En alguna que otra ocasión hemos comentado que el cloud computing o, mejor dicho, los centros de datos que operan en todo el mundo, concentran el 1% del consumo energético a nivel mundial (y Google representa el 0,01%) y esta cantidad tiene un impacto equivalente al 2% de las emisiones de carbono de todo el mundo (prácticamente el mismo que el sector de la aviación). Ante estos datos son muchas las compañías que han adoptado el compromiso de adopción de energías limpias en sus oficinas y en sus centros de datos, usando energías renovables para disminuir su huella de carbono y contribuir a la preservación del medio ambiente. Entre las compañías que caminan hacia las "cero emisiones" podemos encontrar a Microsoft, sin embargo, a pesar de trabajar en esta línea, los balances contables siguen dirigiendo algunas de decisiones de la compañía hasta el punto de haber despilfarrado millones de vatios con tal de evadir una multa de la compañía que suministra la electricidad a uno de sus centros de datos.

Microsoft

Las compañías eléctricas, en un buen número de países, gozan de una privilegiada situación (incluso con regulaciones a medida) donde pueden imponer tarifas, recargos y penalizaciones casi a discreción y, precisamente, la compañía que suministra la electricidad a uno de los centros de datos de Microsoft tenía firmado con la compañía un contrato en el que se recogían ciertas penalizaciones.

Microsoft, que posee un centro de datos en Quincy (en el Estado de Washington) desde el año 2006, tiene contratado (como es habitual en muchos centros de datos) una línea eléctrica principal y otra de reserva (además de los típicos grupos electrógenos y baterías para seguir funcionando en caso de corte del suministro) pero, dentro de estas condiciones, la compañía de Redmond puede revender la "energía sobrante" de su suministro principal y, sin embargo, el suministro de respaldo se mueve dentro de una estimación de consumo mínimo comprometido. ¿Estimación de consumo mínimo? Aunque suene raro es bastante simple, Microsoft se compromete a un consumo mínimo de potencia y, tanto si consume en exceso como por defecto, tiene que pagar una penalización a la compañía eléctrica.

Llegado el momento de la facturación, la estimación de Microsoft se quedó excesivamente corta y, por tanto, la compañía eléctrica debía facturar una penalización de 210.000 dólares, una cantidad bastante importante de dinero que podría trastocar cualquier balance contable. ¿La solución de Microsoft? A pesar que la compañía ha adoptado, como política corporativa, ser una empresa "verde", los genios contables llegaron a la conclusión que era más barato gastar electricidad y minorar la cantidad de la penalización (aumentando el consumo) que enfrentarse al recargo y, a pesar de esta penosa conclusión, eso fue lo que precisamente hicieron (o eso cuenta el New York Times).

Estos hechos tuvieron lugar en diciembre del año pasado y, según las gráficas de consumo eléctrico del centro de datos, el consumo subió durante 3 días de los 28,5 millones de vatios a 34 millones, un consumo que consiguió bajar la penalización a 60.000 dólares (además de pagar la electricidad consumida). ¿Y cómo puede un centro de datos aumentar tan desmesuradamente su consumo? La "anti-solución" pasó por activar los motores de los grupos electrógenos (sin necesidad) para quemar energía hasta conseguir bajar la penalización.

Si bien, desde el punto de vista económico, Microsoft le ganó el pulso a la compañía eléctrica, la solución es altamente escandalosa y un claro ejemplo de las malas decisiones que toman las grandes corporaciones basándose únicamente en datos económicos. Esos 5,5 millones de vatios consumidos en 3 días, o mejor dicho malgastados, suponen el doble del consumo energético de la ciudad en la que se encuentra el centro de datos, todo un escándalo ecológico para una compañía que pretender "ser verde".

Lo más curioso es que, dentro de los comentarios que hizo Microsoft al New York Times, alguien se atreviese a decir que:

Es una situación que pasan una vez y que se resolvió rápidamente

Quizás la resolvieron rápido pero, realmente, es algo que pesará sobre las generaciones futuras.