Acababa de comenzar el año 2013 y Luis de Guindos, Ministro de Economía y Competitividad del Gobierno de España, rechazaba las acusaciones que la comunidad científica vertía sobre su gabinete: según la Plataforma Carta por la Ciencia, los recortes en investigación suponían un lastre para el futuro del país.

Ante las protestas de miles de científicos a lo largo de todo el territorio, y con la delicadísima situación vivida por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, De Guindos aseguraba que "los últimos presupuestos habían aumentado incluso un 5% las partidas de I+D".

El problema, sin embargo, no solo era económico. No se trata de pedir más dinero, sino de gestionarlo de manera adecuada, y hacer ver a la sociedad lo capital que resulta la ciencia para la competitividad española, algo que nos recordaba Bernat Soria en la entrevista que concedió a ALT1040 en julio.El Instituto Nacional de Estadística desmiente las afirmaciones del ministro

Hemos pecado de ser malos planificando, también en lo relativo a la investigación e innovación. Al contrario que Alemania, que ha aumentado su inversión en I+D en 5.000 millones de euros desde 2005, o incluso Japón, que destina el 3,7% de su PIB a ciencia, España ha optado por una economía de ladrillo y sombrilla, con la guinda de unos Juegos Olímpicos y el desarrollo de Eurovegas de por medio.

Pero en realidad Luis de Guindos mentía. Y no lo dice ningún partido político en la oposición, sino el mismísimo Instituto Nacional de Estadística, adscrito al propio Ministerio de Economía y Competitividad, dirigido por Luis de Guindos. Y es que hoy se han hecho públicas las estadísticas sobre I+D en 2012 en España, y sus resultados no podrían ser más desalentadores: los recortes en investigación son un hecho irrefutable.

La administración pública redujo su inversión en I+D durante 2012 en un 7,4%, mientras que la enseñanza superior (dependiente del Ministerio de Educación de Wert) también recortó un 7,2% con respecto a 2011. El sector privado fue el que menos contrajo su inversión en I+D, situándose en un 4,1% menos. Las cifras hablan por sí solas, pero quizás una imagen valga más que mil palabras:

El talento científico era una prioridad para de Guindos El panorama, a tenor de los datos publicados por el INE, es desolador. Las promesas que De Guindos hacía en 2012 sobre que iba a priorizar el talento científico parece que quedaron en agua de borrajas. No se entiende de otro modo que el personal dedicado a la ciencia en España se haya reducido en la administración un 4,8% y en la enseñanza pública un 4,5%.

En los tiempos que corren, donde la palabra crisis sigue provocando seis millones de parados e históricos recortes en investigación, educación y sanidad, resulta duro volver a comprobar (una vez más) cómo las promesas se quedan en el cajón desvencijado de la memoria de nuestros políticos. El INE lo ha vuelto a demostrar con cifras claras.