Los monopolios nunca son buenos, son un ataque frontal contra el libre mercado que puede llegar a asfixiar a otras empresas que buscan hacerse un hueco con un servicio diferenciador o a muy buen precio. En mercado de los libros electrónicos, empresas como Amazon con el Kindle (y su enorme catálogo de libros) han sabido hacerse un hueco entre los usuarios y tienen una importante cuota de mercado; un panorama que deja a otros players en una posición secundaria que en el caso de Apple terminó en una estrategia que, según ha fallado un Tribunal Federal de Estados Unidos, violó la legislación sobre monopolio. Apple ha sido encontrada culpable de confabular, junto a 5 grandes editoriales, para fijar los precios de los ebooks y, de esta forma, perjudicar a otros servicios de distribución de contenidos digitales.

Según ha dictaminado el Tribunal Federal del Distrito de Manhattan, presidido por la juez Denise Cote, Apple junto a las editoriales Hachette Book Group, Lagardere SCA, HarperCollins Publishers LLC, Penguin Group y Simon & Schuster Inc llegaron a un pacto en el verano de 2009 para fijar los precios a los que se distribuirían los libros electrónicos; una fecha especialmente significativa puesto que coincide con el verano previo a la presentación del iPad. En base a las pruebas presentadas, la corte ha dictaminado que este pacto tenía como objetivo frenar la expansión de Amazon en el sector del libro electrónico (en plena ebullición por aquel entonces) y, por tanto, la mala praxis choca frontalmente contra los principios marcados en la ley antimonopolio en vigor.

Este pacto se materializó en una "sospechosa" subida de precios en los libros electrónicos que hizo que libros que se vendían en Amazon a 9,99 dólares subieran de precio para venderse a través de la Apple Store a un precio de 12,99 dólares o incluso 14,99 dólares. Una subida sin justificación que no habría sido posible sin el pacto de estas 6 empresas.

Los demandantes han demostrado que los acusados se confabularon entre sí para eliminar la competencia de precios y descuentos con el objetivo de aumentar los precios de los libros electrónicos; una estrategia en la que Apple tuvo un papel central como facilitador y ejecutor de la misma.

Las editoriales llegaron a un acuerdo previo a principios de año para no tener que ir a juicio, sin embargo Apple optó por continuar con el proceso y someterse al tribunal. Evidentemente, la compañía apelará e intentará no tener que someterse a un segundo proceso en el que se valorarán los daños y perjuicios ocasionados por estas prácticas que hacían que los precios de venta fuesen fijados por las editoriales y no por las empresas que vendían los libros (cortando de raíz la competencia).

Tradicionalmente, los vendedores de libros pagaban un precio a las editoriales por un volumen de libros a distribuir; sin embargo, el modelo cambió en 2010 con las editoriales fijando el precio de cada unidad y fijando también las comisiones que percibían los vendedores (que en el caso de Apple rondaba el 30% del precio final de venta).

El fallo del tribunal, en mi opinión, es de gran importancia para el mercado de los libros electrónicos que, en muchas ocasiones, se ve frenado por este tipo de prácticas que intentan acotar su alcance y frenan su expansión. Apple sigue afirmando que no conspiraron para fijar los precios de los libros y que, obviamente, apelarán la decisión puesto que el lanzamiento de iBooks en 2010 supuso algo más que "una tienda de libros" y que el servicio encierra tras de sí innovación y también aporta concurrencia y una mayor oferta cara a los usuarios.

El caso no termina aquí y, además de la apelación, queda ver la indemnización por daños y perjuicios con la que condenan a Apple tras este fallo.