La crisis de la idea, discurso y proceso de la democracia se hace cada vez más evidente en los conflictos que surgen en los centros de actividad política que históricamente han concentrado el ejercicio de la función pública, eso que en algún momento tenía como objetivo servir a los ciudadanos para gestionar lo común, y que ahora, es una burocracia gigantesca y un semillero de corrupción institucional.

La centralización es una de las características más obvias del capitalismo y en la actualidad, la figura del “experto” es la unidad mínima de poder que los lobbystas, reguladores, consultores, banqueros, legisladores, secretarios, etc.. usan para separar a los ciudadanos de sus estructuras de gobierno y reducir las posibilidades de acción cívica.

The Atlantic publica un maravilloso ensayo de Eric Liu, titulado “La democracia es para amateurs: por qué necesitamos más ciudadanos ciudadanos”, en donde el escritor plantea la provocativa (y real) posibilidad de gobiernos que no estén en las manos de “expertos” o “profesionales”, sino de novatos en temas de poder.

¿Ciudadanos ciudadanos? La idea de Liu es transladar el concepto de periodismo ciudadano o los científicos ciudadanos a la ciudadanía de la cual depende la democracia. Ambas actividades han logrado hackear cívicamente las estructuras tradicionales del periodismo o la ciencia, los ciudadanos ciudadanos pueden hacer los mismo para que el resolver problemas, imaginar cambios e implementar planes relacionados con lo común, es decir, desprofesionalizar la labor diaria que requiere el proceso democrático.

Demosclerósis

Aunque el ensayo se enfoca en la situación actual de los Estados Unidos, la idea de hackear al gobierno — hackear como un acto creativo de adaptación a las circunstancias — es un propósito loable y necesario para todas las sociedades.

Una de las razones por las cuales es necesario es la demosclerósis:

Hay una literatura enorme acerca de los grupos de interés que han capturado nuestra política, con textos fundamentales de Mancur Olson, Jonathan Rauch y Francis Fukuyama. El mensaje de estos estudios es depresivamente simple: las instituciones democráticas tienden hacia lo que Rauch llama la demosclerosis — millones de pequeños órganos que obstruyen las arterias del gobierno y hacen imposible para el Estado moverse o adaptarse.

Los partidos políticos por ejemplo, son uno de esos organismos capaces de podrir las arterias de los estados. En el caso de México vemos como los partidos utilizan lo ciudadano como un simple adjetivo para promover a sus candidatos, siendo los casos más extremos los paraciudadanos Gabriel Quadri e Isabel Miranda, quienes se creen superiores por ”ser ciudadanos” que persiguen el poder -- aunque en realidad se dediquen a negar diferencias igual que cualquier político profesional.

Por otro lado vemos a “ciudadanos” promocionando la idea de ciudadanizar a los partidos, a ForoTv con sus programación ciudadana y a ONGs ciudadanas promoviendo leyes de geolocalización o la pena de muerte. Ciudadanos profesionales en las grandes ligas del poder o la ciudadanía como el nuevo absolutismo como lo llama mi amigo Omar.

La verdad es que los ciudadanos pueden involucrarse e influir en la vida pública sin necesidad de ser parte de la demosclerósis, como lo hemos visto una y otra vez en México y en el mundo. No es necesario unirse a las estructuras de poder para reinventarlas.

Para evitar la demosclerósis, Liu propone ejercitar el músculo ciudadano pensando en el futuro y no en la gratificación instantánea:

Observar el cambio social como un naturalista, y respondiéndo como lo haría un jardinero.

Significa aprender y enseñar un temario del poder — en todas las escuelas y en entornos para todas las edades — para poder practicar nuestro poder, incluso como amateurs.

La educación va más allá de iPads gratuitas, la educación es un proceso constante. Los expertos connotan a un individuo que ya aprendió todo acerca de algo y esto, simplemente es falso, es imposible: todo cambia constantemente, como un jardín.

Enfocarnos radicalmente con en lo local. El localismo ofrece autonomía a los ciudadanos para resolver problemas, el localismo conectado en red les permite diseminar y escalar sus soluciones.

Es por esto que los candidatos me arrebatan una carcajada cuando hablan de resolver los problemas de todo México, cuando no han sido capaces de resolver los problemas de su cuadra. Es por eso que el wikiurbanismo es más útil que cualquier promesa. Es por esto que aunque se conecte todo México a la red más rápida, sino hay comunidades empoderaradas y conectadas en los extremos del internet — como lo es la calle — no servirá de nada.

Pensemos en retos y no en órdenes. Una de las mejores formas para para explotar inteligencia colectiva es establecer metas y dejar que las soluciones emerjan -- ser grandes en el qué y pequeños en el cómo.

Es por esto que la unidad mínima para cualquier proceso democrático tiene que ser el ciudadano ciudadano, de ellos tienen que emanar las soluciones no de partidos, ni de candidatos que se dicen representar a todos los ciudadanos.

Crear plataformas en donde los ciudadanos puedan servir activamente.

No es necesario crear ONGs que funcionan como proxy de privatización de la función pública. Se necesitan organizaciones en las cuales los ciudadanos puedan colaborar directamente. No solo se necesitan sitios de datos abiertos de información gubernamental, se necesita que éstos sitios tengan APIs abiertos para que los ciudadanos que así lo deseen contribuyan, las modifiquen y las mejoren.

La democracia es un pay de manzana

El concepto de ciudadano ciudadano, es tan redundante como lo es hablar de actividad política ciudadana: ser ciudadano es una actividad política. Incluso la apatía es una posición política. No hay tal cosa como “apolítico”, simplemente existen ciudadanos activos o pasivos, pero todos somos ciudadanos.

La diferencia es que éste es un concepto que articula el deseo democrático en base a procesos no solo promesas (parafraseando a la Srita. Ocaña). Un compromiso que no menciona el proceso para cumplirlo, es irrelevante...aunque te lo firmen.

El periodismo ciudadano revela el proceso que el periodismo profesional ha olvidado. La ciencia ciudadana experimenta con los procesos que los científicos profesionales simplemente no visualizan por un exceso de recursos. El ciudadano ciudadano esta interesado en los procesos que implica el poder desde su unidad mínima qué es lo individual, para poder reconocer y experimentar con su poder de forma autónoma y colectiva: amateur.

Alguien por ahí dijo que para preparar un pay de manzana, hay que inventar el universo de cero. La democracia es un pay de manzana.

Imagen vía rasamali