TechCrunch

Fue lo primero que me llamó la atención. ¿Por qué Apple no distingue en categoría de productos el iPhone 6 y el 6 Plus? En su web aparecen como dos hermanos gemelos, uno más grande que el otro, pero nada más. Sin embargo, en las manos son dos experiencias completamente diferentes. No vamos a entrar ahora en disquisiciones imposibles sobre qué es un phablet y qué no, pero lo cierto es que el fabricante de Cupertino se ha tomado su tiempo para adentrarse en un mercado al que inicialmente ninguneó, y atentos, porque todo parece indicar que va a volver a situarse como la referencia a seguir. Y eso a tan sólo unos días de haber presentado sus bazas. Con la astuta maniobra de Apple de no distinguir las líneas de sus nuevos iPhone, nos resulta muy difícil saber qué modelo ha tenido realmente mejor acogida, pero de esta manera se le allana el camino para mostrar músculo arrojando unas ventas récord de sus nuevas versiones.

¿Récord? Sí: 20 millones de unidades vendidas en los primeros treinta días de ambos equipos, que se presentan como uno a efectos estadísticos. El dato todavía no es oficial pero uno tiende a pensar que ese vaticinio todavía se puede quedar corto. Y llegados a este punto conviene hacer un poco de memoria, al recordar que fue Samsung quien en la edición de IFA del año 2011 (una eternidad en 'tiempo tecnológico') se atrevió a presentar su primer Galaxy Note, un smartphone absolutamente desmedido en aquella época y que fue fruto de no pocas bromas. Pero su arriesgada maniobra salió bien.

El mercado acogió de buena gana las pantallas sobredimensiones, principalmente porque se estaba produciendo un vuelco en el uso de los terminales: cada vez menos llamadas, y cada vez más datos. En este nuevo equilibrio, contar con una gran pantalla supone una auténtica ventaja que los coreanos supieron ver... o tuvieron suerte.

La nueva referencia en el segmento

En este paseo por el pasado conviene recordar también que Samsung ha liderado este segmento del mercado durante bastante tiempo con sus sucesivos modelos, y que ha arrastrado al resto de fabricantes. Excepto Apple, que se resistía a acceder al mismo. Conviene recordar que esa euforia medida en términos de mega pantallas provocó no pocas críticas a un iPhone que cada vez parecía más pequeño, pero que seguía mostrando una envidiable salud en ventas. Conviene recordar asimismo que pese a haber capitaneado un nicho que ellos mismos inventaron, los coreanos no han podido o no han sabido hacerse fuertes en el mismo rentabilizando hasta el último céntimo de su hegemonía.

Y nos situamos en 2014, cuando por fin la firma de California muestra al mundo su entrada, por fin, en el segmento de los phablets. No suena a claudicación, y ni siquiera mencionan a sus rivales. Apple sigue su propio camino y aunque resulta patente que ha seguido la estela del éxito de Samsung, consigue presentar su producto como fruto de una evolución lógica del segmento.

Y en parte tiene razón. Tim Cook siempre ha defendido que la filosofía de la firma no es ser los primeros, sino en ser siempre los mejores, y aunque hayan tardado la friolera de 3 años en decantarse por este segmento, lo cierto es que durante todo ese tiempo el formato anterior del iPhone no sólo se ha mantenido, sino que ha manifestado un espectacular crecimiento en ventas, hasta llegar a una situación un tanto humillante para Samsung: el iPhone 5s gozaba de un ritmo de ventas superior al de un Galaxy S4, más moderno, más sofisticado, pero sobre todo más grande. Y cuando todavía esta vaca no había dejado de ser ordeñada, la firma presenta sus nuevos modelos más grandes y que amplían los horizontes de su ecosistema. Lo curioso del asunto es que Apple no se ha salido una sola línea de su guión: se trata en definitiva del mismo smartphone que las versiones anteriores, pero más grande, y como siempre, mejor en todo.

Tras el empacho de cifras extraoficiales de ventas y a la espera de que Tim Cook nos dé una noción real de lo que está facturando la casa con estos dos modelos, todas las miradas se vuelven una vez más a Samsung. ¿Quo vadis? El fabricante asiático roza el abismo anunciando un recorte de los beneficios cercano al 60%, cifras de infarto difícilmente sostenibles en una junta de accionistas, y que, tal y como recuerdan algunos, se parece muchísimo a situaciones vividas por otros gigantes que descubrieron que tenían pies de barro.

Samsung sigue apostando por la innovación como estrategia que se nos antoja más como una huida hacia adelante, y así presentó un sofisticado y bien terminado Galaxy Note 4, misma medicina para hacer frente a un vigoroso rival, que ha llegado el último, pero que tiene todos los boletos para llevarse el premio gordo. Y no es pequeño.