Parece una historia de ciencia ficción, pero no lo es. El anuncio de que utilizan sensores para monitorizar la productividad de los trabajadores en diversas compañías resulta sorprendente, tanto por el desarrollo tecnológico que ello supone, como por las consecuencias legales y éticas que puede acarrear.

Sociometric Solutions es una compañía con sede en Boston, Estados Unidos, que se encarga de implementar estrategias para mejorar la productividad en sus clientes. Con ello buscan conseguir la forma idónea de organización estratégica en otras empresas, en un momento en el que cualquier mejora en la productividad supone una diferenciación con respecto a la competencia y un aumento en los beneficios.

Entre sus clientes se encuentran compañías tan importantes como Bank of America, Steelcase, Cubist Pharmaceuticals y en un futuro cercano, probablemente también General Motors.

El objetivo de desarrollar estos sensores es medir la productividad de sus empleados, no con un objetivo de identificación individual, aseguran desde Sociometric Solutions, ya que los datos son registrados de forma anónima. Los sensores electrónicos se colocan en las tarjetas de los trabajadores, junto con un micrófono cuyo objetivo es registrar el tono, el volumen y la velocidad de las conversaciones, sin anotar en principio el contenido de las mismas. Los sensores también cuentan con un detector de infrarrojos que analiza el número de personas que están presentes en la misma conversación.

Mejora de la productividad

Con la utilización de este tipo de registros, la multinacional norteamericana Bank of America comprendió que los empleados eran más productivos cuando se les permitía realizar descansos en grupo. En ese tiempo, surgían conversaciones entre varias personas, y aumentaba la resolución de problemas comunes de trabajo, además de favorecer la creatividad de los propios empleados.

Gracias al uso de estos sensores en sus centros de recogida de llamadas, Bank of America consiguió aumentar un 10% su productividad.

Estos datos concuerdan con las ideas de otras compañías, como Yahoo o Best Buy, que prefieren que sus empleados trabajen en el mismo lugar físico. Asimismo, apunta una idea interesante, la productividad máxima no se alcanza trabajando durante un tiempo determinado en un escritorio enfrente de un ordenador. Teoría, por otra parte, que comparte Google, al tratar de proporcionar el beneficio máximo de sus empleados para alcanzar el máximo rendimiento. Así lo entendía Eric Schmidt, que fue CEO de la compañía hasta 2011, en las "10 reglas de oro de Google".

El único gran "pero" que se le puede achacar a estas ideas está basado en los problemas relacionados con la privacidad de los empleados. Porque aunque se asegure que su intimidad está en todo momento respetada, al ser datos anónimos, es cuestionable que las compañías puedan inferir en un ámbito tan personal con el único objetivo de aumentar su productividad. Alcanzar el equilibrio entre ambos propósitos será clave para asegurar una buena relación entre empresas y trabajadores.

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