La construcción de la memoria ha sido una verdadera incógnita para los investigadores. Conocer cómo se forman los recuerdos es uno de los misterios más fascinantes de nuestro cerebro.

Para los fanáticos de Harry Potter, hablar del pensadero de Dumbledore supone trasladarnos a aquellas escenas de los libros de J.K. Rowling en que nos adentrábamos en los recuerdos del mago mediante este objeto mágico. Lleno de una sustancia parecida a la niebla, a medio camino entre el estado líquido y el gaseoso, el pensadero ayudaba al Director de Hogwarts a conservar buena parte de su memoria.

Como bien nos explicaba Antonio Orbe hace tiempo, la memoria nos permite almacenar y recuperar recuerdos y habilidades, por lo que está íntimamente ligada con el aprendizaje. Aunque su duración es variable, de minutos y horas en el caso de la memoria a corto plazo, y de días o períodos más prolongados en la de a largo plazo, lo cierto es que hasta ahora no se sabía cómo era el proceso de formación de la memoria.

¿Qué hace que seamos capaces de guardar nuestros recuerdos? La respuesta no es sencilla. Hasta ahora los científicos no han conseguido visualizar in vivo el proceso por el cual nuestra memoria se va contruyendo. Sin embargo, un estudio realizado en el RIKEN Brain Science Institute de Japón y publicado en la revista Neuron podría ayudarnos a entender cómo se almacenan los recuerdos, y por ello, cómo se va produciendo el proceso de aprendizaje.

Para realizar el trabajo, el equipo de Tazu Aoki utilizó el pez cebra, un modelo animal usado frecuentemente en los laboratorios, dado que el cerebro de los mamíferos es demasiado complejo para abordar este problema. Lo que hicieron los investigadores fue someter a peces transgénicos a un experimento utilizando lámparas LED, en el que los animales debían eludir ciertas señales, dependiendo de la luz emitida. En particular, los peces no debían acercarse a la LED roja, ya que de hacerlo recibirían una pequeña descarga eléctrica.

Utilizando luego diferentes combinaciones de colores de LED, además de peces modificados genéticamente para poder visualizar su actividad neuronal (mediante proteínas fluorescentes), los científicos pudieron localizar en qué región se situaba la memoria a corto y largo plazo. Sorprendentemente, los resultados desvelaron que ambas se localizan en diferentes partes del telencéfalo de estos peces.

Los investigadores, al analizar la actividad neuronal del pez cebra, vieron que la memoria a corto plazo podría estar localizada en la parte dorsal del telencéfalo, que correspondería a la corteza cerebral humana. Si eliminaban esta parte de los animales, estos podían ser entrenados para realizar el experimento de manera adecuada, pero guardando los recuerdos solo en un corto período de tiempo. Según Aoki, para que la memoria a corto plazo se consolide como de largo plazo, debe ser transferida a la región cortical.

Mediante este trabajo, se ha conseguido visualizar por primera vez el proceso por el que la memoria se forma. Aunque estos estudios necesitan de más investigaciones para comprobar si realmente los recuerdos y el aprendizaje se producen en mamíferos tal y como ocurre con el pez cebra, lo cierto es que este proyecto sienta unas bases importantes en el campo de la neurobiología.