Hace unos cuantos años, unas pocas canas y unos muchos Galaxy, yo trabajaba de comercial para una operadora móvil. Era la época de eclosión de Android, cuando cada vez más clientes querían un smartphone al que se le pudiesen instalar aplicaciones, sin tener que gastar el dinero de ir a por un iPhone, que de hecho en aquella época todavía se vendía únicamente con Movistar en España.

Los primeros Galaxy S no tenían un nivel tan alto, pero dotaron a Samsung de una ambición enorme.Esa alternativa venía en forma de Android. Y aunque a Samsung le costó un poco más alcanzar la trascendencia con esta plataforma, bien por dominio de HTC, bien por los esfuerzos en un Bada que nació ya enfermo, acabó dominando con una estrategia clara: un gama baja, el Galaxy Mini, a precio de chiste; un gama media, el Galaxy Ace, como alternativa económica al iPhone (ayer me dejó de doler la cara de reírme de esto); y un terminal de gama alta que abría denominación y momento histórico en Casa Samsung: el Galaxy S. Entre medias, decenas de iteraciones y variantes para asegurarse de que Samsung podía ofrecer un Galaxy para cada necesidad. Otra cuestión que ya resolvimos es por qué Samsung escogió la marca "Galaxy".

Sigo pensando que el Galaxy S fue poco menos que un éxito inesperado. Y desde luego, que fue una mala copia del iPhone 3GS en gran medida. Pero plagios y mediocridades de principiante (¿alguien más recuerda esa AMOLED que azuleaba colores como nadie?) al margen, el Galaxy S consiguió germinar una ambición en Samsung por hacerse con el reinado en la industria móvil. Esa ambición cayó como una bruma y envolvió a Samsung de tal manera que abrió poco a poco el camino a terminales genéticamente preparados para convertirse en reyes del mercado con las cifras en la mano.

El modelo de 2011, el Galaxy S II, no fue más que una iteración básica del primer modelo: más pantalla con misma resolución y a cambio menos densidad, una cámara trasera de mayor resolución, un panel Super AMOLED+ para corregir las muchas carencias del Galaxy S, y puesta a punto de procesador y GPU. Pero nada verdaderamente rompedor como para considerarlo un gran salto respecto a su predecesor. Algo similar a lo que vemos en los iPhone 's', o incluso menos.

Galaxy S III, la primera seña de identidad propia.En 2012 las tornas sí cambiaron. Llegaba el modelo en el que por fin Samsung otorgaba un diseño propio a su flagship y dejaba a un lado los intentos de hacer un iPhone. Samsung Galaxy S III. Esto no sólo fue así con su hardware, también se extendió a su software. Comenzamos a ver algo más colorista y vivo en los Galaxy S, pero a qué precio. Hablo de aquella renovación de TouchWiz, quien ha acabado teniendo más de lacra que de valor añadido en los Samsung. No obstante, el Galaxy S III ya era algo claramente distinto a lo visto hasta entonces en su gama. Era mucho más atractivo, pese a sus peros y asteriscos como la pantalla que nos hizo descubrir lo que era PenTile, un policarbonato lejos de ser noble o, una vez más, ese TouchWiz.

Por aquel entonces Samsung ya sabía lo que era dominar el mercado y meterse récords de ventas y beneficios en el zurrón regularmente trimestre tras trimestre. Un marketing casi tan exagerado como su portfolio de terminales fue la clave, en mi opinión al menos. Si no, es difícil explicar que el desequilibrio entre las ventas del Galaxy S III y el HTC One X fuera tan grande, cuando en bastantes aspectos el segundo superaba al primero.

El S4 fue, contextualizando, el mejor de todos los Galaxy S.Y hace casi un año, llegó el cuarto. El mejor de todos en el contexto del lanzamiento de cada uno. El Samsung Galaxy S4. Un terminal que si tuviera que resumirlo, sería refiriéndome a él como un gama alta muy compensado. Su pantalla es buena, pero no excelente. Su cámara en buena luz es espectacular, siendo discreta en baja luz. Su diseño a nivel estético me parece precioso, especialmente en color blanco, pero sus acabados no tanto, sobre todo por ese bisel de falso aluminio. Y me gusta que lleve Android por la versatilidad que tiene, pero TouchWiz no, gracias. Me gustó bastante, pero estaba un peldaño por debajo del Top. Eso no fue obstáculo, una vez más, para alcanzar en octubre de 2013 los 40 millones de ventas.

A nivel personal, me gustó el Samsung Galaxy S4 porque superó mis expectativas cuando creía que el nivel iba a quedarse en mediocre. Por suerte no fue así. Y ahora, tengo más fe que nunca en el modelo de este año, el Samsung Galaxy S5. Motivos hay de sobra. La excelente pantalla del Samsung Galaxy Note 3, el reciente acuerdo con Google para estandarizar la interfaz usada con Android 4.4 KitKat, o pistas de cómo podría ser su diseño a través de un negro precioso en el Galaxy S4 Black Edition, mucho mejor que el azul oscuro característico, o por el aluminio del Galaxy J.

Faltan ya sólo días para verlo en directo en pleno transcurso del MWC 2014. En Hipertextual estaremos allí, en el CCIB de Barcelona el 24 de febrero por la noche (española) para conocerlo y contaros nuestras impresiones del terminal. El Samsung Galaxy S5, el Galaxy S que más expectativas ha conseguido levantar en mí, al menos, y llega en la mejor forma. Lo conseguido en los últimos meses con Galaxy Note 3 y lanzamientos regionales o parciales como los mencionados Galaxy J y Galaxy S4 Black Edition son buenas señales. Ahora falta que llegue superando carencias anteriores, como un TouchWiz que ahora sí promete o unos mejores materiales y acabados. Si no lo hace, será como una magdalena sin vaso de leche. Si lo hace, pueden ir preparándome uno en la tienda de la esquina de casa. De momento, nos vemos en Barcelona el día 24. Stay tuned.