Quédense con esta palabra: optofarmacología. La ciencia que hará realidad un sueño para todos los profesionales de la salud, el hacer llegar la medicina personalizada a los pacientes. En una época en la que cada vez se trata la salud de manera más individualizada, a través de avances como la secuenciación de nuestro ADN, los medicamentos ven la luz. O mejor dicho, ven cómo la luz cambiará su forma de acción en nuestro organismo.

Hace unas semanas os contábamos en el blog de Think Big, la concesión de 60 ayudas europeas a proyectos innovadores, que pretendían trasladar la investigación al mercado de manera directa y rápida. Una de esas iniciativas era la propuesta de Pau Gorostiza, un investigador del Institut de Bioenginyeria de Catalunya, conocida como Theralight.

El proyecto de Gorostiza era el resultado de años de incipiente investigación en optofarmacología, una disciplina realmente reciente, que promete revolucionar el cuidado de nuestra salud. Este proyecto se basa en una línea de investigación anterior, en la que lograban controlar con luz la comunicación entre neuronas.

Si era posible inferir en los procesos biológicos mediante el uso de la luz, ¿podría hacerse lo mismo utilizando moléculas utilizadas luego en los tratamientos terapéuticos? Con el objetivo de resolver esta cuestión, Gorostiza lanzó el proyecto Theralight, al mismo tiempo que Ernest Giralt, del Institut de Recerca Biomèdica, comenzaba la iniciativa Optical Bullet. Ambos proyectos de I+D pretendían que la optofarmacología fuera reconocida como un área científica de prestigio, y con potenciales aplicaciones clínicas.

Meses después de aquellos inicios, Giralt y Gorostiza obtienen su primer éxito importante. Tras la publicación en la prestigiosa revista Angewandte Chemie, de referencia a nivel internacional en química, los primeros pasos hacia la aplicación médica de la optofarmacología confirman los buenos pronósticos de hace un tiempo.

En el artículo que publican ahora, los grupos de investigación de Giralt y Gorostiza han demostrado que se puede controlar la interacción entre proteínas mediante luz, utilizando esta como una especie de interruptor. De esta forma, estaríamos más cerca de poder diseñar fármacos fotorregulados, cuya acción se limitaría tanto en el espacio como el tiempo, por lo que se reducirían los efectos secundarios asociados.

La llegada de la nueva optofarmacología es, sin duda, una buena noticia para los pacientes. Las primeras aplicaciones, según los científicos, podrían venir de la mano de medicamentos para el tratamiento de enfermedades de tejidos más superficiales, como la piel, la retina o las mucosas más externas. Quizás en unos años cuando vayamos a la consulta médica, nos receten "una cápsula y un chorrito de luz".