El Renault Twizy nació en el año 2009 en el Salón de Frankfurt y comenzó su andadura comercial en 2011. Se fabrica en Valladolid, España, y desde Renault creyeron que sería la alternativa perfecta para la movilidad del futuro porque iba a ser barato, pequeño y 100% eléctrico. De estas tres premisas podemos decir que casi cumplen con todas, aunque con matices. La apuesta fue diferente y muy arriesgada. Las ventas nunca han sido muy elevadas pero ha conseguido escenificar como ninguno la movilidad urbana totalmente eléctrica y por eso quisimos probarlo a fondo, incluso fuera de su hábitat natural: la ciudad.Lo primero que llama la atención es su aspecto, sus formas y su tamaño. En las fotos parece más grande pero lo cierto es que es bastante pequeño. Por medidas (2,4 metros de largo, 1,2 de ancho y 1,4 metros de alto) se sitúa por debajo de un Smart ForTwo y en ambos entran dos personas, eso sí, en el Smart van colocadas de manera convencional y en el Twizy van una detrás de la otra, en tándem, como en una moto.

Del Renault Twizy se comercializan dos variantes: 45 y 80. Las diferencias entre ambas son la potencia y la necesidad de un carnet de conducir o una licencia de ciclomotor. Nuestra unidad, la 80, desarrolla una potencia de 13 caballos. Puede parecer poca pero hay que recordar que el Renault Twizy no es un coche, es un cuadriciclo pesado, algo que debe quedar muy claro.

Con esta potencia, el pequeño eléctrico es capaz de alcanzar los 84 kilómetros por hora de velocidad máxima limitada electrónicamente. Este dato no debe resaltarte mucho porque su hábitat natural es la ciudad, y aquí es donde entra en juego la ventaja de los motores eléctricos, su capacidad de aceleración. En el caso del Twizy 80 que nos ocupa hablamos de un 0 a 50 km/h en seis segundos gracias a sus 57 Nm de Par.

El interior es simple pero funcional, una cualidad del Renault Twizy

Echar un vistazo al interior de un Renault Twizy es probablemente mirar un coche del pasado por la falta de elementos y la simplicidad del conjunto. El volante lo hereda de un Clio, el cuadro de instrumentos es muy simple aunque suficiente para mostrar la información necesaria (autonomía, estado de las baterías, cuentakilómetros y un pequeño indicador de eficiencia), el asiento no tiene regulación en altura y tan solo tenemos un puñado de botones.

Como nuestra unidad equipaba las puertas con ventanillas de plástico, abrir la misma requiere un trabajo extra. Hay que levantar la cremallera, accionar la maneta interior y tirar de un saliente en el propio marco para desencajar la ventanilla. Con dos operaciones que realices no supondrá ningún esfuerzo, pero es muy peculiar y poco práctico debido a que el Twizy está concebido para no tener esas ventanillas de plástico, de hecho, las puertas también son un extra.

Para que os hagáis una idea de cómo se ha concebido el Renault Twizy para no tener ventanillas, en la zona de los pedales tenemos un desagüe para el agua que pueda entrar y la tapicería es resistente al agua.

En materia de almacenaje, el usuario dispone de dos guanteras con una capacidad de 5 litros en total y contando una de ellas con cierre con llave para guardar la documentación. Detrás del asiento posterior hay un pequeño compartimento en el que guardar algún objeto fino, como una cartera o un portátil, poco más entra. Renault ofrece una bolsa especial con una capacidad de 50 litros que se coloca sobre el asiento del pasajero.

Un aspecto clave del Renault Twizy: la fabricación

El máximo de producción previsto es de 60.000 unidades anuales.

El Renault Twizy se fabrica en España, en la planta que la marca tiene en Valladolid. El espacio total para esta tarea es de 9.000 metros cuadrados. El chasis es tubular y se necesitan soldar 164 piezas para su creación. Y quizá lo más importante, casi todo el proceso se realiza a mano, nada de robots, seres humanos trabajando. Un vehículo artesanal es muy complicado de ver en la actualidad, y el Renault Twizy es un buen ejemplo de ello.

Para que os hagáis una idea de la minuciosidad del trabajo realizado en la factoría, una vez se ha terminado de montar el Twizy, tiene que pasar un control de calidad, un test visual para evitar cualquier fallo y luego una prueba en la pista habilitada en el interior para que pueda llegar al concesionario en perfecto estado.

La calle, un miedo que hay que eliminar por completo

Ver un Twizy y pensar que no tiene ventanas e incluso puede no tener puertas seguro que te hace pensar en el vandalismo. A mí también. Pero durante el tiempo de la prueba aparqué el coche en la calle, excepto al llegar a casa, y no tuve ningún problema. El miedo que tuve fue similar a cuando dejé mi primer coche descapotable en la calle, pensaba que todo el mundo llevaría una navaja y se dedicaría a rajarme la capota.

