Después de 7 largos años tras la presentación del primer iPhone, la batalla porque la batería de un smartphone aguante más de un día de uso intensivo continúa en primera línea. En el caso de los wearables la cosa mejora bastante, llegando hasta prácticamente los 6-7 días de uso normal, sin embargo el descubrimiento de un grupo de investigadores coreanos podría provocar que en el futuro ni siquiera tuviésemos que preocuparnos por conectarlos a un cargador. ¿La fuente de energía? Nosotros mismos y nuestro calor corporal.

La experimentación con generadores termoeléctricos lleva ya algún tiempo en marcha pero por primera vez han conseguido reunir en un mismo dispositivo dos aspectos que son cruciales si queremos utilizarnos en un wearable: la flexibilidad y el tamaño.

El camino desde que este tipo de dispositivos son descubiertos hasta que tienen una aplicación útil en la vida real suele ser largo y arduo. Es interesante sin embargo observar como la tecnología se ha movido de ser asociada a algo fundamentalmente estático (un PC de sobremesa en los 90) a algo móvil, dinámico y que acompaña al usuario a lo largo del día (un smartphone, una pulsera de actividad, cualquier tablet).

Unido a ello, hay más propuestas sobre la mesa para aprovechar esta circunstancia como gadgets que se recargan con el propio movimiento a lo largo del día o teléfonos capaces de alimentarse y recargarse con una mínima cantidad de luz solar. Hasta ahora, y aunque alguno de los últimos terminales presentados, como el Galaxy S5, mejoran sustancialmente la duración de la batería la mayor parte de la innovación en wearables y en smartphones se ha enfocado en aspectos como la pantalla, el sistema operativo o la calidad construcción.

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