Según los últimos rumores, Microsoft será la próxima compañía en apuntarse al mercado de los relojes inteligentes. Además, la presencia de Apple en el mismo con su iWatch es casi un hecho, aunque parece que podría llegar más tarde que sus rivales, a finales de 2014. También habrá un dispositivo de Samsung y no hay que olvidar que ya hay varios smartwatches disponibles, como Pebble o los relojes de Sony (que, por cierto, renovará su gama en septiembre). Por lo tanto, está claro que hay oferta. Lo que no está tan claro es que haya demanda.

Se podría decir que el culpable de esta situación es Pebble, que causó un gran revuelo cuando llegó a Kickstarter. Consiguió más de 10 millones de dólares en donaciones; una cifra nada desdeñable. ¿Quiere decir esto que hay un mercado de los relojes inteligentes? No. Quiere decir que hay 68.929 personas interesadas en este producto.

Es más, la idea de un dispositivo de muñeca no es nueva (en los noventa había relojes Casio que servían como calculadora o como consola portátil). Microsoft ya trató de convencer a los usuarios de que necesitaban una pantalla más (además, lo hizo cuando todavía no tenían tantas). Sony lanzó su primer SmartWatch en 2007 y, aunque ha apostado por el terminal, nunca ha generado expectación. Hasta Apple entró brevemente en el sector con la sexta generación de iPod nano.

Entonces llegó Pebble. Y, con él, llegaron los rumores y confirmaciones de los grandes de la tecnología. Y se creó la burbuja. Porque tal vez sea pronto para hablar de burbuja, pero también lo es para hablar de un mercado de los relojes inteligentes. Es innegable que hay cierto interés, pero en gran parte es una mezcla de curiosidad (que no expectación) y de morbo por ver cómo se estrellan estos gigantes. La cantidad de gente que desea que Apple fracase con iWatch es probablemente mayor que la que está interesada en comprar uno de estos dispositivos hoy.

Los desarrolladores, como comienza a ser común, tendrán un papel fundamentalEsto no quiere que todas estas empresas vayan a fracasar (aunque, como siempre, habrá vencedores y vencidos). Ya han sido capaces de sorprendernos y de crear mercados de la nada y es muy probable que los dispositivos de muñeca tengan su público. No obstante, no serán las nuevas tabletas.

La clave estará en cómo consiguen ser útiles para el usuario. Quienes se limiten a hacer un reloj con pantalla táctil y centro de notificaciones con alguna función adicional, están condenados al fracaso. No se puede crear un mercado basado en la molestia que supone sacar el teléfono del bolsillo. Como comienza a ser habitual, los desarrolladores tendrán un papel muy importante. A día de hoy, no hay una necesidad y es muy probable que nunca la haya como tal. Pero eso dará igual si nos hacen creer que necesitamos estos productos.

A todo esto hay que unir las características que esperamos. Duración de la batería, diseño, posibilidad de ser utilizado en todo tipo de situaciones y, sobre todo, precio. Pero esto es secundario. Lo importante, primero, es crear el mercado de los relojes inteligentes. Y para ello no basta con creer que la gente está interesada en él. Porque actualmente no lo está.