Es cierto que te pueden quitar el freno de mano, manchártelo, romperlo... Pero también pueden pincharte las ruedas, quitar un retrovisor... Algo que pueden hacerle a cualquier coche. Todo dependerá de dónde lo dejes y que tengas muy claro que no debes dejar ningún objeto a la vista.

El alquiler de las baterías es su gran hándicap

¿Prefieres leer que puedes comprar un Twizy por 5.000 euros o por 10.000? El coste de las baterías es todavía muy elevado y en Renault pensaron que era mejor cobrar una cuota de alquiler mensual por ellas que obligar al cliente a comprarlas. El motivo tiene su razón de ser en que no se sabe qué pasará con ellas en unos años, si seguirán manteniendo sus capacidades intactas o si por el contrario vamos a perder muchas cualidades.

Imagina que en 4 años tu Renault Twizy no alcanza los 40 kilómetros de autonomía, ¿qué haces?. El coche probablemente ya no te sirva para ir a trabajar. Si hubieras comprado las baterías probablemente tuvieras un problema, pero al haberlas alquilado Renault las reemplazaría por unas nuevas. Volverías a estrenar coche. Este caso es muy radical y no significa que en 4 o 5 años las baterías mueran, pero de suceder, el cliente está más seguro sino las ha comprado.

Esto tiene un coste que dependerá de los kilómetros que realicemos al año. Si no superamos los 7.500 al año la cuota es de 52 euros al mes, pero si vamos a hacer 40.000 kilómetros anuales esta cuota se dispara hasta más de 150 euros. Cuando hablo que este aspecto es su gran hándicap es por el mero hecho de la dificultad por parte de los comerciales de justificar que hay que pagar dos veces, cuando no es así, es en dos partes.

Al volante de un Twizy

Explicado el interior, las características, limitaciones técnicas y el proceso de fabricación, solo queda subirse a él y disfrutar. Una vez estás acomodado en el Twizy hay que presionar el pedal del freno para poder quitar el freno de mano (situado bajo el volante), girar la llave y presionar el botón D para iniciar el movimiento.

Ah bueno, y ponerte el cinturón de seguridad que, además del convencional, dispone de otro cuya función es hacer de cuarto punto de anclaje y darte algo más de seguridad en golpes laterales.

Olvídate de las concesiones al confort, en un Twizy juega un papel secundario.

Silencio, eso es lo que caracteriza los primeros metros recorridos con el Twizy, una sensación que se esfuma rápidamente debido a que el ruido aerodinámico unido al producido por las ventanillas y al canal de aire que se cuela por las puertas. De hecho, en este aspecto se parece más a una moto cubierta, como la BMW C1, que a un coche eléctrico, que se suelen caracterizan por la suavidad y el silencio en marcha.

La dirección no es asistida por lo que para realizar maniobras a baja velocidad se necesita un poco de esfuerzo físico, nada del otro mundo y no supone ningún problema para casi cualquier conductor, al pesar poco el coche (450 kilogramos) no hay que realizar la fuerza que requería un vehículo de hace 20 años sin este elemento de confort.

La maniobravilidad es muy elevada, el hecho de ser tan pequeño hace muy sencillo circular por el centro de las ciudades y la agilidad recuerda más al de un Smart ForTwo, no podrás sortear el tráfico como una moto, pero casi. Aparcar en huecos que parecen imposibles sin pagar un euro, al menos en ciudades como Madrid y Valladolid, simplifican enormemente la movilidad por el centro. Con el Twizy aparecen plazas libres donde antes sólo había un pequeño hueco.

La conducción de un Twizy por ciudad es una maravilla, y aunque no nos llovió durante la prueba, las ventanillas de plástico harían bien su función aunque por la zona inferior de las puertas se colará algo de agua. Si salimos a vías rápidas o incluso a la autovía es cuando notaremos que el Twizy no se siente cómodo y tu tampoco.

Primero porque la velocidad máxima es de 84 km/h y ver cómo te adelanta un camión, autobús, o incluso un vehículo convencional hace que te sientas muy pequeño e inseguro. El simple golpe del viento te desplaza ligeramente y la autonomía cae en picado. El Renault Twizy puede salir a autovías, pero no debe ser su único trayecto sino como parte del camino para llegar a la ciudad y disfrutar de él.

Autonomía, esa gran incomprendida

Analiza los kilómetros que recorres cada día. **¿Son menos de 50?. El Renault Twizy es tu coche. Tan simple como eso. La autonomía homologada del Twizy es de 100 kilómetros, aunque es complicado pasar de 75-80 kilómetros siempre y cuando no salgamos de ciudad y nuestra conducción sea muy eficiente. Si abandonamos este ámbito olvídate de esos 80 kilómetros y piensa más en 40-50.

