Aunque en base a todas las observaciones realizadas desde la Tierra se pensaba que el gran asteroide Vesta tenía que ser completamente seco, ahora un nuevo estudio -basado en datos de varios telescopios espaciales- sobre las temperaturas medias globales y de iluminación solar indica que el objeto cuenta con las condiciones necesarias para albergar hielo de agua en determinadas zonas.

Hasta hoy la conclusión de que Vesta -el segundo cuerpo más masivo del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter- no podía tener agua era lógica ya que todo indicaba que simplemente no la podía retener.

Vesta está inclinado aproximadamente 27 grados sobre su eje y por consiguiente todas sus partes reciben iluminación del Sol en algún momento. Y todas son todas, ya que tampoco posee ningún cráter lo suficientemente profundo como para evitar los rayos solares y poder así conservar agua en el fondo.

Pero el nuevo estudio ha tirado parcialmente lo dicho por el suelo ya que las últimas mediciones indican que Vesta si que cuenta con dos zonas donde se cumplen las condiciones necesarias para albergar agua en estado sólido. ¿Dónde? En sus polos.

Según los comentados modelos de temperaturas medias globales y de iluminación por el Sol -los primeros que se realizan del asteroide- Vesta mantiene una temperatura media anual cerca de los polos de menos de 145 grados kelvin, la temperatura crítica inferior en la que se cree el hilo de agua puede aguantar bajo el suelo a profundidad no muy excesiva. Eso sí, aún con todo los autores del trabajo son cautos. En palabras de Timothy Stubbs, uno de ellos:

En promedio, hace más frío en los polos de Vesta que cerca de su ecuador, por lo que en ese sentido, son buenos lugares para mantener el hielo de agua. Pero también ven la luz del sol durante largos periodos de tiempo durante las temporadas de verano, lo que no es bueno para el sostenimiento de hielo. Así que si existe hielo de agua en esas regiones, puede estar enterrada bajo una capa relativamente profunda de regolito seco.

Lo que sí está claro es que la percepción de la comunidad científica sobre Vesta ha cambiado completamente. El interés por la roca se ha reavivado, y cuanto más datos obtengamos de ella, mejor conoceremos su historia y como consecuencia podremos comprender mejor el sistema solar en su conjunto ya que sus procesos de formación y evolución son comunes a muchos otros cuerpos.