Andra Mlhali (Flickr)

Nubarrones negros en el CSIC, la entidad de investigación más importante de España. La historia del mayor estandarte de la ciencia española está repleta de victorias y baches, pero en sus más de setenta años probablemente no se había encontrado en una situación tan grave. La crisis económica y los recortes brutales en investigación han hecho el resto.

Aunque fue creado por Orden Ministerial en 1939, el CSIC no surgió de la nada. Los inicios de la ciencia española se remontan a la fundación de la conocida como Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, institución abolida por el Gobierno de Burgos del dictador Franco en plena Guerra Civil.

En sus setenta años de historia, el CSIC había ido sorteando múltiples escollos. Cuando llegó la democracia, existió un tímido impulso de la política de gestión de la ciencia española durante los ochenta, con el desarrollo de la primera Ley de la Ciencia de 1986. Sin embargo, el famoso "¡Que inventen ellos!" ha estado muy presente en el gobierno, gestión y planificación de nuestra investigación.

La I+D nunca ha sido realmente una prioridad política. Solo en los años de bonanza económica, aquellos en los que la burbuja inmobiliaria se expandía sin parar, hubo una tímida apuesta económica por la ciencia española. Pero en los presupuestos generales del Estado, e incluso en los de las Comunidades Autónomas, con la excepción quizás de Cataluña y el País Vasco, siempre se ha visto la I+D como un gasto y no como una inversión de futuro.

Las noticias ahora sobre el CSIC son más que preocupantes. El símbolo de la ciencia española necesita 102 millones de euros para sanear las cuentas en números rojos que presenta la institución. De ese total, el Gobierno de Rajoy solo ha comprometido 70 millones de euros hasta finales de 2013. La situación es tan insostenible, que los propios directores de centros del CSIC han enviado una carta a la Secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela, amenazando con el cierre inminente de centros de investigación.

Los recortes en I+D, la falta de un verdadero compromiso político con la ciencia española y la insostenible situación económica que atraviesa el CSIC abocan a nuestros investigadores a exiliarse del país. España no es país para científicos. Y como se suele decir, sin ciencia, no hay futuro.

CIAT (Flickr)

La ciencia que no veremos en 2014 por culpa de los recortes

Las amenazas que ahora hacen los directores de 100 de los 135 institutos de investigación que componen el CSIC suponen una amenaza real para el futuro de la ciencia española. No es la primera vez que un grupo de I+D cierra a causa de los recortes, como vimos con la desaparición hace unos meses del principal grupo de investigación catalán en fibrosis quística.

Si desaparece nuestra investigación, también desaparece nuestra competitividad y nuestra capacidad de innovar. El problema del CSIC es de tal envergadura que compromete el futuro de la sociedad. Si la ciencia española se va a pique, se tardarán años en recuperar lo perdido.

Entre los centros que ven comprometida su viabilidad debido a los recortes y la situación del CSIC, se encuentra el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), un instituto pionero en las áreas de terapia celular aplicada a la salud. Ya no seremos competitivos en el tratamiento con células madre si desaparece este centro de investigación. Otro de los firmantes es el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), preseleccionado en la convocatoria Severo Ochoa por ser uno de los institutos de excelencia de la ciencia española. Tan de excelencia, que ahora puede irse al garete.

En el caso de que el Gobierno no se tome en serio el problema del CSIC, España perderá a sus grupos más competitivos en nanotecnología. Dentro de los centros firmantes de la carta a Vela también está el Centre d'Investigació en Nanociència i Nanotecnologia de Barcelona, instituto pionero en este ámbito tan puntero. Perderemos años de investigación y esfuerzo científico por una diferencia de 30 millones de euros, el mismo dinero que el Real Madrid ha pagado por Illarramendi.

Como decía Bernat Soria en la entrevista que publicamos hace unos días, el principal problema de la ciencia española se basaba en una cuestión de prioridades. Y como sociedad, deberíamos exigir que no desaparecieran centros como el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de Valencia (pionero en el desarrollo de vacunas comestibles), el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial o el Instituto de Química-Física Rocasolano, otros de los centros firmantes de la carta al Gobierno.

De nada servirá el dinero invertido en la formación de los jóvenes (y no tan jóvenes) científicos que se están viendo abocados al exilio (perdón, internacionalización). El esfuerzo que España ha realizado durante años por garantizar una educación pública gratuita, que cubriera los gastos mayoritarios en la formación de estos profesionales altamente cualificados no habrá servido de nada.

Nosotros habremos pagado su formación, mientras que ellos generan riqueza y competitividad en los países que los acogen. España no saldrá de la crisis sin un compromiso claro por la I+D. En caso de no apoyar y mantener el CSIC, España habrá perdido el tren de la ciencia, y con él, nuestra única oportunidad por ser un país competitivo e innovador. Seguiremos, ilusos de nosotros, empeñados en basar nuestra economía en la sombrilla y el ladrillo. Parafraseando a Luis Cernuda, de todo nos arrancan, nos dejan el destierro.