Filadelfia ha prohibido las armas impresas en 3D como medida de precaución por lo que pueda pasar y por lo que han visto en Internet los responsables de los posibles usos de las impresoras 3D. El Consejo de la Ciudad de Filadelfia votó unánimemente para vetar de manera preventiva su posible uso armamentístico, algo que puede sentar un precedente muy peligroso.

El autor del proyecto, Kenyatta Johnson, asegura que no tiene conocimiento alguno de las consecuencias de las armas impresas en 3D ni de si realmente suponen actualmente una seria amenaza. El director de la legislación, Steve Cobb, afirma exactamente lo mismo, es una medida preventiva basada en lo que han visto en Internet.

El miedo a lo que pueda pasar y la constante puesta en tela de juicio de los norteamericanos es algo que no deja de sorprenderme. Según los argumentos presentados para que las armas impresas en 3D sean prohibidas, hay que destacar esta:

Cualquier persona puede hacer una (pistola) con una impresora 3D o incluso bombas, como las empleadas en Boston.

El problema es que ya se han realizado algunas armas impresas en 3D, por lo que el pánico en el país de las armas no ha tardado en contagiarse a las personas. La afirmación: cualquiera puede comprarse una impresora 3D, imprimir un arma ilegal (sin número de serie y sin registrar) y matar con ella está haciendo mucho daño, pero vamos a analizar si eso es ahora viable.

armas impresas en 3D

Una impresora 3D cuesta entre $1.500 y $8.000, a lo que hay que sumar el material empleado. No sale barato fabricar una pistola de esta manera pero cuando el coste de adquisición, tanto de la impresora como del material, se abarate, los dirigentes de la ciudad lo considerarán un peligro y han querido pararlo antes de que empiece.

El auge de las impresoras 3D está haciendo estragos en muchos políticos que están viendo cómo convertirlas en un arma política para ganar votos basándose en el miedo y la intimidación.

El problema no está en las impresoras 3D sino en el uso que le demos a ellas.

Pero la prohibición de las armas impresas en 3D choca totalmente con la libertad que existe en este campo para armas de fabricación tradicional. Esto deja abierto otro tema: las posibles tasas impositivas a estas impresoras en 3D. En España, por ejemplo, no se han prohibido, pero de hacerse algo, en lugar de vetar el uso de estos dispositivos se pondría un impuesto por si acaso, algo similar al canon musical. Por si acaso robas, por si acaso imprimes un arma, por si...

El precedente que puede crear esta decisión debería darnos mucho miedo porque la época de las prohibiciones basadas en el miedo a la tecnología puede que sólo acabe de comenzar.

Hay que mirar las innovaciones tecnológicas desde un punto de vista práctico y no desde el destructivo. Con una impresora 3D se pueden hacer muchas cosas, armas por supuesto, pero también venas artificiales para transplantes o incluso órganos funcionales que salvarían vidas, muchas vidas humanas. El problema no está en las impresoras 3D, sino en el uso que le demos a ellas.