La vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de la Agenda Digital, Neelie Kroes, se ha propuesto acabar con el roaming en Europa. Y, además, quiere lograr resultados antes de un año (es decir, antes de las elecciones de 2014), según ha asegurado en un discurso en el que ha criticado que haya este tipo de barreras en un sector en el que precisamente son tan poco necesarias. Además, recordó su compromiso con la defensa de la neutralidad de la red y con la persecución del cibercrimen.

Según explicó Kroes, quiere demostrar a los ciudadanos que la Unión Europea es relevante para sus vidas. Y una de las formas de lograrlo es "acabar con los costes de la itinerancia móvil". Lo mejor es que quiere que la legislación esté lista para la primavera de 2014. Esto, cree, "será bueno para Europa", tanto desde un punto de vista económico como para mejorar la vida de los ciudadanos, especialmente los más jóvenes (aunque sin olvidar a los más anciandos).

Si lo hacemos bien, las conexiones digitales pueden traer conexiones políticas. Los dividendos digitales pueden traer los sociales.

Eso sí, Kroes es realista y reconoce que no promete un paquete único "que te dé todo lo que habías soñado". Este paquete, explica, debe encontrar un "equilibrio sensato", especialmente si quieren llegar a un acuerdo pronto.

Los mercados deben funcionar, los dispositivos deben funcionar, las redes deben funcionar y la inversión debe tener lugar. No nos podemos permitir los incontables obstáculos artificiales e innecesarios que se colocan hoy en día.

La legislación que espera diseñar deberá ser "radical" (en el sentido de que la desastrosa situación económica actual requiere una respuesta fuerte) y "comprometida" (pues cree que todos los actores implicados deberán poner de su parte para alcanzar un acuerdo). Uno de los retos para conseguirlo será evitar las discusiones sobre infraestructura. "Debemos mantener a los ciudadanos y no a la burocracia al frente de este paquete [de medidas]".

Kroes se mostró optimista en su discurso, pues cree que eliminar el roaming en Europa contentará a ciudadanos, gobiernos y empresas (que, de paso, invertirán más dinero al haber menos barreras). No obstante, el camino que tiene por delante es duro y cabe preguntarse si querer lograr su objetivo en un año será lo mejor. Por un lado, acabaría con un problema muy serio en poco tiempo, pero, por otro, podría dar lugar a decisiones precipitadas. Lo que es innegable es que la proximidad de las elecciones sí puede suponer un aliciente para unos políticos que tal vez no estén tan concienciados con este problema como parece creer la vicepresidenta.

 

Y, por supuesto, no hay que olvidarse del papel que tendrán en este proceso los operadores, que ya tuvieron que adaptar sus servicios cuando se limitó la descarga de datos en el extranjero a 50 euros. De esta forma se evitó en parte el gasto involuntario y se dio un paso hacia una Europa sin roaming que hoy parece un poco menos lejana. Sin embargo, no parece que estén muy dispuestos a cambiar la situación actual, pues, de ser así, ya lo habrían hecho.