Llegar a un hotel, sobre todo cuando no lo conocemos, es sin duda un momento de contención del aliento. ¿Estará limpio? ¿Cómo será el baño? ¿Y las vistas? El sector hotelero se ha centrado mucho en cuidar estos aspectos, y sobre todo, en lo que respecta a los conocidos como 'amenities' en el baño. Jabones de todo tipo, pañuelos de papel, gorro de ducha, kit de afeitado... Uno echa un ojo de forma automática para ver cuánto 'pesa' la cesta de complementos del baño, pero también se recibe con agrado cualquier cosa que el hotel nos deje sobre la cama: desde una piruleta, hasta una botella de vino en los hoteles más espléndidos. Sí, todo eso está muy bien y si además la habitación es amplia y está limpia como una patena, el lugar sube muchos puntos, puntos que precisamente se vienen abajo cuando abrimos la tapa del portátil ¿Y el WiFi?

Entramos en un terreno farragoso en el que el sector se encuentra dividido: una parte lo ve como un amenity más con el que fidelizar al cliente, pero otra lo considera como una oportunidad de oro para arrancarle unos valiosos euros en su factura de salida. Y no estamos hablando de unos pocos céntimos precisamente: los que estén un poco 'viajados' saben que una jornada de acceso a Internet cotiza alto, desde unos 12 euros por 24h hasta precios auténticamente disparatados. Curiosamente, el precio de wifi va en una extraña correlación con la categoría del hotel: es mucho más fácil que este servicio sea gratuito en hoteles de pocas estrellas, que nos cobren un dineral en un hotel de postín. Esta relación categoría-precio no hace si no confirmar nuestra sospecha de que el WiFi es en realidad un producto muy rentable para el sector. Pero... ¿seguro que esto es así?

Un servidor ya viaja exclusivamente a hoteles que ofrecen WiFi gratuito, y supongo que no seré el único ¿Es posible que la hostelería esté perdiendo clientes por este motivo? Estoy seguro de ello, pero la clave, como siempre, es saber en el cómputo global si los ingresos por la venta de este servicio son superiores a la pérdida de clientes por este concepto. Y no creas que este servicio se valora poco: una reciente encuesta entre viajeros ha desvelado que se trata de la amenity más valorada. ¿Por qué no está extendida su gratuidad entonces como gancho para captar huéspedes? Además de la parte económica, hay que entender que dotar a un hotel, sobre todo si es grande, de acceso a Internet, no es tarea fácil. Son instalaciones complejas y por otro lado, si la calidad del WiFi es mala, que lo suele ser, la imagen es todavía peor...