De acuerdo a un estudio realizado por Latitude una empresa australiana de investigación tecnológica los niños prefieren a los robots en los momentos educativos y de juego por sobre profesores o padres. Según el estudio los robots podrán disimular la separación entre jugar y aprender, entender las emociones de los jóvenes y adaptarse mejor a sus necesidades.

La investigación fue financiada por Lego Learning Institute, su departamento de estudios sobre creatividad, aprendizaje y desarrollo infantil sobre las premisas de enseñanza divertida. También participó Project Synthesis una consultora australiana sobre el cambio a partir de ideas inspiradoras para la comunidad.

El trabajo se realizó con una muestra de 348 niños en edades de 8 a 12 años, en escuelas de distintos lugares del mundo. Se les preguntó cómo imaginarían sus vidas si hubiera robots participando en casas y escuelas. Las sesiones con los chicos comenzaban con una serie de preguntas demográficas y sobre sus hábitos tecnológicos, posteriormente se les solicitaba que crearan una historia corta a partir de unos disparadores que los investigadores prepararon. Los resultados se obtuvieron mediante un análisis del relato y las imágenes, analizando las formas de los robots y prestando especial atención a la relación que tendrían con los humanos y las actividades que realizarían con ellos.

Para los niños los robots son más parecidos a los humanos que para los adultos, lejos de hacer super robots con rayos lasers, turbinas y otras tecnologías, casi dos tercios de los entrevistados se imagina a los robots en una forma humanoide. Estos robots no tendrían dificultades para comunicarse con ellos y su inteligencia no sería diferente a la de un adulto, no habría en ellos rasgos de una inteligencia programada. Para los chicos esto permitiría que los robots sean buenos amigos y compañeros, pero este amigo vendría cargado con amplios conocimientos en todas las materias. Asi es que para los chicos, la fuente de información pasaría a ser un par con el que pueden relacionarse y no una figura de autoridad (como los profesores).

Jugamos fútbol en el recreo con mis amigos. En clase [el robot] escribió por mi y me ayudó a pensar. [...] Cuando llegamos a casa me preparó la merienda y me ayudó con la tarea. Creaba libros para mi y jugaba conmigo. Guarda mis secretos, puedo contarle cualquier cosa y sabe aconsejarme.

En este mundo imaginado, los humanos se relacionan con los robots como si fueran personas, no los dejan en un papel secundario. Por este motivo muchos niños ponen a sus creaciones en un lugar aspiracional, son inteligentes, divertidos, buenos amigos y tratan/son tratados con respeto, de alguna forma vienen a reemplazar en el imaginario lo que en otra época era el profesor-amigo, alguien con quien podían divertirse y aprender sin perder el respeto. Estas respuestas no solo reflejan las atribuciones que le dan a los robots seguramente también sean evidencia de la ausencia de figuras paternas en los momentos formativos.

Estos amigos futuristas pueden fácilmente asumir un papel de profesor en la educación. Según la visión de los niños al estar en conocimiento de los sentimientos de los humanos, los robots pueden ver cuando un chico está sufriendo la angustia generada por no aprender algo, cuando esto ocurre, ellos podrán generar alternativas divertidas para que el conocimiento pueda ser absorbido en forma de juego. El robot podrá ayudar al niño con su tarea y eso no sería hacer trampa, porque seguramente le prepararía una forma de aprender en el proceso. No hay una metodología rígida como en las escuelas, los robots pueden hacer más eficiente el proceso de aprendizaje mientras potencia la creatividad.

Contrario a lo que podríamos haber imaginado antes de ver los resultados, cuando se revisó los motivos por los que los niños querrían tener un robot, las opiniones fueron parejas. La cantidad de niños que quieren un robot para jugar es prácticamente la misma que los que lo quieren para aprender.

De acuerdo a la investigación realizada por Latitude, la tecnología podrá llegar a los más chicos por tres aspectos fundamentales:

  • Ritmo de aprendizaje personalizado para cada alumno: Los chicos tienen la voluntad de aprender pero la brecha entre alumnos muchas veces genera pérdida de entusiasmo. Tecnológicamente se podrá generar clases a medida de cada alumno.
  • Creatividad para abordar ejercicios aburridos: Los niños reconocen cuales son los ejercicios que no los llevan a pensar mejor (ejercicios caligráficos o de memorización) y tienden a bloquearlos o hacer desganados, con un enfoque divertido se podrá evitar que pase esto.
  • La tecnología tiene infinita paciencia: Según los más chicos, los humanos tienen personalidad y en ello hay cansancio, paciencia limitada y malestar. No siempre están de buen humor, pueden escucharlos o están atentos a lo que les pasa. La tecnología en cambio es incansable y no le da miedo a esta generación, un programa siempre estará dispuesto de la mejor manera para entender sus sentimientos y necesidades.

Los niños reconocen en los robots una esencia humana, los atributos a los que ellos le adjudican valor son caracteristicas de personalidad como paciente, divertido, inteligente, etc. Pero cruzándolos con funcionamiento de tecnológico, potenciando los rasgos por las posibilidades de la máquina la paciencia infinita por ejemplo. Asi es que sus creaciones corren con ventaja a la hora de competir por el papel de compañero ganándole a sus amigos, padres o profesores. Los chicos se pueden mostrar tal cual son frente a una maquina aunque sea inteligente, sin el miedo a retos, a cansarlos o a ser juzgados.

El estudio parece esencialmente una investigación divertida, sin embargo sirve para entender la forma en que los niños se relacionan con la tecnología. Permite analizar la manera en que ha cambiado el proceso educativo volviendo a pensar el lugar que le daremos a los robots, aplicaciones para tablets u ordenadores en general.

Fotos: Latitude, GiselaGiardino