Circula en Facebook una invitación del movimiento #YoSoy132 para pegarle a las televisoras donde más les duele: en el rating. Se trata de un llamado a no sintonizar las señales de TV Azteca y Televisa durante este fin de semana (sábado 26 y domingo 27). No es la primera vez que se gesta un boicot similar; basta recordar que el 30 de abril del año pasado se realizó el #ApagónTelevisa como respuesta a unas declaraciones de Adela Micha y Joaquín López Dóriga en "Tercer Grado", con resultados poco alentadores.

Aunque el blanco de la protesta es el mismo, las diferencias son notorias: #YoSoy132 es, probablemente, el movimiento emanado de redes sociales que mayor movilización social ha tenido en los últimos años -con una tenue comparación, quizá, con el caso de #InternetNecesario-. El miércoles pasado, se contabilizaron por lo menos 15 mil personas en la concentración de Estela de Luz (sin contar otros miles en diferentes ciudades). Si atendemos a los números conjuntos de Distrito Federal (15 mil), Monterrey (5 mil), Guadalajara (3 mil) y Puebla (3 mil) -cuatro de las ciudades más grandes del país-, estimamos cuando menos 26 mil asistentes. A eso, sumemos las aportaciones de las demostraciones en Oaxaca, Mérida, Saltillo, Tijuana, León y otros puntos que aportaron algunos cientos (o miles) más a la causa.

A esto, hay que sumarle el respaldo social con el que cuenta #YoSoy132, un apoyo popular que no tuvo #ApagonTelevisa en su momento. El movimiento tiene un "cheque en blanco" en sus manos. Por esa razón, es importante que comience a existir una definición de objetivos. El politólogo Genaro Lozano lo explica atinadamente en su texto "¿Qué puede aprender #YoSoy132 de otros movimientos en el mundo"

El #Yosoy132 sí tiene que dejar en claro qué busca, y tiene que hacerlo cuanto antes. Si es la democratización de los medios de comunicación, bien podrían tratar de aterrizar mejor esto (...) Los medios de comunicación privados son empresas, algunos con agendas propias, unos más unos menos, y con diferencias enormes en cómo informan: unos lo hacen de forma independiente, otros lo hacen a modo de propaganda pagada y disfrazada de información. Aquí me parece que los jóvenes del #YoSoy132 deberían exigir que los medios de comunicación privados (no los públicos) salgan del clóset como lo hacen en Estados Unidos cuando anuncian públicamente que apoyan a un candidato presidencial, a una candidata a gobernadora o candidaturas específicas al Congreso. Esto es algo concreto y creo que deseable.

Desde mi perspectiva, el llamado al boicot aporta poco. Ya tienen la atención y el respaldo público. Ya no tiene caso otra declaración de principios que sólo dice lo mismo. Que están en contra de la manipulación mediática, lo entendemos y lo apoyamos. Han llegado a una fase en la que ya no alcanza la catarsis. Por esa razón, a mí me resulta más interesante el llamado a la primera asamblea universitaria el miércoles 30 de mayo a las 12:00 horas, en la UNAM. Porque ahí pueden hallar una diferenciación; en primera instancia, de ser calificados como un movimiento anti-Peña Nieto o pro-López Obrador (que van juntos pero no revueltos) y dejar en claro que su objetivo sigue intacto: la democratización de los medios.

Lozano apunta que una demanda concreta debería ser obligar a que los medios dejen claro si tienen una postura política. Yo me permito señalar otra área de oportunidad: apelar a la descentralización mediática. No sólo es que TV Azteca y Televisa mejoren la calidad de sus contenidos: se trata de crear condiciones para abrir más espacios independientes. El problema de la manipulación no es exclusivo de las televisoras, sino también de radiodifusoras, prensa escrita y sitios en Internet. La raíz es que estos medios (sin importar su plataforma) establecen un poder de facto al servicio de quien pueda pagarlo. Democratizar el acceso, pero también la creación. Ahí tenemos otro buen punto de partida. No sé ustedes, pero a mí me parece un poco más útil a largo plazo que apagar la televisión por un fin de semana.