La impresión 3D se está convirtiendo en la auténtica revolución tecnológica e industrial de este siglo. Sus aplicaciones han llegado al mundo del arte, la medicina o incluso, la exploración espacial. Y es que la NASA ha anunciado que la primera impresora 3D llegará al espacio el próximo año.

Las pruebas experimentales para el envío de la primera impresora 3D comenzaron el pasado mes de junio. La compañía Made in Space, una start-up dedicada a la fabricación de la impresora 3D que se pondrá en órbita, probó los primeros prototipos en condiciones de microgravedad en el Johnson Space Center de Houston, en Estados Unidos.

Estos experimentos iniciales sirvieron para demostrar que la impresora 3D diseñada podía funcionar en un ambiente parecido al que se encontraría en la Estación Espacial Internacional. Este éxito garantizaba que la impresora 3D podría convertirse en la primera "fábrica espacial", de forma que se reduciría notablemente el material enviado en los viajes espaciales.

En palabras de Dave Korsmeyer, Director del Área de Ingeniería del Ames Research Center de la NASA, en una entrevista en The Guardian:

If you want to be adaptable, you have to be able to design and manufacture on the fly, and that's where 3D printing in space comes in.

Un buen ejemplo de la utilidad de la impresión 3D en el espacio lo constituye la misión Apolo 13. Tras ser lanzada el 11 de abril de 1970, experimentó graves problemas técnicos, incluyendo algunos relacionados con el sistema de filtrado de dióxido de carbono. En aquella ocasión, los astronautas tuvieron que improvisar una cubierta manual realizada con cinta adhesiva y una bolsa de plástico.

De haber contado con una impresora 3D en aquella misión espacial, este contratiempo podría haberse solucionado fácilmente, con el diseño y la manufactura de los materiales necesarios mediante la impresión 3D. Esee es un gran ejemplo de cómo esta tecnología podría ayudar a la exploración espacial.

Sin embargo, y a pesar de que las ventajas de llevar una impresora 3D al espacio son más que evidentes, la NASA y la start-up Made in Space aún tienen que resolver algunos inconvenientes pendientes. Los más importantes son los relacionados con el gasto energético de mantener una impresora 3D en órbita, y el transporte de los materiales iniciales que se usan para fabricar las piezas de interés.

La llegada de la primera impresora 3D al espacio en el otoño de 2014 supondrá un verdadero hito tecnológico, constituyendo un gran avance en la investigación espacial. El trabajo conjunto de la NASA y de Made in Space lograrán el envío a la Estación Espacial Internacional. Queda por confirmar si las pruebas realizadas en la Tierra confirman sus buenos pronósticos en órbita.