Hoy en día es bastante habitual encontrar dispositivos con interfaces táctiles (smartphones, tabletas, navegadores GPS para el coche, etc) y dispositivos cuya entrada se basa en nuestros gestos y movimientos (como Kinect y los hacks que han surgido alrededor de este dispositivo). En definitiva, nos hemos acostumbrado a manejar con nuestras manos (y en ausencia de teclados o mandos con pulsadores) teléfonos y juegos, así que pensando en evolucionar un poco más el concepto, la Universidad Metropolitana de Tokio ha decidido explorar las posibilidades de interfaces basadas en el efecto Peltier y crear sistemas que presenten una respuesta en forma de cambios de temperatura de una superficie, un interfaz termal.

¿Interfaz termal? Suena bastante raro pero la idea es aprovechar el efecto Peltier, es decir, una propiedad termoeléctrica descrita en 1834 por Jean Peltier y en el que se hace referencia a la creación de una diferencia de temperatura provocada por una diferencia de potencial eléctrico. Cuando una corriente eléctrica circula por dos metales o por dos semiconductores conectados por una junta, la corriente propicia una transferencia de calor de un metal a otro y, por tanto, mientras uno se calienta el otro se enfría gracias a que los electrones fluyen de una región de alta densidad a una de baja densidad, en la que se expanden y hacen que se enfríe la región.

Gracias a estos elementos basados en el efecto Peltier, en los que son fríos por una cara y calientes por la otra, el dispositivo es capaz de cambiar su temperatura en base a un control eléctrico, haciendo que el usuario experimente los cambios de temperatura en base a la interacción que se tenga con el sistema y, que por tanto, actúa como entrada de éste.

Los colores son un indicativo de la temperatura del interfaz y, por ejemplo, en el demostrador del Thermochair, el asiento se encuentra a una temperatura acorde al color que muestran las luces que tiene incorporadas (frío en caso de estar fría o un color cálido si la temperatura es caliente). Otro buen ejemplo es el del **Thermodraw*, una tableta digitalizadora conectada a una pantalla realizada con un dispositivo Peltier en la que la temperatura de ésta es acorde a los colores que muestra, presentando zonas gélidas ante colores oscuros y zonas calientes con colores cálidos.

¿Y para qué pueden servir estos interfaces sensibles a la temperatura? Podría dar lugar a un nuevo tipo de interacción con sistemas puesto que además de controlar las imágenes o la interacción, podríamos sumar las condiciones ambientales dentro de la experiencia del usuario y crear un ambiente mucho más realista. Imaginemos que estamos jugando a un juego en el que el protagonista atraviesa una zona boscosa y sentimos frío en el asiento o algo de calor al atravesar un desierto, las posibilidades serían muy interesantes.