Si sigues la actualidad en prensa, o en los informativos de televisión, posiblemente hayas oído hablar de las revueltas que se han producido en Ucrania. La situación está muy tensa y en Kiev, la capital del país, se han producido grandes disturbios y altercados entre los ciudadanos y la policía tras el aparente retroceso en cuanto a libertad de expresión o de reunión se refiere (además de la negativa del Gobierno a "acercarse" a la Unión Europea). Además de la intervención de la policía, el Gobierno parece haber encontrado un nuevo método disuasorio para evitar que los ciudadanos se concentren y protesten: el envío masivo de SMS.

Aunque pueda sonar a campaña de marketing, el Gobierno de Ucrania ha decidido emular la novela de George Orwell "1984" e inspirarse en la NSA, y en su uso de las redes de comunicación, para realizar el seguimiento de los ciudadanos e invitarlos a "marcharse a su casa" si se aproximan a una zona en la que se está produciendo una manifestación.

Si bien la idea nos puede sonar a régimen totalitario, la realidad es que, según publicaba el New York Times, algunos ciudadanos de ucrania comenzaron a recibir mensajes de texto por el mero hecho de estar en las inmediaciones de una "zona caliente":

"Estimado cliente, ha sido registrado como participante en los disturbios masivos".

Reconozco que recibir un SMS de estas características no debe ser nada agradable; es más, creo que uno debe sentirse bastante indefenso y vulnerable si recibe un mensaje de estas características. Lo peor de este tipo de medidas es que, realmente, son bastante arbitrarias porque lo más seguro es que el Gobierno de Ucrania haya utilizado algo tan simple como la geolocalización basada en celdas y estaciones base.

Uno de los parámetros que controlan los operadores es nuestra ubicación; concretamente, se controla el identificador de la celda que nos da servicio y, por tanto, al conocer la celda se sabe qué estación base nos presta cobertura y dónde estamos.

Dicho de otra forma, cualquier persona que viva en las inmediaciones de las protestas (aunque no se una a las mismas), es susceptible de recibir ese SMS amenazante. Si nos paramos a pensar que, en una zona urbana, podemos encontrar estaciones base con un radio que oscila entre los 700 metros y los 2 kilómetros, creo que es fácil hacerse una idea de lo arbitrario y, a la vez, amenazante de esta medida.

Aunque la medida sorprenda, creo que es más por el contenido del mensaje (y lo retorcido de la medida) que por la tecnología que realmente hay detrás. Este tipo de datos son facilitados por las operadoras con bastante frecuencia, normalmente bajo mandato judicial, a los cuerpos de policía; en el momento que nuestro móvil está encendido y vamos cambiando de estación base, este hecho se registrado por los operadores y, por tanto, es posible trazar por qué zonas nos movemos (aunque no de manera precisa la posición que tenemos).

Algunos años antes de que se integrase, de manera masiva, el GPS en los teléfonos móviles y que estos tuviesen Wi-Fi; los usuarios podíamos instalarnos la aplicación de Google Maps y, en base a las celdas, obtener una localización aproximada sobre el mapa.

Y por cierto, ¿funcionó el método? A pesar del intento para amedrentar a los ciudadanos, parece que el SMS no surtió efecto y los manifestantes siguieron con sus protestas a pesar de la "amenaza tecnológica".