Ciencia

La ciencia enemiga: cuando las malas prácticas llegan al gran público

Por 19/12/13 - 17:31

La irresponsabilidad también está presente en la ciencia. Diagnóstico genético, homeopatía y transgénicos son solo tres ejemplos de malas prácticas científicas. ¿Su objetivo? Confundir a la ciudadanía.

La ciencia enemiga: cuando las malas prácticas llegan al gran público

La prevaricación se define como aquel delito cometido por una autoridad, juez o funcionario público que dictamina una resolución a sabiendas de que es injusta. En los últimos años, parece que los tribunales se han inundado de casos de este tipo, muy relacionados con la corrupción.

Se trata, en cierta manera, de trasladar la irresponsabilidad profesional al ámbito político y económico. Hacer algo mal sabiendo que está mal. Estas imprudencias se pagan caro, pero no solo afectan directamente al sector público. Por desgracia, la mala praxis está muy presente en cualquier práctica de nuestro día a día. También en la ciencia.

Podríamos pensar que este tipo de negligencias se sitúan especialmente en el ámbito científico en estrecha relación con la medicina. Pero no es así. Hace unos meses en ALT1040 repasamos algunos de los errores científicos memorables, los epic fails más sonados de la I+D+i. Hoy queremos profundizar de nuevo en este tema, haciendo un repaso de 2013.

Diagnóstico genético: no todo vale

La medicina personalizada es una de las grandes esperanzas de los pacientes y los profesionales médicos en la actualidad. Buena parte del campo de la salud ha depositado en la secuenciación del ADN y sus análisis bioinformáticos las esperanzas para entender el origen de muchas enfermedades, incluido el cáncer.

malas prácticas científicas
Pero no solo eso. Tal vez en el futuro la lectura del ADN podría ayudarnos a prevenir de forma temprana el desarrollo de algunos problemas médicos, especialmente aquellos que son de tipo hereditario.

Por este motivo, tras la finalización del Proyecto Genoma Humano, fueron muchas las compañías biotecnológicas que apostaron por el diagnóstico genético como negocio: ofrecer a posibles pacientes la secuenciación de su ADN para que pudieran conocer su predisposición a padecer una enfermedad u otra.

Entre estas empresas, destacaba 23andMe, la compañía fundada por Anne Wojcicki, y respaldada con grandes inversiones de Google. Entre sus productos estrella, destacaba fundamentalmente un test genético que por solo 99 dólares permitiría conocer más sobre lo que dice nuestro ADN. ¿El problema? Según la agencia reguladora FDA de Estados Unidos, los resultados podrían ser malinterpretados y dar lugar a falsos diagnósticos.

En otras palabras, la FDA no confiaba en la fiabilidad del test ofrecido por 23andMe. ¿Qué dicen los investigadores? Hemos hablado con Sara Monzón, investigadora del Servicio de Diagnóstico Genético de la Unidad de Tumores Sólidos Infantiles del Instituto de Salud Carlos III y sus respuestas son claras:

En la actualidad, el diagnóstico genético se usa como mecanismo de comprobación de una enfermedad, y en ocasiones, para saber si esta presenta un origen hereditario. Puede ser útil en el caso de que usemos el diagnóstico genético para relacionar una determinada mutación germinal caracterizada previamente y que se asocie bien (estadísticamente) con una enfermedad. El problema está en que si una compañía nos ofrece un determinado panel genético, los resultados pueden ser engañosos para los pacientes que lo solicitan

Las malas prácticas científicas en el diagnóstico genético no están eximidas, al contrario, de una intencionalidad engañosa. El problema es que la tecnología no está suficientemente desarrollada, y la complejidad de análisis a la que nos enfrentamos es importante. No es lo mismo estudiar una determinada patología cardiovascular que centrarse en el cáncer, por ejemplo.

Y aunque queramos, no podemos acelerar la investigación más de lo debido, y menos ofrecer falsas esperanzas a personas que sufren algún problema médico. Seguramente algún día test genéticos inspirados en los de 23andMe sirvan para detectar y diagnosticar de manera anticipada algunas enfermedades. Pero vender humo para fabricar una chimenea, por triste que resulte, puede considerarse dentro de esta lista de malas prácticas científicas.

Séralini y los transgénicos: sin estadística no hay paraíso

Un estudio científico publicado por el francés Gilles-Eric Séralini alertaba hace unos meses de que el maíz transgénico podría producir tumores en ratas que lo hubieran consumido previamente. La alerta se desató entre la comunidad científica, ya que parecía ser un análisis claro de que los organismos modificados genéticamente no eran tan inocuos como se pensaba.

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Pero no fue así. Si introducimos en este artículo el delito de prevaricación científica, Séralini sería condenado por dos razones. La primera, utilizar como modelo animal de su estudio una variedad de ratas propensas a desarrollar tumores a lo largo de su vida (sin haber ingerido una pizca de alimento transgénico). Los transgénicos no producen cáncer, según las investigaciones disponiblesLa segunda, usar unas herramientas estadísticas deplorables, criticadas por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en este informe.

Las "conclusiones de Séralini no alcanzaban los criterios científicos suficientes como para considerar el estudio como válido". En otras palabras, la investigación del francés se encontraba dentro de esas malas prácticas científicas, ya que no había realizado su trabajo con el modelo animal adecuado, ni tampoco lo había interpretado de manera correcta.

La alarma sanitaria, por tanto, fue en vano. De hecho, hace solo unas semanas, la propia revista donde Séralini describió sus conclusiones, rechazaba los resultados de esta investigación. La metodología y los resultados hallados presentaban defectos muy serios: no tenían validez científica. Era oficial, la revista Food and Chemical Toxicology retiraba el estudio de Séralini: los transgénicos no producían cáncer.

¿Los productos homeopáticos no tienen que demostrar su eficacia?

Las declaraciones de Belén Crespo, directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, en el diario El Mundo, en las que afirmaba que "no todos los medicamentos homeopáticos tienen que demostrar su eficacia, depende del tipo que sea", levantaban una gran polémica entre los defensores de la evidencia cientíca como pilar de la medicina moderna.

Y es que como explicó Antonio Orbe, la homeopatía es un engaño. Los casi 5.000 artículos científicos disponibles en PubMed estudiando su eficacia jamás han conseguido demostrarla. Los productos homeopáticos o no funcionan, o su efecto es similar al del placebo.La eficacia de los productos homeopáticos es similar a la del placebo

Sin embargo, se siguen vendiendo en nuestras farmacias, generando millones de dólares para una industria con fuertes intereses económicos. Por suerte, parece que al menos en España algo está empezando a cambiar. La semana pasada la Organización Médica Colegial rechazaba el uso de terapias que no se basaran en la evidencia científica, como es el caso de la homeopatía.

En este último caso, las malas prácticas científicas no llegan de la mano de la comunidad investigadora (bien del sector privado, como 23andMe, o del público, como en el caso de Séralini). La irresponsabilidad es política, y además muy grave, ya que posiciona intereses económicos por encima de la salud de los pacientes.

Como vemos, nos encontramos con tres casos de malas prácticas científicas, donde al final el que paga las consecuencias es el ciudadano. La desinformación o la contaminación de las noticias y las investigaciones es una praxis rechazable, ya que puede generar falsas esperanzas o alertar sobre riesgos inexistentes.

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