Quetzal es un nuevo microsatelite desarrollado para monitorear la contaminación atmosférica en distintas ciudades de latinoamérica, con unos antecedentes peculiares y poco comunes, ya que este proyecto es producto del trabajo en equipo de la** Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)** y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el mísmísimo MIT, cuya presencia dentro del país es cada vez más patente, entre la existencia de esta clase de desarrollos y la llegada próxima de su división de impulso a negocios el Enterprise Forum MITEF, que abrirá oficinas en la ciudad de Guadalajara en este mes de febrero.

En lo que respecta a Quetzal, este 2014 se cumplirá un cuarto de siglo del primer lanzamiento de un satélite científico por parte de la UNAM, de manera que el desarrollo de este proyecto, de la mano de investigadores y estudiantes de la Facultad de Ingeniería, en conjunto con la gente del MIT, representa un avance simbólico y significativo en la trayectoria de esta casa de estudios.

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Costará 10 millones de USD. Según reporta el diario La Razón, el microsatelite Quetzal, con dimensiones de apenas 50 centímetros de longitud, altura y ancho, está diseñado para analizar los flujos de contaminación atmosférica en distintas ciudades de América Latina. Desarrollado bajo la supervisión del Centro de Alta Tecnología (CAT) de la UNAM, este proyecto se encuentra actualmente en su fase de construcción de prototipos, con una proyección para ser finalizado hasta el año 2019, fecha en la que se abordaría la posibilidad de ponerlo en órbita, una vez que haya sido avalado y certificado por las intancias pertinentes, para que ejecute sus funciones a una altitud 800 kilómetros sobre la tierra.

El microsatélite Quetzal tiene un costo estimado de cerca de 10 millones de dólares, y lleva ya más de cinco años en desarrollo, desde la concepción de su primer boceto durante un taller universitario de investigación espacial organizado por esta casa mexicana de estudios. De acuerdo con el coordinador del proyecto, el profesor, Saúl Santillán Gutiérrez, en entrevista con la publicación, uno de los matices de intención de este proyecto es el de demostrar la capacidad y situación de este ramo en México:

Tenemos que reconocer que somos un país en el cual no tenemos una cultura tecnológica y es muy débil la cultura científica.

40 investigadores y estudiantes trabajan actualmente en Quetzal, realizando contantes procesos de revisión y colaboración con personal del MIT e incluso la Agencia Espacial Mexicana (AEM). La capital de México, el Distrito Federal es una de las ciudades más contaminadas del mundo, y esta situación fue uno de los detonantes para desarrollar este artefacto tecnológico que ayude al análisis y recolección de datos sobre este fenómeno.

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