Éramos chicos y aquellos autos del Pole Position, con pixels del tamaño de un puño, nos parecían maravillosos. En aquella época, nuestra pasión por los videojuegos, y por las Spectrum, Commodore, Sinclair y MSX tenían su correlato en el papel. La mayoría de los fanáticos por los 8 bits de nuestra generación coleccionó algunas de las tantas revistas que salieron en aquella época. La K64 en Argentina o la Micromanía en España, por ejemplo, fueron títulos que colmaron horas de nuestra infancia (¡neeerds!) con páginas sobre cómo pasar todos los niveles del último cartucho de Indiana Jones, o cómo programar en Basic un sprite de una nave espacial que llevaba un cartel que decía "Soy una nave espacial". (¿Cuál de este tipo de revistas coleccionaban ustedes en sus países?)

Incluso antes de todo esto, en 1983, a Marvel se le ocurrió generar una publicación que tuviera a los videogames como protagonistas. Por aquel entonces, la historieta vivía una verdadera decadencia, ya que los jóvenes norteamericanos estaban enchufados a las máquinas recreativas de Atari o a MTV, y el comic tradicional dejó de tener el lugar preponderante que sostuvo durante décadas. Spiderman le dajaba su lugar a Michael Jackson, en las preferencias del joven promedio.

Si la montaña no va a Mahoma... Así fue como Stan Lee y su gente decidieron lanzar un título, llamado Blip, que pudiera atrapar a aquel adolescente que tenía nuevas inquietudes (que eran, para desgracia de su negocio, casi todos).

El problema fue que la revista les salió un tanto ñoña, si no miren las tapas, en la galería al final del post. Igual, nos dejó algunas curiosidades que, pasadas por el tamiz de la nostalgia, ha vuelto adorables.

Siete veces siete

Durante sólo siete números, Blip intentó fusionar los personajes de Marvel, con los protagonistas de las tiras y películas del momento. Por ejemplo Mat Laborteaux, estrella de "La Casa de la Pradera" (o "La Familia Ingalls") posaba frente a una especia de Space Invaders (¿no les da la sensación de que Mat tiene menos videojuegos encima que la Cosmopolitan? Claro, en la su serie televisiva lo más tecnológico que alguna vez agarró fue una vela). Pero como bien comentó un lector, por aquella época Laborteaux protagonizaba una serie sobre computadoras, Whiz Kids mala copia de "Juegos de Guerra", dicen, aunque yo nunca la vi.

Las "notas periodísticas" sobre la temática eran el fuerte de la revista más bizarra de Marvel: el tipo de bigotes que eran recordman jugando al Donkey Kong; manuales de instrucciones para usar el ¡Missile Command de Atari! ("la tercera guerra mundial en tu pantalla", decían; cuánta imaginación había que tener); y de vez en cuando alguna historieta (¿qué pasó Marvel?). El protagonista de una de las pocas: Mario Bros.

Y por supuesto, la magia de los anuncios de la época (al puro dibujo) y más, y más cruces entre personajes. Si no miren esta tapa, realmente antológica, una verdadera pintura de la época:

¿Tootsie, Tron y Tiburón en la misma portada? Genial.

Volver al futuro

Lejos de avergonzarse por esta publicación, hoy Marvel ve la marca Blip con buenos ojos para el futuro. Según Newsarama, el 14 de junio de este año, la casa que creó a Hulk y X-Men presentó en la Oficina de Patentes de los Estados Unidos un pedido de registo por algo llamado justamente "Blip" -y también "Blip.com"-. Lo presentaron entonces como un futuro portal de internet que incluiría redes sociales, aplicaciones, juegos de computadora y links hacia otros puntos de interés.

No hubo más noticias. Pero se sabe que Marvel hace tiempo que quiere formalizar una red social propia. Cuenta con más de 2,4 millones de "Me gusta" en Facebook y 150.000 seguidores en Twitter, y una buena comunidad de usuarios que bien podrían alimentar un posible proyecto relacionado a "comunidad comiquera".

Pero más allá de lo que pueda pasar con "Blip" en el futuro, aquella revista no deja de ser un buen recuerdo, un buen muestrario de toda una época. Se consiguen en Estados Unidos algunos números de esta corta serie, y no a precio exhorbitante. En sitios como ebay o en las comiquerías grandes, suele costar cada noble ejemplar de Blip, con sus casi 30 años de antigüedad, menos de 10 dólares.

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