Gente como W. Mark Felt, Daniel Ellsberg o Bradley Manning han cambiado la forma que tenemos de ver el mundo; nos contaron la verdad de lo que estaba pasando y dieron un paso al frente para disipar las cortinas de humo del Gobierno de Estados Unidos. A esta lista de "reveladores de secretos" hay que sumar el nombre de Edward Snowden, el analista de la NSA que ha puesto sobre la mesa los continuos abusos y violaciones de privacidad de la NSA sobre servicios de Internet o llamadas telefónicas. Al trabajo de Snowden, evidentemente, también tenemos que sumar la valentía de diarios como The Guardian que apostaron por contar la verdad y mostrar a la opinión pública el "descontrol" de la NSA y el GCHQ de Reino Unido a pesar de las consecuencias que les puedan llegar.

The Guardian ha sido muy valiente y ha cumplido con el principio básico del periodismo: contar la verdad; una tarea que no siempre es sencilla y, demasiadas veces, se ve entorpecida por presiones gubernamentales o de accionistas. El caso Snowden es, para Estados Unidos, algo más que una revelación de secretos; ha tambaleado los pilares de su política exterior (ha espiado a países aliados) y ha dibujado una NSA que presiona a las empresas de Internet y sobrepasa la frontera de sus funciones al espiar, aunque aleguen que fue por error, a ciudadanos estadounidenses.

Los archivos de Snowden incomodan y han cambiado, en muchos aspectos, la forma con la que miramos a empresas de Internet o a Estados Unidos y Reino Unido. Estados Unidos desconoce, a día de hoy, qué información pasó Snowden a The Guardian y, esta inquietud, se ha materializado en presiones al diario británico. El pasado mes de agosto, las oficinas de The Guardian fueron registradas y el diario recibió presiones para "destruir" la información que Snowden les había pasado. Glenn Greenwald, el periodista responsable del caso Snowden, vive en Brasil y su pareja fue retenida en el aeropuerto de Heathrow y sometida a un "interrogatorio" bajo el amparo de la legislación anti-terrorista y todo el material informático que llevaba le fue confiscado.

Oficinas de The Guardian
Howard Lake en Flickr

The Guardian investigado por Reino Unido

No hay que mirar muy atrás en el tiempo para recordar el caso de Bradley Manning, el soldado responsable de filtrar a WikiLeaks las "vergüenzas" de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Manning pasará 35 años en prisión por contar la verdad; sus filtraciones llegaron a ser consideradas por la fiscalía una forma de "ayudar al enemigo" (un eufemismo de la traición).

¿Y por qué miro hacia Bradley Manning? No ha pasado tanto tiempo entre la sentencia de Manning y lo que hoy ha ocurrido en Reino Unido. Alan Rusbridger, editor en jefe de The Guardian, ha comparecido hoy ante una comisión del Parlamento Británico para hablar del caso Snowden. ¿El motivo? El Gobierno considera que las publicaciones de The Guardian afectan a la seguridad nacional y a sus espías.

Rusbridger ha declarado que, hasta ahora, el diario ha publicado un 1% de los más de 58.000 documentos que The Guardian ha analizado entre el material que Snowden les confió. El editor en jefe de The Guardian considera que son unos patriotas y que su deber, como defensores de la democracia y la libertad de prensa, es contar la verdad a los ciudadanos. La afirmación, aunque nos pueda sonar como un cliché tiene mucho sentido porque, durante su comparecencia, a Rusbridger se le preguntó si, realmente, amaba a su país.

Cuando contar la verdad se convierte en un acto de terrorismo

Decía Oscar Wilde que "el patriotismo es la virtud de los depravados"; el patriotismo es un escudo del que se suele abusar y que, en determinadas ocasiones, hace que países que son garantes de la democracia se conviertan en aquellos países que critican o que pretenden invadir. Reino Unido es una democracia; sin embargo cita al editor de un periódico por publicar la verdad de lo que hacen Reino Unido y sus aliados.

GCHQ
Wikimedia Commons

Desde la Unidad Especial de la Policía de Londres ya han anunciado que están investigando a The Guardian para ver si sus publicaciones son constitutivas de delito ya que, bajo su criterio, los documentos de Snowden son una amenaza para las operaciones de Reino Unido. Rusbridger ha dejado claro que han sido muy meticulosos a la hora de publicar información y que no han revelado nombres o información que comprometa la seguridad; sin embargo, en la comisión se ha lanzado el "aviso" que la publicación de información sobre las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia es un delito y, de hecho, les preocupa mucho que toda la información entregada por Snowden no se esté custodiando de manera segura.

A pesar de todas estas presiones, Rusbridger ha comentado que The Guardian cuenta con un equipo formado por los mejores periodistas del mundo y que, por tanto, seguirán examinando minuciosamente, y con responsabilidad, la documentación entregada por Snowden.

Sin Bradley Manning y Assange nunca hubiésemos sabido la verdad de lo que pasaba en Irak y Afganistán, sin W. Mark Felt, Carl Bernstein y Bob Woodward no se habría sabido nada sobre el caso Watergate y, obviamente, sin Edward Snowden y The Guardian tampoco conoceríamos la verdad sobre las actividades de la NSA.

La verdad solamente tiene un camino y el mundo necesita de periódicos valientes que estén dispuestos a contar lo que está pasando.