • Por fin se nota un salto gráfico. Las CGs son espectaculares.
  • El mejor multijugador de Call of Duty en años.
  • Equilibrio perfecto en todos sus modos, rachas y equipo.

Contras

  • La saga necesita un cambio urgente en sus físicas e inteligencia artificial.
  • Exceso de tiroteos aburridos en el modo campaña.

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