Seguro que recuerdas el caos que invadió el norte de Europa cuando entró en erupción el volcán situado bajo el glaciar Eyjafjallajökull, en el sur de Islandia. La nube de cenizas volcánicas que expulsó en 2010 tuvo cerrado el espacio aéreo de Europa septentrional y occidental durante 6 días. Este periodo de inactividad se tradujo en unas pérdidas para la industria de la aviación, según Airbus, de 2.600 millones de dólares. Durante este tiempo operaron el 80% menos de los vuelos con más de 100.000 vuelos cancelados en total.

Puede parecer insignificante que una simple nube de cenizas pueda llegar a ocasionar tantos problemas a los aviones, pero como te contábamos en su momento, las cenizas volcánicas son para los aviones algo así como lo que para nosotros es una enfermedad terminal.

Las cenizas volcánicas están compuestas por minerales que contienen silicio. Al ser partículas tan finas entran en los motores, invaden las partes móviles y las colapsa al fusionarse con ellas por la temperatura generada en el interior de los propulsores. Pero no sólo eso, sino que el fuselaje y el parabrisas de la cabina pueden sufrir pequeñas perforaciones, Las cenizas volcánicas podría acumularse en la cola y desequilibrar el aparato o incluso podría romper las luces al perforar los focos.

A340 : essais mesures cendres volcaniques AVOID

El caos generado, miles de vuelos cancelados, aeropuertos cerrados o personas tiradas sin poder viajar fue lo que impulsó a EasyJet y Airbus a trabajar en una tecnología que pueda detectar nubes de cenizas volcánicas para evitarlas.

Un avión militar A400M dispersó sobre la Bahía de Vizcaya, cerca del occidente de Francia, una tonelada de cenizas volcánicas, a una altura entre 9.000 y 11.000 pies, recogida de la erupción en 2010 del volcán Eyjafjallajökull de Islandia. La nube formada alcanzó 2,8 kilómetros de diámetro y tuvo unas medidas de entre 600 y 800 pies de profundidad.

Los sensores infrarrojos AVOID del A340-300, pudieron identificar las cenizas volcánicas a una distancia de 37 millas, un dato que parece suficiente para que los pilotos puedan tomar otra ruta o dar vuelta atrás. El funcionamiento sería similar al de un radar meteorológico pero específicamente desarrollado para detectar cenizas volcánicas.

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El sensor volcánico AVOID detectó la nube de cenizas y midió su densidad, que oscilaba entre 0,1 y 1 g m-2 – o concentraciones de entre 100 y 1000 µg m-3. Estas concentraciones están dentro de los niveles medidos durante la crisis volcánica del Eyjafjallajokul en abril y mayo de 2010.

Al experimento se unió un pequeño avión Diamodn DA42 de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Dusseldorf (Alemania) cuya misión era recoger muestras para contrastar con los datos registrados del A340-300.

El detector de cenizas envía imágenes a los pilotos, a la torre de control y a la aerolínea para modificar la trayectoria de los aviones con el fin de evitar la nube de ceniza. Esta información permitirá a los pilotos identificar, en un futuro, nubes de ceniza a una distancia de 100 kilómetros de la aeronave y en altitudes de entre 5.000 y 50.000 pies.

Este nuevo sistema de detección de cenizas volcánicas llegaría justo a tiempo para la próxima etapa de alta actividad volcánica. Islandia suele experimentar erupciones cada cinco años por lo que se espera algo de actividad para 2015. Los responsables de Airbus confían en poder equipar algunos aviones de EasyJet con esta tecnología para finales del próximo año.