Por increíble que parezca, los elementos de seguridad en México siguen utilizando **los detectores moleculares GT-200** en el combate al narcotráfico. A pesar de las numerosas pruebas que han determinado que estos aparatos [son un fraude](http://alt1040.com/2011/03/el-fraude-de-los-detectores-moleculares-en-mexico), la estrategia no cambia. Por fortuna, algunos jueces mexicanos ya han declarado **la invalidez de los resultados del GT-200 como prueba**, a lo que la Procuraduría General de Justicia respondió con una apelación. El caso ha llegado a la **Suprema Corte de la Justicia de la Nación**, donde de una vez por todas, [se discutirá y decidirá sobre la situación.](http://vivirmexico.com/2012/08/scjn-gt200)

Para quienes no estén familiarizados con los GT-200, se trata de unos simpáticos dispositivos conformados por **un tubo de plástico y una antena**. No, no es un chiste. La empresa Global Technical Ltd los manufactura. Según ellos, los detectores funcionan bajo el principio de que cada sustancia posee una carga magnética determinada. Esta carga es estimulada a través de un impulso eléctrico, lo cual crea una atracción entre la sustancia y el GT-200.

Los detalles detrás de este «principio científico» no están disponibles, pues el fabricante obliga al comprador a firmar una cláusula de confidencialidad. Otra de las maravillas del detector molecular es que no necesita de batería ni otra fuente de alimentación eléctrica, sino que **obtiene su energía del cuerpo de quien lo usa**. El aparato es tan sofisticado que no funcionará si el usuario no tiene confianza plena en su efectividad (así que, escépticos, absténgase de emplearlo). La ciencia que utiliza el GT-200 debe provenir del futuro, porque al abrirlo, sólo nos toparemos con **una hoja de papel envuelta en un tubo de plástico**. Ni chips, ni alambres, ni nada.

En noviembre de 2011, una jueza mexicana no se tragó la superchería y [declaró como inválido](http://vivirmexico.com/2011/10/jueza-gt200) el detector molecular como prueba jurídica. Esto molestó un poco a la PGR, entidad que -junto con el Ejército, la Marina y la Policía Federal- se vale de los detectores moleculares para las tareas de búsqueda de drogas. Por esa razón, **la Procuraduría apeló la decisión** y el caso se llevará hasta la Corte, donde se decidirá si las pruebas aportadas por el GT-200 son consideradas válidas o no.

Resulta sospechoso que, a pesar de estar demostrado el fraude, se sigan utilizando estos aparatos. Más, cuando se sabe que cada unidad tiene **un costo aproximado de 36 mil dólares**. Si consideramos que México encargó unas 900 unidades, más o menos, estamos hablando de **32.4 millones de dólares gastados**. O la empresa inglesa timó a un funcionario muy ingenuo o alguien se está llevando una jugosa comisión. Si la Corte considera que el GT-200 no aporta ninguna prueba (como esperamos, lo haga), se sentará un precedente que dejará sin validez (y en el ridículo) a quienes han creído a pie juntillas en este aparato. Y, lo más seguro, se le termine el negocio millonario a quien haya vendido estos *espejitos*.

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