¿Campaña genial o marketing rastrero? En esas se debate desde hace horas el público asistente a la SXSW de este año, la conferencia anual sobre tecnología en Austin. La campaña: convertir dentro del recinto «tecnológico» a 13 indigentes en puntos wifi equipados de tecnología 4G. Por una donación a través de PayPal, los asistentes podrán acceder a la red gracias a estos humanos convertidos en «puntos calientes».

Y aquí tenemos la polémica servida. Mientras unos se debaten en la poca vergüenza de la empresa de marketing BBHH por incluir en su campaña a estas personas indigentes convirtiéndolas en una especie de «hombres-anuncio», los hay como la propia compañía que abogan por un fin altruista en donde se conjuga tecnología y ayuda filantrópica… eso sí, con una polémica e impacto seguramente estudiado que ya ha conseguido su primer efecto, aparecer en infinidad de medios.

Como decía, la idea detrás de esta iniciativa partió de BBH Labs, una agencia de marketing internacional que ha equipado a 13 indigentes voluntarios de un albergue con los dispositivos. Cada indigente lleva una camiseta donde se pueden leer sus nombres junto a la frase: «Soy …, un punto de acceso 4G«.

Los individuos se encuentran en varios puntos de la conferencia, en aquellas zonas donde hay mayor densidad de personas. La idea era que en una conferencia así y suponiendo que cada asistente tenía al menos un smartphone o tablet, todos querrían tener la oportunidad de probar la tecnología que ofrecía BBHH aportando además una donación para estas personas.

Según BBHH la campaña se acercaría más a un «experimento de caridad». Cada indigente recibe de la compañía 20 dólares al día junto a las donaciones que reciban de los clientes.

Las primeras respuestas no han tardado en llegar. Unos tildan la campaña de «oscura sátira de ciencia-ficción distópica», otros rechazan directamente a los indigentes por ser tratados como torres móviles usando la explotación de personas como reclamo.

En cambio hay quienes creen que se trata de una idea que puede convertirse en algo normal a corto plazo. La necesidad de acceso a la red en muchos puntos de las ciudades puede ofrecer a una compañía la oportunidad de dar trabajo a indigentes como reclamo publicitario. Uno de los indigentes habló para el New York Times explicándole su punto de vista. Clarence Jones, de 54 años y sin hogar desde el huracán Katrina, explicaba que:

>Todo el mundo piensa que esto es algo malo. A mí me encanta hablar con la gente y es un trabajo. Un día de trabajo honesto y pagado.

La polémica está servida. No hay duda que ofrecer trabajo a cualquier persona en paro es una acción loable y más si esa persona se encuentra en situaciones tan extremas como la de los indigentes. De hecho, toda la vida ha existido el hombre-anuncio. La duda está en la forma. ¿Es ético aprovecharse de la situación de estas personas para explotar la caridad sobre los ciudadanos?

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