Desde el punto de vista de la protección del medio ambiente, la mayoría de la industria genera emisiones de gases a la atmósfera de manera directa o indirecta (lo que se conoce como huella de carbono, es decir, gases generados en la producción de la energía eléctrica que consume). Por hacernos una idea, el 1% de la energía eléctrica consumida a nivel mundial es empleada para alimentar los centros de datos que existen en el mundo y, dentro de este grupo, Google consume el 1% (un 0,01% de la energía mundial). Con la idea de mejorar los procesos industriales y hacerlos algo más respetuosos con el medio ambiente, el Gobierno de Estados Unidos va a realizar una inversión bastante singular: la creación de un instituto especializado en la impresión 3D para que este proceso de fabricación constituya la base de "una industria mucho más verde".

En los últimos años, la impresión 3D se está posicionando como un proceso de fabricación de componentes muy rápido y, sobre todo, muy flexible. Hemos visto cómo se están utilizando piezas impresas en 3D para fabricar robots, prótesis ortopédicas, huesos artificiales o, incluso, se está evaluando su uso como "almacén continuo de repuestos" en la estación espacial internacional. Si esta flexibilidad en uso le sumamos que es uno de los procesos de fabricación que menos huella de carbono tiene, no es de extrañar el interés del gobierno federal de Estados Unidos en explotar aún más esta tecnología.

Muchas veces cuando asociamos tecnología y Estados Unidos, lo primero que nos viene a la mente es DARPA y sus investigaciones con aplicación militar pero, realmente, este centro pretende ir algo más allá. Si bien se le dará forma con una colaboración público-privada entre el Departamento de Defensa y entidades privadas, la idea es que los usos de la impresión 3D se extiendan, además de la defensa, al campo de la aeronáutica y el espacio, la industria de la automoción o a la industria del metal.

El Additive Manufacturing Innovation Institute, que será el nombre de este organismo, tendrá su sede en la ciudad de Youngstown (en el Estado de Ohio) con el objetivo de poder transformar cualquier archivo CAD en un objeto físico, algo que persiguen los militares desde hace tiempo para obtener repuestos a bajo coste y, según el Departamento de Energía, podría ahorrarse el 50% de la energía empleada actualmente en fabricar dichas piezas. Esta institución se encargará de buscar nuevos usos de la impresión 3D y minimizar la necesidad de importar componentes y piezas del extranjero, aumentando el consumo de productos made in USA a la vez que ahorran costes, energía y disminuyen el impacto de la huella de carbono de su industrial.

Según los datos económicos, parece que la apuesta es bastante firme porque la NASA, el Departamento de Defensa, el Departamento de Energía, el Departamento de Comercio y la Fundación Nacional de Ciencias aportarán 45 millones de dólares de las arcas públicas para arrancar el proyecto (de los que ya hay destinados unos 30 millones) y, además, se esperan otros 40 millones de dólares de financiación privada por parte de consorcios de fabricantes, organizaciones no gubernamentales, universidades y centros de investigación.

Imagen: Visiting DC