Admito que mi amor por Fringe a veces me ciega, que durante mucho tiempo defendí a muerte la serie sin pararme a reflexionar sobre ella. Sin embargo con la cuarta temporada todo ha cambiado, las brechas son demasiado grandes como para obviarlas, la deriva argumental ha hecho mella en la trama, los personajes renovados no me han cautivado tanto y los casos semanales empezaron a repetirse demasiado. Aún así, Fringe sigue siendo una de las mejores apuestas de ciencia-ficción de la pequeña pantalla y una serie más que decente que no se amedrenta a la hora de explorar nuevos horizontes. Tal vez esa ambición sea culpable de que la temporada sea menos brillante que sus predecesoras.

Fringe se despedirá con una quinta temporada de trece capítulos que la cadena FOX ha tenido a bien concederle. Los fans hemos saltado de alegría ante la noticia. Es evidente que esta cuarta temporada olía a cierre definitivo y que los guionistas fueron clausurando tramas y resolviendo misterios capítulo a capítulo. El doble final Brave New World no emociona ni funciona, el cliffhanger no sorprende, la tensión no se palpa, la adrenalina desaparece a los pocos minutos.

A partir de este punto spoilers sobre la cuarta temporada y su final

Un nuevo comienzo

La cuarta temporada empezó planteando un mundo donde Peter había sido borrado, se nos mostró un nuevo universo, el amarillo, donde las cosas sucedieron de manera ligeramente diferente. Esta renovación y nuevo punto de partida nos ofrece variaciones en las vidas de los personajes como que Olivia fue criada por Nina Sharp o que Walter vive en el laboratorio. Peter no podía estar mucho tiempo fuera de juego, y poco después volvía a aparecer en un mundo que no era el suy, un mundo que no le reconocía y en donde tuvo que volver a ganarse las confianzas de todos. La serie siguió con sus casos autoconclusivos, casos que servían para analizar y profundizar con calma en la psicología y el alma de los personajes. En el otro universo, el rojo, las cosas también eran ligeramente diferentes y es que la importancia de Peter en el continuo de la historia es vital.

Este nuevo inicio me gustó porque sirvió para ver a un Walter mucho más frágil e inestable, un hombre que sigue sin poder perdonarse por su arrogancia pasada y que nunca superó la muerte de los dos Peter. Olivia vuelve a ser esa mujer solitaria que conocimos en la primera temporada, alguien que se escuda en su trabajo para no operar a nivel emocional pero que irónicamente es la única capaz de conectar y calmar a Walter, el hombre que experimentó con ella siendo niña.

Otro detalle favorable ha sido el rescate del personaje de David Robert Jones (Jared Harris), un villano de alto nivel que se enfrenta a una división Fringe que ignoraba su existencia. Peter es el único que sabe quien es ese hombre con el rostro lleno de cicatrices. Jones tiene un plan tan brillante, arriesgado y demencial como genial, quiere colapsar los dos universos, destruirlos para crear uno nuevo. Un nuevo mundo que se regirá por sus leyes, donde las especies mutantes que ha ido creando prosperarán, un mundo sin humanos. A lo largo de la temporada, Walter llegará a la conclusión de que Jones, aunque es un genio, no ha podido concebir ni realizar semejante plan, hay un hombre en la sombra y ese hombre el William Bell (Leonard Nimoy).

Separar los universos ¿Buena o mala idea?

Durante la cuarta temporada hemos visto interactuar a las divisiones Fringe de ambos universos, la Olivia rubia y la pelirroja, los dos agentes Lee, el paseo de la agente Farnsworth entre universos (Making Angels) o el de la madre de Peter para pedirle a Walter que le ayude (Enemy of My Enemy).

Este continuo ir y venir se saldó con la “deserción” del agente Lee al otro lado, un giro para su personaje que se veía venir desde el regreso de Peter. Ojalá su despedida hubiese sido un poco más emotiva porque Lincoln se había convertido en uno de mis personajes favoritos. Gracias a él la cuarta temporada se hizo mucho más llevadera e interesante. Además el actor Seth Gabel supo dotar a ambos Lincoln de una ternura y sensibilidad que hasta ahora solo había visto en el trabajo de John Noble con Walter.

Separar los dos universos era la única manera de salvarlos, David Robert Jones (Belly en realidad) no podría llevar a cabo su plan si la máquina se desconectaba. La despedida entre Olivia y su versión pelirroja puso de manifiesto, una vez más, la gran diferencia de carácter existente entre ellas. A mi me encanta nuestra Olivia, pero la seguridad y el desparpajo de la otra me han conquistado. Excelente el trabajo de Anna Torv.

Si separar ambos universos los salvaba hay que decir que durante la temporada estos saltos han sido estimulantes para la trama, aportando siempre cosas nuevas a las viejas rencillas y a las historias ya contadas. No sé si durante la quinta temporada podremos visitar de nuevo el otro lado, espero que si porque echaré de menos a esos personajes y esos cielos con dirigibles.

¿Qué nos deparará el futuro?

La última escena del final de temporada nos muestra a Septiembre con Walter en su laboratorio, el Observador le advierte de que están viniendo ¿Quiénes? Si recordamos el episodio Letters of Transit ese futuro podría hacerse realidad. Recordemos que hace tiempo ya se nos dijo que los Observadores lo que buscaban era nuestra destrucción, puede que Septiembre parezca un aliado pero es solo uno entre millones.

Fringe ha evolucionado mucho desde que inició su andadura en 2008, ha creado una mitología muy rica en torno a la historia de Walter y los universos alternativos, nos ha dado a los Observadores y a los cambiaformas. Hemos visto crecer a Olivia Dunham como personaje, Walter fue grande desde el primer minuto en pantalla y Joshua Jackson, aunque motivo de guerra entre universos, muchas veces no es más que una mera comparsa y el motor de arranque para Walter y Olivia. Por eso se hizo un poco cuesta arriba entrar en un nuevo universo donde todo estaba cambiado. Sin embargo, al final las aguas han vuelto a su cauce. La relación entre Olivia y Peter está encauzada y esperan un bebé. Walter parece haber recuperado parte de su confianza gracias a la positiva influencia de Peter y Astrid sobrevive a un frenético tiroteo en los muelles. Aquí quiero hacer un alto para mostrar mi enfado ante esta decisión argumental, Astrid tendría que haber muerto en ese muelle. No tiene sentido mostrar toda la escena de la persecución y el tiro para luego hacer que el personaje aparezca en el hospital porque alguien la ha llevado hasta allí. ¿Qué sentido tiene? ¿Quién la ha llevado, los malos? Menos sentido aún. Hubiese sido más dramático ver morir a la agente Farnsworth entre los brazos de Walter.

Otras cuestiones que me rondan la mente de cara a la quinta y última temporada:

  • ¿Volveremos a ver a William Bell?
  • ¿Se cumplirá ese distópico futuro en el cual los Observadores nos dominan?
  • ¿Volverán a encender la máquina para comunicarse con el otro lado? En tal caso ¿tendremos a Lincoln Lee de regreso?

Me despido y cierro el post con esta imagen sacada del último episodio. Encuentro este momento uno de los más turbadores de la serie, y eso que en Fringe han hecho muchas cosas que me han puesto los pelos de punta.