Cuando hablamos de criónica, probablemente nos estamos refiriendo a la última novela de ciencia ficción que leímos. El concepto de criogenia se refiere, de acuerdo con Wikipedia, al “conjunto de técnicas utilizadas para enfriar un material a la temperatura de ebullición del nitrógeno o a temperaturas aún más bajas”. La criónica, por su parte, se trata de conservar en el frío a personas o animales con enfermedades que la ciencia no puede curar “por el momento”. ¿Acaso no escucharon la historia de Walt Disney? Alrededor de este concepto se construye el proyecto fotográfico del inglés Murray Ballard.

El concepto se criónica se acuñó a mediados de los años ’60, cuando el profesor de física Robert Ettinger publicó su libro The Prospect of Immortality. El proyecto de Ballard lleva el mismo título, aunque tiene aspiraciones mucho menos científicas. Parece ser que aunque hay muchos detractores de esta teoría –hasta el momento nadie ha sido congelado y sobrevivió para contar el cuento- también hay una comunidad enorme de seguidores que no pierde las esperanzas y no baja los brazos para que la criónica sea una realidad.

Ballard trabajó en estas fotografías entre el 2006 y el 2012, y viajó por todo el mundo visitando a los miembros de la comunidad de entusiastas de la criónica. También visitó algunas de las instituciones que se “dedican” a la criónica –algunas en Estados Unidos, hogar de todo lo bizarro, y una en Rusia-. Si esto resulta ser verdad, porque no podemos decir qué puede llegar a suceder dentro de algunos años, la criónica podría convertirse en un negocio impresionante. Algunos son creyentes, otros ven la oportunidad de negocios.

Este fotógrafo tiene un acercamiento diferente al tratamiento del tema, dado que intenta ser objetivo y no pinta todo el asunto como si fuera absurdo o, por el contrario, como un hecho científico probado. En estas fotografías no hay un montaje que nos haga decidir que los entusiastas de la criónica son o mesías de la ciencia o un puñado de locos diseminados alrededor del mundo. Las escenas tratan de ser completamente objetivas.

Otro aspecto interesante de estas fotografías es que nos permiten pensar el concepto de la inmortalidad, una de las grandes temáticas artísticas de todos los tiempos. Quizás hasta puede decirse que la verdadera historia del hombre, o del progreso del hombre en este mundo, está dada a partir de que nos damos cuenta de nuestra finitud, de la contingencia de nuestra existencia en esta vida. La religión –sin ofender sensibilidades- es considerada por algunos como una forma de lidiar con esta contingencia con la promesa de una segunda vida lejos de la existencia terrenal. Para otros la inmortalidad sigue jugando en el terreno de lo tangible, y ahí entra en la escena la criónica. Estas fotografías describen adecuadamente algunos procesos que se ven bastante complicados y, obviamente, muy fríos.

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