Afrontemos la realidad: Uber ha venido para quedarse. Por muy mal que le siente a unos o a otros. La empresa nacida en San Francisco hace apenas 6 años tiene un valoración actual en torno a los 17.000 millones de dólares y presencia en todo el mundo. Es más sus intenciones son las de expandirse aún más y llegar hasta el último rincón del planeta para poder ofrecer sus servicios. Uber nació en 2008 de la mano de Garrett Camp y Travis Kalanick Pero ya no es sólo la empresa innovadora que permitía pedir un coche a través de una app móvil, porque eso es muy del 2008, ahora ya es una compañía disruptora que viene a remover los cimientos de la humanidad ofreciendo transporte personal, colectivo o de mercancías a cualquier persona que lo necesite. Y todos, en algún momento de nuestro día a día, necesitamos uno de los tres.

Con esa idea y teniendo en cuenta el mercado potencial Uber ha llevado a cabo una campaña de expansión tan agresiva que tal vez sea más adecuado llamarlo invasión. Para que nos entendamos, la estrategia de Uber es la de estar en todas partes de la manera más rápida posible para ser los primeros que abren el mercado. Así está pasando en Asia, por ejemplo, a tenor de la cantidad de ofertas que hay en el sitio web de la empresa que apuntan a países como China, India, Malasia, Japón, Corea del Sur, Singapur, Indonesia, Vietnam o Tailandia. Haciendo una rápida suma de las poblaciones de esos países podemos obtener cerca de la mitad de la población mundial. Una barbaridad.

Uber quiere ser el Google de los transportes

Al principo Google era una empresa con un muy buen producto, pero tan sólo uno. Ahora, más de 20 años después, lo que empezó siendo un buscador que mostraba mejor que nadie los resultados en forma de rankings es ahora una empresa tan grande, tan difusa que prácticamente no hay área tecnológica que no cubra. Buscador, publicidad, correo electrónico, sistema operativo propio, creación y edición de archivos, plataforma de blog, sistema operativo móvil, hardware propio, etc., etc.. Google no tiene nada que ver con lo que empezó siendo y seguramente Uber tampoco lo será. La última ronda de financiación le reportó 1.200 millones de dólares Esta misma semana conocíamos dos noticias que llamaban mucho la atención. La primera es el nuevo servicio de Uber, CornerShop, que pretende ser una competencia directa a Amazon y Google Shopping Express ya que ofrece la entrega de productos de tiendas de barrios a cualquiera que lo solicite, en otras palabras: el chico de los recados. La segunda es el lanzamiento de la API pública que permitirá a desarrolladores a integrar servicios con el servicio de coches, por ejemplo si en OpenTable reservas en un restaurante podrás pedir un coche para llegar allí. Genial. De este modo amplía considerablemente la oferta de servicios que ya tiene presente en 150 ciudades de 50 países.

Sin embargo, me gustaría saber qué opinaron en Google cuando supieron que una empresa en la cual han invertido mucho dinero les hace competencia directa con un servicio exactamente igual al que están probando en EE.UU. Y esto me lleva a pensar en lo siguiente ¿Tiene Uber una meta definida o su hambre es tan grande que no tiene medida?

Über Alles

Creo que la compañía han llegado a un punto en el que tan sólo tienen un objetivo: ser tan grandes que no puedan desaparecer. Y para ello está el último fichaje que han hecho: David Plouffe, exasesor de Obama que dirigió la campaña que lo llevó a la Casa Blanca. Su función será clara y concisa, gestionar la política global de Uber. Ya que hasta ahora su "política", por llamarlo de alguna manera, ha sido bastante obvia. Tenemos una noticia de Uber en la prensa cada semana Hasta ahora Uber entraba en una ciudad, cabreaba a taxistas y administración, salía en los periódicos y las noticias, conseguía publicidad gratuita con el discurso victimista y de innovación, generaba rechazo y curiosidad y, al final, salía ganando. Sea porque la ciudad permitía sus operaciones, caso de Berlín, o fuese porque salía como un mártir de los tiempos modernos, donde al final la gente acabaría pidiendo que se legalizase. Win/win situation.

Sin embargo, esta estrategia ya la conocen en medio mundo y crea un desgaste muy grande tanto a empresa como a autoridades y legisladores. El resultado, además, es convertir en enemigo a quien hace las leyes, y eso no es conveniente. Por ello el señor Plouffe ha entrado en Uber, para limar asperezas y guiar, de una manera más eficaz y menos ruidosa, la campaña de dominación global que tiene la empresa.

Waterloo

Permíteme, antes de proseguir con el relato, recordar una figura crucial en la historia de la humanidad por los logros que llegó a conseguir. Napoleón Bonaparte fue uno de los generales y estrategas más grandes que ha caminado por la faz de la Tierra y eso, en parte, contribuyó a crear un ego desmedido. Ya no sólo por las excelentes victorias militares que aún a día de hoy se estudian en las academias de medio mundo, sino también porque consiguió romper el sistema.

Napoleón nació y creció en la Francia del último rey, Luis XVI, el cual, gracias en parte a su buen hacer como general, ayudó a destronar en la revolución de 1789. Sin embargo, "la Republique" que surgió como resultado del golpe de estado no fue del agrado del general francés que, a los pocos años, decidió sustituirla por un Consulado y, posteriormente, por un imperio en el que él, Napoleón Bonaparte, era el único y legítimo emperador.

Se podrían establecer ciertos símiles entre Napoleón y Uber, como por ejemplo que los dos pretendían cambiar el orden de las cosas, los dos pretenden imponer su propio orden y los dos acabaron convirtiéndose en el nuevo orden, tan similar al anterior. Y eso fue, en parte, lo que llevó al general francés a su derrota más sonada, Waterloo.

De momento, la compañía norteamericana no se ha encontrado con ningún escollo y aún está a tiempo de cambiar. Y digo de momento porque Google no ha querido pronunciarse al respecto y Amazon no quiere enseñar las cartas todavía. Sin embargo, como comentaba antes, el ego desmedido es el gran enemigo de esta sociedad y puede que se convierta en el de Uber si no se impone unos límites, ya no solamente éticos, sino también coherentes. El afán de convertirse en la siguiente revolución social puede hacer que se encuentre con enemigos muy duros que no le convienen para nada, pero sobre todo, cuando llegue allí arriba, puede encontrarse en que se ha convertido en lo que quiso destronar y para entonces ya habrá otro que esté empezando otra revolución.