Aunque parte de la clase política demonice Internet e intenten ponerle un cerco con duras medidas legislativas como SOPA, la Ley Sinde-Wert o la Ley Lleras 2.0, la red es un medio que suelen utilizar con mayor o menor éxito para comunicarse con la ciudadanía (sobre todo en épocas de campaña electoral). Salvo iniciativas especiales como el Twitter Town Hall que organizó Obama el año pasado y algunos pocos políticos activos en redes sociales que de verdad conversan con los ciudadanos, la relación de la clase política con redes sociales como Twitter es aún algo artificial, primando los mensajes unidireccionales y la gestión de los perfiles, ya sea total o parcial, por algún miembro de su gabinete de comunicación. Con varias manos gestionando una misma cuenta es normal, y bastante humano, equivocarse y publicar algún mensaje desafortunado que, tras causar algún que otro revuelo, termina siendo eliminado. Con la idea de conservar todo lo que comentan los políticos y evitar que se pierdan los tweets que terminan borrando, la Open State Foundation ideó el proyecto Politwoops, que opera en varios países y recoge los tweets borrados por los políticos para evitar que se pierdan.

La iniciativa arrancó en Holanda pero, a día de hoy, opera ya en 16 países (Estados Unidos, Holanda, España, Túnez, Croacia, Bélgica, Estonia, Dinamarca, Canadá o Reino Unido) donde se monitorizan las cuentas de Twitter los miembros del gobierno o del parlamento para documentar aquellos tweets que son eliminados al poco tiempo de haber sido publicados. ¿Y qué persigue una iniciativa de esta índole? Como bien dicen desde la página del proyecto, Politwoops muestra un aspecto de los políticos que, normalmente, no suelen compartir con la ciudadanía.

Basta echar un vistazo, por ejemplo, a algunos de los tweets que han sido eliminados por los miembros del Congreso de los Diputados de España para ver que eliminan los tweets vinculados a los badges que consiguen en Foursquare o que, tras enviarlos, son políticamente incorrectos o quizás demasiado duros con respecto a su discurso habitual (y tras revisar el mensaje son eliminados).

Está claro que todos somos humanos y, por tanto, todos somos susceptibles de equivocarnos y aprender de nuestros errores pero, bajo mi punto de vista, deberían ser más conscientes del canal de comunicación que están utilizando, de la rapidez con la que se propaga su mensaje y que siempre terminarán dejando un rastro por mucho que se intente tapar el desliz.

Sin ir más lejos, el pasado domingo, mientras el Presidente del Gobierno de España daba una rueda de prensa sobre el rescate europeo a la banca española, la Ministra de Empleo publicó un tweet que encendió la red, convirtió a la Ministra en trending topic y, al rato, el tweet terminó siendo eliminado. ¿Qué contenía el mensaje? La puntuación obtenida en un juego disponible para iOS:

El mensaje, que curiosamente no sale entre los mensajes documentados por Politwoops, se borró alegando que había sido algo no intencionado y el causante había sido uno de los hijos de la Ministra que era el que se había puesto a jugar. A pesar de la explicación, el revuelo generado y el bochorno no tenían ya marcha atrás por mucho que se intentase explicar lo sucedido y, al final, pesaba más la eliminación del tweet que la explicación oficial.

Ante una crisis, reconozco que el primer impulso pasa por eliminar el "foco del incendio" (algo en lo que todos hemos caído en alguna que otra ocasión) pero este tipo de actuaciones no hará otra cosa que suscitar mayor interés sobre el contenido eliminado (Efecto Streisand) y, en el ámbito de la política, este tipo de prácticas son algo contrario a la transparencia que demanda la ciudadanía y que esperan de sus representantes.

La falta de transparencia es, precisamente, lo que hace que surjan iniciativas como Politwoops que, realmente, nos sirven para conocer "la cara oculta" de aquéllos que nos representan y conocer algunos de las "patinazos" que intentan tapar.