Durante el año 2010, Apple presentó dos de los productos más icónicos de la marca: el iPhone 4 y el iPad original. El primero de ellos supuso el mayor salto que vivió el iPhone hasta aquel momento, gracias a novedades como una pantalla de altísima resolución –algo que ningún otro fabricante ofrecía en aquel momento–, un diseño industrial que enamoraba –y sigue enamorando a día de hoy, la verdad–, una cámara espléndida, un nuevo SoC realmente potente, buena duración de batería y iOS 4, una versión que aportó novedades como la multitarea o las carpetas. El segundo de ellos, supuso el comienzo de una nueva y exitosa categoría de producto; o, mejor dicho, la reinvención de la misma, algo que Apple ya hizo años atrás con el iPhone, el iPod e incluso los ordenadores.

Ese año fue muy dulce para Apple, con dos productos realmente innovadores que dejaban a la competencia atrás en todos los aspectos. Android aún estaba dando sus primeros pasos, Windows Phone era aún un proyecto y tanto BlackBerry como Nokia (que en aquel momento usaba Symbian) estaban en plena decadencia. Apple era, indiscutiblemente, el rey en el sector móvil.
La pérdida de Jobs y el exponencial crecimiento de Android, hicieron que 2012 fuera un punto de inflexión para Apple
Pero eso comenzó a cambiar en 2011 con la llegada de una armada de dispositivos Android completos y, sobre todo, de Android 4.0 Ice Cream Sandwich, una versión que cerró considerablemente el gap existente entre iOS y Android. En el sector móvil, Apple perdió algo de terreno ese año, aunque con productos como el iPhone 4S, Siri, iOS 5 y el iPad 2, la compañía seguía siendo el líder indiscutible. Ninguna tablet se acercaba en experiencia de usuario al iPad y, aunque había smartphones de gran calidad, ninguno era tan completo como el iPhone 4S –tan solo el Samsung Galaxy S2 y el Samsung Galaxy Nexus se acercaron peligrosamente ese año.

2012 fue el punto de inflexión. Además de la reciente muerte de Steve Jobs –que más que un CEO y cofundador era un líder espiritual para la compañía–, el mercado cambiaba, los clientes buscaban pantallas más grandes y otras características. Los fabricantes Android las ofrecían, algo que, combinado con la exponencial mejora que experimentó Android en escasos meses –principalmente con Ice Cream Sandwich y Jelly Bean, que aportaron un nuevo look, una mayor fluidez y funciones interesantes como Google Now–, provocó una migración masiva de usuarios a Android. Ante ese cambio de paradigma, Apple se vio obligada a aumentar el tamaño de pantalla del iPhone hasta las 4 pulgadas, una idea que habían rechazado durante años. No obstante, ese aumento de pantalla no fue suficiente. Aunque el iPhone 5 era un excelente terminal en términos de hardware, iOS 6 apenas trajo novedades que exprimieran esos componentes. Además, la compañía parecía vagar sin rumbo tras la muerte de Steve Jobs, en un camino lleno de incertidumbres y de inseguridad.

Todo eso, combinado con el fortalecimiento paralelo de Android y su partners, fue un golpe de atención importante para Apple, quien veía cómo ese liderazgo que había mantenido desde 2007 en la industria móvil, comenzaba a desaparecer –también en el mundo de las tablets, aunque en ese sector de una forma mucho menos peligrosa, pues el iPad seguía siendo líder en experiencia de usuario, a pesar de que el resto de fabricantes comenzasen a vender grandes cantidades de sus tablets–. Era el momento de hacer cambios profundos para continuar entre los fabricantes top del sector.

Apple iPhone

Los de Cupertino no se demoraron, y comenzaron a caer las primeras torres: Scott Forstall, una de las personas más influyentes en el equipo de desarrollo de iOS, fue destituido. Su lugar lo ocupó el ingenioso Ive, un diseñador industrial que ha sido alabado en multitud de ocasiones por el excelente trabajo que había hecho con los diseños de los Macs, iPhones y iPads. A este se sucedieron otros cambios de menor magnitud aunque, igualmente, importantes en el futuro de la compañía. Todos ellos liderados por Tim Cook, un CEO elegido por Steve Jobs que, ante esa relativamente crítica situación de Apple, fue bastante cuestionado.
En 2013 pudimos ver los primeros síntomas de cambio, pero aún quedaba mucho por hacer
El primer fruto de estos cambios fue iOS 7, el mayor cambio que ha sufrido iOS estéticamente desde su lanzamiento inicial. La apariencia cambió por completo –de una forma más o menos acertada, ese es otro debate–, aunque manteniendo la esencia característica de iOS. Esta nueva versión del sistema operativo, junto con la sólida gama de Macs presentada durante ese año (Mac Pro, MacBook Air con 12 horas de batería, MacBooks Pro con pantalla retina de 13 y 15"...), los nuevos iPads Air y Mini con Retina Display y el flamante iPhone 5s, demostraban que algo había cambiado en la compañía. Apple parecía estar en plena metamorfosis: por fin estaba despertando.

