La biodegradación es uno de los aspectos más fascinantes de la conocida como biotecnología ambiental, una disciplina que busca entre la riqueza de los seres vivos, herramientas para eliminar los productos contaminantes y contar con un planeta más sostenible. Entre otros aspectos, degradar petróleo sigue siendo a día de hoy todo un desafío para la ciencia.

Cuando sucedió la catástrofe del Prestige, la contaminación por hidrocarburos acaecida en las costas gallegas hizo que muchos investigadores vieran un verdadero desafío en encontrar alternativas naturales para degradar petróleo. En particular, se recogió el guante desde el área de la microbiología, que llevaba ya varios años investigando el potencial de bacterias para "alimentarse" de hidrocarburos.

El problema es que no siempre es fácil degradar petróleo u otro tipo de compuestos. En ocasiones, las condiciones ambientales extremas en las que nos encontramos, puede dificultar mucho la limpieza por estas herramientas biológicas de las zonas contaminadas. Un ejemplo sin duda lo constituye la Antártida, un hábitat con temperaturas muy bajas, donde no sería tan sencillo encontrar bacterias con estos superpoderes para degradar petróleo en estas condiciones.

Sin embargo, la ciencia vuelve a demostrar que es posible superar desafíos que parecen a priori imposibles. Un estudio internacional en el que participa el Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha desvelado los secretos moleculares que utiliza una bacteria, Oleispira antartica, un microorganismo aislado del océano Antártico, para degradar petróleo a pesar de las bajas temperaturas.

Según Manuel Ferrer, investigador del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica, el factor clave que permite a esta bacteria degradar petróleo está en su metabolismo, pues es "incapaz de obtener carbono de otra fuente que no sea un hidrocarburo y posee una alta afinidad hacia los iones metálicos, esenciales para el crecimiento y para mantener la actividad de las proteínas".

Además, la bacteria también es capaz de producir un anticongelante natural, de forma que puede resistir altas concentraciones de sal y bajas temperaturas, como las que se dan en el hábitat donde fue aislada. Este descubrimiento permitiría en el futuro diseñar programas para descontaminar zonas polares o regiones que se encuentren a bajas temperaturas.

Un gran trabajo realizado por científicos del CSIC y otros centros de investigación, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications. Es una pena que la brillante labor investigadora se vea empañada por las últimas noticias sobre las gratificaciones del CSIC. Esta es la ciencia que debería ser noticia.