Como dirían en mi pueblo: "En todos lados se cuecen habas". Parece que la compra de seguidores en Twitter no es una acción exclusiva de los políticos de América Latina. Este fin de semana, el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Mitt Romney, recibió un incremento sustancial en su número de seguidores. En cuestión de tres días, el político aumentó más de 141 mil (supuestas) personas interesadas en su perfil. Muy, muy sospechoso.

140 Elect, un sitio encargado de monitorear la actividad de los candidatos presidenciales en Twitter, notó este inusual interés por los tweets de Romney. El viernes 20 de julio, el político recibió 23.926 seguidores nuevos; el sábado 21, la cifra se incrementó a 93.054; y el domingo 22 logró otros 24.285. En comparación, Romney había ganado un promedio de 3 mil a 4 mil seguidores por día, y su fecha más prolífico hasta este fin de semana había sido el 28 de junio, cuando consiguió poco más de 9 mil seguidores.

Los medios han tomado dos posturas al respecto. Una es que Romney está desesperado por ganar más seguidores a como dé lugar, considerando la hegemonía que tiene su contrincante, el actual presidente Barack Obama, en dicho rubro. Para comparar, la cuenta de Obama (@BarackObama) tiene más de 17 millones de seguidores. La de Romney (@MittRomney) apenas supera los 800 mil usuarios. Del otro lado, a otros les parece una medida muy burda por parte del equipo de Romney, por que lo también se sospecha que ha sido una jugada para dañar su credibilidad.

Ante el escándalo, los encargados del área digital de la campaña de Romney han salido a desmentir la compra de seguidores. Ellos aseguran que las métricas usadas para atacar al candidato no reflejan que haya aumentado el número de menciones ni de retweets; sostienen que ese comportamiento indica que el aumento no corresponde a alguna estrategia de posicionamiento. Al contrario, afirman que ya han contactado a Twitter para preguntar por el súbito crecimiento en el número de seguidores. Mientras tanto, los usuarios han posicionado la etiqueta #MoreFakeMitt como TT en la red social.

Es interesante observar cómo cambia la percepción de los seguidores comprados dependiendo el contexto. Mientras que en México la práctica fue promovida por los despachos de marketing encargados de las campañas presidenciales, en Estados Unidos es inmediatamente percibido como un movimiento de desprestigio, incluso por los mismos políticos. Sin embargo, la pregunta sigue en el aire: ¿fue un mal paso de los asesores o una acción para manchar a Romney? Haya sido el equipo de campaña o un tercero, el daño en imagen pública ya está hecho.