No hace mucho os comenté que Mockingbird Lane, remake de la serie The Munsters, se emitiría como especial de Halloween en la NBC. Bryan Fuller es el responsable de esta reimaginación del clásico de la década de los sesenta, por desgracia, este creador televisivo no tiene suerte con sus proyectos porque, aunque son todos de una calidad innegable, acaban siendo cancelados sin miramientos, ejemplos: Dead Like Me, Wonderfalls o Pushing Daisies.

El piloto de Mockingbird Lane pasó por una serie de avatares que provocaron su suspensión por parte de la NBC. El capítulo que costó 10 millones de dólares y fue dirigido por Bryan Singer congregó a 5.440.000 de telespectadores y marcó un 1.5 en la demo.

No estamos ante una revisión del clásico, estamos ante un producto gótico, fascinante, terroríficamente divertido, vital y oscuro que se convierte en toda una experiencia visual gracias a los efectos especiales y al magnífico diseño de producción. Mockingbird Lane nos traslada a una realidad donde la fantasía, el horror, la familia y el humor negro, negrísimo, se dan la mano y organizan, en perfecta armonía, un astuto e imaginativo producto de consumo más que recomendable.

Detalles como la silueta de Herman Munster (Jerry O'Connell) jugando con la imagen del Frankenstein con tornillos en el cuello, es de una sutileza que desarma y que provoca una sonrisa en el rostro del espectador.

Adentrémonos en el 1313 de Mockingbird Lane para conocer a los nuevos inquilinos, la familia Munster.

Lo que cuenta

Todo empieza en un campamento scout, unos niños discuten a la luz de la hoguera sobre el robo de la comida cuando son atacados por un enorme lobo. A la mañana siguiente Eddie Munster (Mason Cook) se despierta desnudo entre los arbustos, mientras sus compañeros y el monitor le miran boquiabiertos desde el coche en el que han pasado la noche en vela. Eddie es un hombre-lobo pero él aún no lo sabe.

Tras ese incidente la familia Munster se traslada a Mockingbird Lane en San Francisco. Esa mudanza es el punto de partida de la historia y sirve para introducir a los diferentes miembros de la familia: Herman Munster (Jerry O'Connell), Lily (Portia di Rossi), Marilyn (Charity Wakefield), y el abuelo (Eddie Izzard).

Los padres del joven se esfuerzan por proteger a su pequeño ocultándole su auténtica naturaleza monstruosa, el abuelo se decanta por la cruda y descarnada verdad, Eddie es como ellos, un monstruo y cuanto antes lo sepa antes lo asumirá. Marilyn es la única “normal” de la familia, una condición que el abuelo detesta y no deja de recordarle. El dúo formado por estos dos personajes funciona perfectamente como tándem cómico y siniestro, nunca una rubia inocente del brazo de su anciano abuelo ha resultado tan inquietante.

Además del dilema de dos padres que no saben como afrontar los cambios que su hijo experimenta, el piloto afronta los problemas cardíacos de Herman, un multi-hombre hecho con partes de varias personas que solo mantiene de su ser original un renqueante corazón que no aguantará mucho más. El abuelo pronto encuentra un corazón idóneo para sustituir el deteriorado músculo de Herman, pero ese corazón pertenece a Steve, el nuevo jefe scout de Eddie.

El derroche visual

El dinero que se invirtió en el capítulo se gastó, en su mayor parte, en los efectos especiales: las ratas que conforman el cuerpo del abuelo, la niebla de la que surge Lilly, las arañas que tejen el vestido, el cuerpo ensamblado de Herman con su cremallera en el pecho... unos efectos más que decentes que aportan credibilidad a la historia en vez de entorpecer el relato.

Me quedo con las ganas de ver más habitaciones de la enorme mansión, de conocer los experimentos del abuelo, de visitar el vecindario con galletas de sangre, de tener un dragón como mascota. El piloto cumple con su objetivo, dejarme con ganas de ver más y por eso maldigo a la NBC.

Una familia de monstruos

Ya dije que el piloto es divertido, rezuma ese humor negro tan característico de Fuller y los diálogos son ágiles, intrigantes, inteligentes y llenos de macabros dobles sentidos. No es la primera vez que Fuller trata la muerte de manera clara y directa, nunca le resta importancia pero si es capaz de bromear sobre ella, con ella y de ella como se puede comprobar en Dead Like Me y Pushing Daisies.

Los personajes hablan, discuten, dudan, sufren y se quieren, es una familia un poco distinta y peculiar pero una familia al fin y al cabo. Los Munster son un clan espeluznante, no olvidemos que son capaces de matar sin apenas remordimientos, aún así resultan encantadores y atractivos, lo suficiente como para seguirles semana tras semana.

Eddie Izzard está magnífico en su papel, es encantador y macabro, es sutil y cómico, es fuerte y sarcástico. El británico logra eclipsar a sus compañeros con su simple presencia, una mirada, un gesto y capta nuestra atención.

El abuelo es, junto con Marilyn, lo mejor del capítulo, recalco una vez más la dinámica abusiva y agresiva del vampiro hacia su nieta dado que no soporta su normalidad, considerándola casi una afrenta familiar, aún así pasan mucho tiempo juntos.

Nunca sabremos como serán las peleas entre Herman y Lily, ni como se adaptará Eddie a su condición de licántropo, no veremos otra cena familiar ni otra muerte en el hogar, no tendremos parasoles y capas rojas, ni veremos a Lily surgir desnuda de la niebla, no tendremos la posibilidad de pasar un Halloween, unas Navidades o un San Valentín en Mockingbird Lane... a mi me parece una lástima, puede que a otros no.