Pero ese fue solo el primer paso. Esa metamorfosis parece que tendrá su punto culminante durante este mismo año, y ya lo pudimos ver en la pasada WWDC 2014. Apple tiene ahora una imagen más fresca, más innovadora, más atrevida y, sobre todo, más inteligente.

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Con iOS 8, la compañía por fin escuchó a los usuarios y a los desarrolladores y les proporcionó las características que llevaban deseando varios años (como los teclados de terceros o las extensiones para que las aplicaciones puedan interactuar entre sí). La mayoría de ellas, probablemente, no fueran novedades demasiado grandes en lo que a innovación se refiere –pues muchas de ellas ya las encontrábamos en otros sistemas operativos como Android–, pero la trascendencia de estas es realmente destacable. No solo por las puertas que abren a los desarrolladores y por cómo mejorará la plataforma iOS, sino porque demuestran que algo ha cambiado en la mentalidad de Apple. Ahora están dispuestos a innovar –apreciable en funciones como Handoff, Metal y Swift– y a cerrar todos esos agujeros que han tenido durante estos años, aunque eso implique renunciar a muchos de los principios que la compañía ha mantenido firmemente durante mucho tiempo. ¿Una Apple más abierta y transparente (con productos como iCloud Drive y las extensiones para aplicaciones)? Eso era impensable hace años, en cambio ahora es una realidad.
Yosemite y iOS 8 reflejan fielmente el nuevo camino de Apple lejos del conservadurismo
De la misma forma, con Mac OS X Yosemite, la compañía ha unificado aún más su ecosistema, haciéndolo más fuerte y potente que nunca. Y no me refiero solo a la unificación en términos de diseño. Hablo de funciones como Handoff, Continuity y iCloud Drive, las cuales demuestran que Apple sigue siendo capaz de innovar –y además hacerlo de forma inteligente y útil para los usuarios, a diferencias de otras compañías del sector (véase Samsung con el Galaxy S4 y las decenas de funciones "de relleno" que este incorporó).

Esta sensación de cambio en Apple también fue apreciable en la keynote en sí. Esta fue fresca y divertida. Se percibía seguridad de todos los integrantes de Apple sobre todo lo que decían y presentaban. Nada que ver con las de años anteriores (hablo del periodo entre 2011-2013), las cuales eran monótonas, aburridas, sin apenas sorpresas y parecían mostrar inseguridad. Esas sensaciones de intriga, de sorpresa y de alegría que muchos de los fans de la marca –y no tan fans– vivían en cada keynote de Apple dirigida por Steve Jobs, volvieron a estar presentes en la WWDC 2014. Y, claramente, uno de los grandes responsables fue Craig Federighi, quien llevó la keynote con una soltura, una amenidad y una maestría que muchos echábamos de menos en Apple. Eso, combinado con todas las novedades que presentaron –que también mostraban síntomas de cambio y de más frescura en la compañía–, acabó como una de las mejores keynotes de la compañía en los últimos años.

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Es cierto que aún no hemos visto hardware de Apple en este año 2014, pero, si los rumores y las filtraciones acaban siendo ciertos, los productos que veremos en otoño también representarán a la perfección esa sensaciones de cambio, de frescura, de inteligencia, de más apertura y de innovación anteriormente descritas. Ejemplo de ello es el rumoreado MacBook Air de 12 pulgadas con pantalla retina, el futuro iPhone 6 (que dará el salto a las 4.7 y a las 5.5 pulgadas, entre otras novedades), los próximos iPads (que partirán de la excelente base que suponen los iPad Air y iPad Mini con retina display) y, sobre todo, el tan esperado iWatch, que según Reuters llegará este mismo año.

Apple está de vuelta, por fin. La compañía ha despertado del coma en el que ha estado durante estos últimos años y ha encontrado la forma de mantenerse entre los referentes del sector a pesar de la ausencia de su indiscutible líder, Steve Jobs. Para ello, han dejado a un lado el conservadurismo y han decidido apostar por los cambios (tanto estructurales como en algunos principios de la marca que parecían irrefutables), lo que ha resultado en una nueva imagen más atrevida, más abierta, más segura, más moderna y más cool. Esta es una nueva Apple, y puede que sea mucho mejor que la que hemos conocido hasta ahora.