El martes pasado Apple presentó los esperados iPhone 5C y iPhone 5S, sus dos nuevos smartphones. Uno de los aspectos que más se habían comentado antes de la presentación, y también después de la misma, fue Touch ID, el sensor de huellas dactilares. La inclusión de un dispositivo biométrico en el iPhone 5S es un detalle muy interesante que, sin duda, puede dar mucho juego a la hora de hacer más seguros los pagos en iTunes o un desbloqueo mucho más cómodo del terminal.

Los sistemas biométricos han evolucionado mucho en los últimos años y, como nos podemos imaginar, un sensor de huellas dactilares, hoy en día, es un sistema robusto que no es fácil de rodear. Aunque pueda sonar a solución sacada de una película de James Bond, las huellas dactilares falsas, o un dedo amputado, han sido algunos de los "métodos clásicos" a la hora de rodear un sistema de control basado en huellas dactilares. Algunos coches (como la clase S de Mercerdes) que incluían este tipo de sistemas se podían vulnerar amputando el dedo del dueño del vehículo (y aunque suene retorcido, en Malasia se han dado casos de robo de coches de esta forma) y, por regla general, existe cierta psicosis alrededor de los sistemas biométricos porque se tiende a pensar en este tipo de "soluciones radicales".

¿Y se puede rodear Touch ID usando un dedo amputado o una huella falsa de silicona? La respuesta a esta pregunta es muy simple: no, no se puede. Apple no es la primera compañía que diseña un sensor de huellas dactilares robusto y que es capaz de "evitar los dedos muertos"; de hecho, desde hace años se vienen usando sistemas que son capaces de detectar el flujo sanguíneo en un dedo (o en una mano) para comprobar que el dedo que está sobre el lector, realmente, pertenece al de una persona viva (temperatura, ritmo cardíaco, etc.).

En el caso del iPhone 5S, la comprobación no se hace con una imagen o sondeando la temperatura del dedo, se basa en un sensor capacitivo que es capaz de detectar las capas de nuestra piel y generar un mapa fidedigno de nuestra huella y su reacción ante la presencia de un campo electromagnético (que es el que se usa para detectar las capas de piel).

Obviamente, si enfundamos nuestro dedo en una funda de silicona que imite la huella de otra persona, Touch ID tampoco funcionará porque la estructura de capas de nuestra piel no coincidirá con la del dueño del dispositivo (aunque tengamos una buena réplica de la huella dactilar).

Resumiendo, si alguien desconfiaba del sensor de huellas del iPhone 5S y se temía lo peor, realmente puede estar tranquilo y no temer en que perderá alguno de sus dedos.

La detección de "dedos muertos" es algo que se lleva usando en biometría desde hace muchos años y no es algo diseñado en exclusiva por Apple; sin embargo, hay que reconocerle a los de Cupertino que su inclusión en un smartphone es una idea rompedora y bastante original.

La verdad es que viendo este sistema, no creo que tardemos mucho en verlo en diseños de otros fabricantes que decidan poner también el foco en ofrecer al usuario un nivel extra de seguridad (a la vez que hacen que la seguridad no sea una carga pesada para el usuario).

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