Hice dos pruebas de consumo para comprobar los datos que circulan por internet y los que ofrece la propia casa. El primer recorrido fue eminentemente urbano y pude realizar 79 kilómetros hasta alcanzar un punto de recarga**. Según el ordenador quedaban todavía 5 por recorrer. Como decía anteriormente, el Twizy se disfruta por la ciudad, pero es que el propio coche nota que ese es su fuerte y te lo transmite indicando la cantidad de kilómetros que puedes hacer, muchos más que los que hace una persona en su media diaria de consumo.

Pero esta prueba está muy bien si vives en ciudad. En Madrid (y en otras grandes urbes) es muy común vivir a unos 15-20 kilómetros del centro y trabajar ahí o en los polígonos de alrededor. Este caso, que también es el mío, hace que el Twizy se quede o muy justo o directamente corto. Realizar un trayecto de 15 kilómetros de autovía y unos 10 en ciudad y tratar de volver a casa es posible, lo pude hacer todos los días sin problema. Lo que no puede sucederte es que tengas un imprevisto y debas desviarte de tu camino habitual, ahí es cuando la autonomía te puede pasar factura.

Una de las bondades del Renault Twizy es que no necesita una toma de carga específica. Se puede cargar en cualquier enchufe doméstico gracias a su conector integrado Sucko, el típico de todas las casas españolas. El cable tiene una longitud de dos metros y en la mayoría de casos es suficiente, aunque la marca avisa que no recomienda el uso de alargadores. En poco más de tres horas se puede tener las baterías totalmente cargadas, algo que, en función de la tarifa eléctrica que tengamos, puede conllevar un gasto de entre 0,50 céntimos y un euro. Recuerda, un euro por recorrer unos 80 kilómetros y con la ventaja de tener unas revisiones periódicas mucho más baratas que un coche de combustión.

¿Qué debería tener la próxima generación del Twizy?

En mi opinión, el Renault Twizy es un produto incomprendido por estar situado en tierra de nadie. Hablar de una segunda generación cuando la primera acaba de salir al mercado es precipitado, pero quiero reflexionar de lo que necesitaría el Twizy para ser el vehículo urbano definitivo.

Para comenzar, el estilo debería definirse hacia un automóvil, esto es incorporar puertas y ventanas de verdad. Lo segundo es dotarlo de una autonomía de unos 150 kilómetros, que dentro de unos años será lo mínimo que le exijamos a un vehículo eléctrico de este estilo, y tercero, su precio y el sistema de alquiler de las baterías. El Twizy no es un producto para todos los clientes, pero sí que debería explicar mejor el concepto de alquiler de baterías, o incluso, eliminarlo.

Estas tres mejoras haría al Twizy más útil, más vehículo y más solución a la movilidad del futuro.

Conclusión

Nuestra unidad era una de las más equipadas gracias al acabado Technic. De las dos versiones existentes (45 y 80) tuvimos la más potente, la que precisa del carnet de conducir para su circulación. Además, y como extra, teníamos las puertas y las ventanillas. La factura de nuestro Renault Twizy quedó de la siguiente manera:

  • Renault Twizy 80 Technic: 8.730 euros + 52 euros mensuales por el alquiler de las baterías
  • Puertas: 595 euros
  • Ventanillas: 349 euros

El total es de 9.674 euros más el alquiler de esos 52 euros (como mínimo) al mes por las baterías. ¿Caro?. Sí, pero también diferente, y eso es lo que ha buscado Renault con el Twizy, un vehículo eléctrico que no tiene alternativa, no tiene rival porque no existe una oferta similar en el mercado. De nada sirve compararlo con otros modelos similares en precio pero no en características. El comprador de un Twizy, pocos pero hay, no valora un Smart ForTwo, no valora una moto, quiere un Renault Twizy.

Tienes que recordar, que en función de la Comunidad Autónoma en la que residas disfrutarás de una serie de ventajas fiscales y deducciones, aunque como base, debes saber que el descuento para un Twizy 80 es de 2.200 euros y para un Twizy 45 es de 1.800 euros. Con este descuento, nuestro Twizy se quedaría en 7.474 euros.

El Twizy es un nuevo concepto de movilidad, no es una moto ni un coche, ni un híbrido de ellos aunque muchos lo resumen como un vehículo con las desventajas de una moto y las de un coche pero ninguna de sus ventajas. Y no es cierto porque Twizy no quiere competir contra ninguno de estos dos segmentos, quiere crear uno nuevo, el de la movilidad en la ciudad sostenible, barata y diferente. Y esto, sí que lo han conseguido.

Pros

  • Agilidad en ciudad Carácter 100% eléctrico Mantenimiento muy asequible Aparcamiento gratuito en la calle en ciudades como Madrid y Valladolid

Contras

  • Autonomía algo escasa si no vives cerca del trabajo Es complicado vender la idea de alquilar las baterías * No tiene ayudas electrónicas ni climatización